Dora Maar, 1930
Son 25 objetos, procedentes de tres colecciones privadas españolas y europeas, los que la institución ha conseguido reunir para la muestra sobre este artista onírico. Mediante la unión aleatoria de dos objetos cotidianos desposee a cada uno de ellos de su uso original y los convierte en arte. El conjunto puede entenderse como un "autorretrato del artista", sostiene Pilar Parcerisas, comisaria de la muestra. Aunque nadie mejor que el propio artista para definirlo: "Pinto lo que no puede ser fotografiado. Fotografío lo que no quiero pintar. Pinto lo invisible. Fotografío lo visible".
Vista de la exposición con la foto Emak Bakia, de Man Ray
En estas fechas el paradigma ha cambiado y en esta exposición se rastrean los temas que más obsesionaron a Man Ray. Si en la primera sección se muestran los autorretratos y los retratos de sus amigos, de la aristocracia y de la bohemia artística, en la segunda se reúnen algunos de esos "objetos encontrados". Un pan pintado de azul sobre una balanza, una plancha con púas de hierro que la convierte en inutilizable, un tubo con bolas de acero a la que titula Nueva York, "imagen de la cultura estadounidense donde se construye constantemente", o una espiral de papel que convierte en lámpara son algunos de los ejemplos. A su lado, las fotografías de estas esculturas y otra sección en la que se muestran sus rayogramas o instantáneas tomadas directamente sobre el papel fotosensible.
Cadeau y, a la derecha, Lampshade
En la segunda sala de la Fundación Canal se muestra una de sus grandes obsesiones, la mujer como objeto de deseo. Aquí podemos ver a "Lee Miller, su asistente y amante, en una fotografía en la que su cuello se convierte en un objeto fálico", admite la comisaria. Algunos de los desnudos de esta sala están fragmentados y solarizados, "fruto de la experimentación constante del artista". También aparecen Dora Maar, con quien también mantuvo una relación, Meret Oppenheim o Ady, una joven bailarina mulata a la que retrata en movimiento y manos, una de las constantes del surrealismo. En esta sala no se captura "una belleza clásica sino una manera física y artística de verla", apunta la comisaria. Estas instantáneas contrastan con el estatismo de las imágenes tomadas en la exposición de la Galerie des Beaux-Arts de 1938 en la que 16 artistas "vistieron 16 maniquíes". Duchamp tan solo le puso una chaqueta, Dalí lo atavió a su manera surrealista y Man Ray dejó el suyo desnudo y con dos pipas en el cabello.Las imágenes que él mismo tomó son las que ahora se muestran en la sala abovedada de la fundación, justo antes de clausurar el recorrido con una sección dedicada al ajedrez, ese deporte que unió a Ray con Duchamp y que tanto caracterizó a los surrealistas.
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