Dora Maar, 1930

Man Ray se lanzó a la fotografía porque no le gustaba la manera en la que se capturaba su obra. Retrató a Tristan Tzara, a Gertrude Stein frente a la obra que le pintó Picasso y también a este, a Jean Cocteau o a Marcel Proust en el lecho de muerte. También se dedicó unos cuantos autorretratos en los que no parece posar, se captura encendiendo un cigarro, posando con una obra o se convierte a sí mismo en un bodegón. Su sensibilidad y su manera de entender esta disciplina, más allá de su utilidad documentalista, le llevaron a ser el fotógrafo predilecto del grupo de artistas surrealistas. También dejó constancia de sus objetos encontrados, los cuales son el núcleo de la exposición Objetos de ensueño que le dedica la Fundación Canal hasta el próximo 21 de abril.



Son 25 objetos, procedentes de tres colecciones privadas españolas y europeas, los que la institución ha conseguido reunir para la muestra sobre este artista onírico. Mediante la unión aleatoria de dos objetos cotidianos desposee a cada uno de ellos de su uso original y los convierte en arte. El conjunto puede entenderse como un "autorretrato del artista", sostiene Pilar Parcerisas, comisaria de la muestra. Aunque nadie mejor que el propio artista para definirlo: "Pinto lo que no puede ser fotografiado. Fotografío lo que no quiero pintar. Pinto lo invisible. Fotografío lo visible".



Vista de la exposición con la foto Emak Bakia, de Man Ray

Una de las primeras cosas que Man Ray hizo fue "alejarse del pictorialismo para convertir la fotografía en obra de arte". En el contexto de principios del siglo XX, cuando "la máquina es la protagonista, Duchamp y Man Ray plantean una pregunta muy diferente". El primero elabora los ready-made y opina "que son arte porque el artista así lo dice". El segundo, defiende que si junta diferentes objetos que tiene en el laboratorio "obtiene una sola obra y le confiere un nuevo significado".



En estas fechas el paradigma ha cambiado y en esta exposición se rastrean los temas que más obsesionaron a Man Ray. Si en la primera sección se muestran los autorretratos y los retratos de sus amigos, de la aristocracia y de la bohemia artística, en la segunda se reúnen algunos de esos "objetos encontrados". Un pan pintado de azul sobre una balanza, una plancha con púas de hierro que la convierte en inutilizable, un tubo con bolas de acero a la que titula Nueva York, "imagen de la cultura estadounidense donde se construye constantemente", o una espiral de papel que convierte en lámpara son algunos de los ejemplos. A su lado, las fotografías de estas esculturas y otra sección en la que se muestran sus rayogramas o instantáneas tomadas directamente sobre el papel fotosensible.



Cadeau y, a la derecha, Lampshade

En la segunda sala de la Fundación Canal se muestra una de sus grandes obsesiones, la mujer como objeto de deseo. Aquí podemos ver a "Lee Miller, su asistente y amante, en una fotografía en la que su cuello se convierte en un objeto fálico", admite la comisaria. Algunos de los desnudos de esta sala están fragmentados y solarizados, "fruto de la experimentación constante del artista". También aparecen Dora Maar, con quien también mantuvo una relación, Meret Oppenheim o Ady, una joven bailarina mulata a la que retrata en movimiento y manos, una de las constantes del surrealismo. En esta sala no se captura "una belleza clásica sino una manera física y artística de verla", apunta la comisaria. Estas instantáneas contrastan con el estatismo de las imágenes tomadas en la exposición de la Galerie des Beaux-Arts de 1938 en la que 16 artistas "vistieron 16 maniquíes". Duchamp tan solo le puso una chaqueta, Dalí lo atavió a su manera surrealista y Man Ray dejó el suyo desnudo y con dos pipas en el cabello.



Las imágenes que él mismo tomó son las que ahora se muestran en la sala abovedada de la fundación, justo antes de clausurar el recorrido con una sección dedicada al ajedrez, ese deporte que unió a Ray con Duchamp y que tanto caracterizó a los surrealistas.



@scamarzana