F. D. Quijano
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Visiblemente aplastada, pero con una "integridad casi total", según los expertos del Louvre. Así es como luce la corona de la emperatriz Eugenia de Francia que se les cayó a los ladrones el pasado 19 de octubre durante su espectacular robo en el que sí lograron llevarse otras ocho joyas importantes de la corona francesa.

El museo parisino anunció este miércoles que la corona ha conservado prácticamente todos sus elementos, lo que abre la puerta a una restauración completa sin necesidad de recreaciones ni sustituciones. Ayer compartió además las primeras fotos del aspecto de la corona tras el incidente.

Conservada inicialmente por la policía judicial como prueba dentro de la investigación, la corona fue devuelta el día siguiente del robo al departamento de Objetos de Arte del Louvre, donde se llevó a cabo un primer informe de su estado por parte del director del departamento, Olivier Gabet, y su adjunta, Anne Dion, responsable de esta parte de las colecciones.

El diagnóstico inicial reveló que la montura, de estructura flexible y peso ligero, se deformó en un primer momento por la fuerza ejercida al ser extraída de la vitrina a través de una abertura relativamente estrecha practicada con una radial.

Esa tensión provocó que varios arcos de la corona se desprendieran. Uno de ellos cayó al suelo en la galería y después un impacto violento habría causado el aplastamiento general de la pieza.

La corona de la emperatriz Eugenia, deformada tras el robo en el Museo del Louvre el 19 de octubre de 2025. Foto: Museo del Louvre/Thomas Clot

La corona presentaba originalmente ocho palmetas (elementos decorativos con forma de hoja de palma) de diamantes y esmeraldas alternadas con ocho águilas de oro.

Hoy solo falta una de esas águilas, según explica el museo, aunque no precisa si su pérdida se debe al robo o ya faltaba antes.

Todas las palmetas están presentes, aunque cuatro se han desprendido de la montura y algunas están deformadas. El globo de diamantes y esmeraldas que corona la pieza se mantiene intacto y firmemente unido a la armadura, sin pérdidas.

Compuesta en origen por 56 esmeraldas, la corona conserva todavía todas ellas. De los 1.354 diamantes que la adornan, únicamente falta “una decena” de ejemplares muy pequeños en el contorno de la base. Otros nueve se han desprendido, pero han sido recuperados.

Comité de restauración

Como ocurre con toda obra perteneciente a las colecciones nacionales francesas, la restauración será confiada a un restaurador o restauradora acreditado, seleccionado mediante concurso público conforme al Código del Patrimonio, la ley de museos y la normativa de contratación pública. Sobre esa base, se redactarán informes de estado más detallados y técnicos, que guiarán las intervenciones sobre la pieza.

Aspecto de la corona de la emperatriz Eugenia antes del robo del 19 de octubre de 2025. Foto: RMN-Grand Palais. Museo del Louvre. S. Maréchalle.

El carácter simbólico y a la vez inédito de esta restauración, unido a la especificidad extraordinaria del objeto, ha llevado al Louvre a acompañar la misión del restaurador con la creación de un comité consultivo de expertos, encargado de asesorar libremente en las decisiones y la metodología de restauración.

Presidido por Laurence des Cars, presidenta-directora del museo, el comité estará formado por seis figuras: Anne Dion, adjunta al director del departamento de Objetos de Arte; la historiadora de la joyería Michèle Heuzé; Anaïs Alchus, conservadora de artes decorativas del Segundo Imperio en el Museo de Orsay; el mineralogista François Farges, profesor en el Museo Nacional de Historia Natural; Emmanuel Plé, responsable del taller de metales históricos y artes decorativas del C2RMF; y el propio Olivier Gabet.

A estas seis personalidades se sumarán representantes de cinco casas históricas de la alta joyería francesa —Mellerio, Chaumet, Cartier, Boucheron y Van Cleef & Arpels—, convocados en particular entre sus jefes de taller y artesanos, cuya tradición se entrelaza desde hace siglos con la de los diamantes de la Corona.

La emperatriz española de Francia

La corona perteneció a Eugenia de Montijo, aristócrata española que se convirtió en emperatriz de Francia al casarse con Napoleón III.

Nacida como María Eugenia de Palafox-Portocarrero y Kirkpatrick, nació en Granada en 1826. Era hija de Cipriano de Palafox y Portocarrero, conde de Teba y más tarde conde de Montijo, y de María Manuela Kirkpatrick, una aristócrata de origen escocés asentada en España.

Eugenia de Montijo, emperatriz consorte de Francia, en 1856. Foto: Gustave Le Gray.

La corona fue encargada por Napoleón III al joyero oficial de la corte, Alexandre-Gabriel Lemonnier, con vistas a la Exposición Universal de 1855. El encargo incluía dos coronas, una para el emperador y otra para la emperatriz, y movilizó a varios colaboradores: el escultor Gilbert (1816-1891) habría modelado las águilas de largas alas que forman los arcos de la corona, alternando con palmetas de diamantes, mientras que el joyero Pierre Maheu (1807-1866) fue contratado como jefe de taller. El inspector de los Diamantes de la Corona, Devin, supervisó la elección y disposición de las piedras.

Tras la caída del Imperio, en 1875 se permitió a Eugenia conservar la corona, cosa que no ocurrió con la del emperador, que fue desguazada para fundir la montura y vender sus diamantes por orden de la Tercera República.

La emperatriz Eugenia legó su corona en 1920 a la princesa Marie Clothilde Napoléon, condesa de Witt, y fue adquirida finalmente por el Museo del Louvre en 1988.

Aunque nunca se utilizó para un rito de coronación y es posible que ni siquiera fuera llevada por la emperatriz —que jamás fue coronada—, la corona de Eugenia constituye hoy, junto con la de Luis XV y la llamada corona de Carlomagno realizada en 1804 para la consagración de Napoleón I, una de las escasísimas coronas soberanas conservadas en Francia.