La casualidad ha querido que esta conversación con Concha Jerez tenga lugar el mismo día en el que el Museo Reina Sofía tenía previsto inaugurar su exposición. Hemos cambiado el recorrido por el antiguo hospital –al paso enérgico que marca siempre la artista– por una llamada de teléfono de casa a casa. La muestra, como todas, ha sido pospuesta hasta que el Covid-19 lo permita y será la primera de nueva planta que celebre este museo, con suerte en verano. Entretanto, ella mantiene la velocidad crucero en su estudio, ultimando las nuevas intervenciones y los archivos que mostrará.

El tiempo, la memoria y los medios de comunicación han sido motivos recurrentes en su trabajo. Concha Jerez (Las Palmas de Gran Canaria, 1941) lleva décadas trabajando con textos de periódicos que tacha, interferencias de la televisión y sonidos. De las piezas más matéricas y construcciones minimalistas de sus inicios se conoce menos, pues ya a mediados de los setenta se dedicó por entero a la investigación en el espacio con sus instalaciones, y en los ochenta a los experimentos con el sonido, acompañada de José Iges.

Entre sus abundantes referencias los artistas John Cage y Juan Hidalgo ocupan un lugar destacado. Hidalgo fue quien le abrió los ojos a otra manera de hacer música. “Yo había estudiado la carrera de piano y tenía a Bach en la médula. Hidalgo me descubrió a Cage y la manera de trabajar con la música el concepto del tiempo. Que la música no era sólo algo sonoro, sino también silencio”.

"Mi obra surge del diálogo entre el espacio que ocupa y las ideas que me interesa instalar. Cada lugar tiene su propia historia"

Interferencias en los medios, su última exposición en el MUSAC de León y el CAAM de Las Palmas, estaba dedicada al análisis crítico de los medios de comunicación. En estos días es fácil recordar la performance No hables con la boca llena, con la que abría la primera de ellas en 2014. Masticaba con descuido alimentos frente al micrófono mientras contaba, con José Iges, noticias de diversa índole. Parodiaban así algo tan cotidiano como es comer frente a la televisión viendo el telediario y conseguían que nos cuestionáramos cómo era posible que no se nos cortara la digestión ante tanta atrocidad.

Pregunta. Nunca imaginamos noticias como las de las últimas semanas, ¿le están dejando trabajar?

Respuesta. He seguido dedicándome a los proyectos que ya tenía sobre la mesa pero esta nueva situación me preocupa profundamente. Es un tsunami que va a suponer un cambio de era y una reflexión sobre nuestra forma de organizarla sociedad, desdela educación –que si es telemática deja a muchas familias sin recursos fuera–, hasta el papel de la cultura. Los creadores necesitan ayudas ya.

P. ¿Le ha inspirado todo esto nuevos proyectos?

R. No, soy incapaz de trabajar ahora sobre los medios de comunicación, a pesar de haberlo hecho tanto en el pasado. No puedo aceptar el miedo que están provocando en la población. Deberían repensar de qué manera enfocan las noticias. Se han dedicado a vigilar a los niños cuando salían a la calle y a promover una sensación de inseguridad que hace que los ciudadanos acepten la reducción de sus libertades democráticas. El gran fantasma que tenemos en España es vigilarnos unos a otros.

Una conceptual atípica

Concha Jerez bromea presentándose como una “conceptual atípica” porque no trabaja sólo con el lenguaje, sino que introduce también elementos de lo más variopintos. Periódicos y textos tachados, una mesa de camping, vasos (muchos vasos, “representan muy bien una manera de comunicación social entre los españoles”), sonidos, paellas, sartenes... Es una maestra en el uso de palabras ambiguas –“algo”, “quizá”, “casi”, “cualquiera”– que activan nuestra imaginación a varias revoluciones por minuto. “No estoy segura de que una imagen valga más que mil palabras, hoy consumimos tantas que apenas reflexionamos sobre ellas. El lenguaje, sin embargo, sí incita a la imaginación”.

P. Las palabras saltan de sus instalaciones a las performances, de las acciones a las piezas de sonoras. ¿Qué le hace decantarse por un lenguaje concreto?

R. El eje central de mi obra es el espacio en el que se desarrolla. Es un diálogo que surge entre el análisis del lugar que voy a ocupar y las ideas que me interesa instalar. Los espacios cambian mucho, aquí la globalización no existe, cada uno tiene su propia historia. En los noventa, por ejemplo, participé en una exposición sobre mujeres artistas del siglo XX en el museo alemán de Wiesbaden. Cubrí la fachada con una intervención que recordaba el origen del museo –una idea de Goethe, según me contaron– y también que la ciudad, a pesar de estar tan cerca de Frankfurt, no había sido bombardeada durante la guerra debido a intereses americanos. Y el año pasado hice unas intervenciones en el Palacio Ducal de Mantua en las que hablaba sobre los propios posos del pasado que quedan en los objetos de sus casi 1.700 habitaciones pero también sobre los conceptos de tiempo pasado, presente y futuro.

