El acróbata y su pareja, (1948)
Tres acentos y dos intervalos articulan la muestra. A la entrada enfática con el Ballet mecánico sigue un entreacto ocupado por bodegones de la década de 1920 y algún paisaje. Vuelve a cargarse de fuerza tonal el siguiente episodio, que hace referencia a diversos trabajos y colaboraciones de Léger para la Exposición Internacional de París de 1937. Se sigue de un paréntesis para ampliar el despliegue a otros caminos de experimentación colaborativa con, por ejemplo, la serie fotográfica Objetos con reacción poética de 1931, o su participación como correalizador de la película de 1947 Sueños que el dinero puede comprar. Y consuma un acento final con un fabuloso conjunto de obras de la segunda postguerra. Cuida además a cada paso resaltar la versatilidad técnica de un artista pintor, que es también cineasta, fotógrafo, fotomuralista, estampador y autor de diseños. Incluso el escritor se hace presente, pues una historiadora con el talento de Rocío Robles Tardío se ha encargado de seleccionar algunos textos de Léger para el catálogo y firma un estupendo ensayo sobre su faceta de teórico del arte.La era de la máquina encontró en Léger a un maravilloso artista; y entre sus invenciones esa mecanización visual de las piernas
El tipógrafo, 1919
El homenaje a Léger está cumplido, desde luego. Si se ha hecho con cierto efecto de barrido y dispersión, luce también la ventaja de hacer emerger múltiples lecturas. Quedémonos con la que nos guía por una senda trazada en forma de cabriola. El artista homenajeado, quien, como dije, homenajea a la danza en la primera sala, vuelve a cimbrear un espacio bailable con sus figuras en la sala pletórica que cierra la exposición. Ante El acróbata y su pareja, óleo de 1948, somos testigos de una formidable cabriola que, con un disco de colores como fondo, completa su protagonista. Anuda el acróbata su cuerpo a una forma aérea, sonora como una letra, elástica como una equis. La danza aprehende aquí un más difícil todavía que nos deja atónitos. El artista experimentado y pintor comunista hace homenajes a la danza en cuantos temas circenses frecuenta, que son muchos. Ahí están los del álbum de litografías Cirque, impreso en 1955. Funambulistas, acróbatas, equilibristas, domadores, incluso el público, danzan en él. Y a artistas de circo se parecen los obreros representados en el Estudio para ‘Los constructores', el estupendo cuadro exhibido en Valencia que prepara el famosísimo de 1950. Los obreros, encaramados en vigas enganchadas a un puntal, emulan con su sentido del equilibrio y de la solidaridad a artistas de circo. Se acomoda su obra a un paso de danza que los hermana con la bohemia y predispone a su libertad.