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La escena en la pista 2 de Wimbledon resume una de las esencias más particulares del torneo londinense: cuando cae el sol, se detiene el tenis. No importa el momento competitivo ni la inercia del partido. Cuando la luz natural deja de ser suficiente, el juego se suspende.

En el All England Lawn Tennis Club, esta norma sigue marcando diferencias. Solo la Centre Court y la pista 1 cuentan con iluminación artificial; en las otras 17, el desarrollo de los encuentros depende exclusivamente del cielo londinense.

Así, el duelo entre el Rafa Jódar y Pablo Carreño se vio abruptamente interrumpido cuando la visibilidad comenzó a comprometer el desarrollo normal del juego.

La decisión no admite interpretaciones: cualquier partido suspendido por falta de luz se reanuda al día siguiente, en el mismo escenario y dentro del segundo turno de la jornada.

El parón, sin embargo, no impacta por igual en los jugadores. Rafa Jódar, quien está debutando en el cuadro principal a sus 19 años, en el tercer punto del partido ya estaba por los suelos. Un resbalón.

No fue el último. En el tercer juego, tras otro susto, el madrileño, nº 26 mundial, decidió cambiar de zapatillas. En el cuarto set, de nuevo una acción accidentada. Se le escurrió el pie izquierdo, se resintió el tobillo.

Tanto que solicitó asistencia médica. Eran las 9 de la noche en Londres, apenas quedaba luz natural. Mientras el fisioterapeuta atendía al de Leganés, el juez de silla anunciaba la suspensión del partido, que seguirá este jueves sobre las 2 de la tarde.