'Mesa de conflictos móviles', 1994-2018

P. ¿Quiere esto decir que para trabajar necesita un lugar?

R. No necesariamente, a veces instalo mis ideas en un objeto. Mesa de conflictos móviles (1994),una pieza que se verá en el Reina Sofía, fue fruto de un encuentro casual con una mesa de camping. Me pareció un objeto extraordinario como paradigma de lo que estaba pasando en el mundo. Se abre y se pliega a gusto del consumidor, igual que hay guerras que desaparecen de los medios aunque los conflictos continúen. En esta mesa, además, te tragas el alimento mediático de la televisión.

P. ¿Qué busca provocar con todos estos elementos?

R. El arte es una forma de conocimiento. Me conformo con que la obra haga pensar, con que provoque cualquier tipo de movimiento cerebral en el espectador. Perplejidad. A veces lo consigo empleando materiales de nuestra vida cotidiana de otra manera. Después, si gusta o no, eso ya depende de cada uno.

Mirar con curiosidad

P. ¿Y no le preocupa que a algunos públicos su obra les resulte difícil?

R. No puedo hacer nada si no ponen de su parte para entenderla. Puedo, quizá, dar pautas como docente, no como artista, para hacerles caer en la cuenta de algunos procedimientos para mirar. Uno de mis maestros es John Berger, que aconsejaba que nos planteáramos preguntas. Yo lo he ejercitado con niños y profesores en talleres, y funciona. Es muy importante que se trabaje este plano pedagógico en los museos y en la enseñanza. Que se fomente la creatividad. Me dan mucha envidia países como Italia en los que existe un verdadero amor y respeto por el arte. Hay tantas bellezas diferentes en la creación artística que olvidarlo es una gran pérdida para la sociedad.

Entre 1975 y 1986 Concha Jerez decidió apartarse voluntariamente del mercado, en un momento en el que empezaba a trabajar con la instalación. “Nunca he dependido de la venta de mis obras –recuerda, tras varias décadas dedicadas a la docencia– pero, mientras mis coetáneos entraban en museos y colecciones privadas, esta decisión me dejó fuera. Las galerías ejercen una función muy importante, se la juegan mostrando el trabajo de los artistas. A mí me ayudaron mucho José María Moreno Galván, gran defensor de Grupo El Paso, y Juana Mordó. No trabajé nunca con ella pero me compraba obra y me daba su opinión en el estudio”.

"Como decía Azaña, España es el país de la desmemoria y mientras no la recuperemos seguiremos cometiendo los mismos errores"

P. Premio Nacional de Artes Plásticas en 2015 y Premio Velázquez en 2017, parece que se recuperó de ese paréntesis...

R. ¡Y antes recibí la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes! Últimamente se está recuperando la obra de artistas de los setenta, de una generación muy sólida. Eugenia Balcells, Àngels Ribé, Fina Miralles, Muntadas, Francesc Torres, Pere Noguera, Isidoro Valcárcel Medina, Nacho Criado y muchos más de los que participaron en la exposición Fuera de formato de 1983.

La guinda a esta trayectoria será Que nos roban la Memoria, la exposición que prepara para el Museo Reina Sofía. Recorre 45 años de su trabajo centrándose en la noción de memoria. En la Sala de Protocolo presentará su archivo personal, en el que ha recogido minuciosamente todos sus trabajos y lo que les ha rodeado. También Expanded Radio y Archivo Media-Mutaciones, de los proyectos que ha desarrollado con José Iges. Descubriremos a la Concha Jerez dibujante. La artista ha hecho siempre bocetos para especificar los detalles de producción de sus piezas. “Al principio dibujaba sobre papel blanco pero a finales de los ochenta empecé a utilizar fotografías y fotocopias ampliadas porque me di cuenta de que mis interlocutores se fijaban más en el aspecto artístico que en lo que quería ilustrar con ellos”.

Además de la muestra retrospectiva, Concha Jerez prepara varias intervenciones específicas en las escaleras, ventanas y en la Sala de Bóvedas. Vídeos, audios, acciones y objetos con los que volverá sobre el tema de la autocensura. También recordará –adelanta– historias de mujeres silenciadas, testimonios de los protagonistas de la represión franquista y poemas leídos por sus autores, en un viaje sonoro guiado por las voces de Benedetti, León Felipe o Gabriela Mistral.

P. ¿Es necesario recordar en nuestra sociedad?

R. Absolutamente. Como decía Azaña, España es el país de la desmemoria y mientras no la recuperemos seguiremos cometiendo los mismos errores. Para avanzar tenemos que construir sobre la memoria y vivir el presente pensando, a la vez, en el futuro que queremos alcanzar.

P. ¿Y hacia dónde se proyecta usted después de esto?

R. Me gustaría hacer exposiciones monográficas de proyectos. He sido bastante exhaustiva documentándolos y ya me toca, dada mi avanzada edad –comenta entre risas–, ir organizándolos. Me han insistido en dedicar alguna de ellas a esa época preconceptual. No lo tengo claro, es posible, pero siempre que se tome como un trabajo previo.

@LuisaEspino4