Carlos Alcaraz ha llegado. No es una frase hecha. Es una realidad que se materializó este martes en la Rod Laver Arena cuando el Nº1 mundial, arrasando a Alex de Miñaur, selló su entrada en las semifinales del Open de Australia sin ceder ni un solo set en todo el torneo.
A los 22 años, el murciano no solo ha roto el techo que le perseguía en Melbourne desde hace cuatro años, sino que se ha presentado en la cita con la historia con su mejor traje. El viernes se verá las caras con Alexander Zverev, su verdugo de hace dos años, en un duelo que trasciende lo deportivo: es la reedición perfecta de una deuda pendiente que Alcaraz está listo para cobrar.
La mutación de Alcaraz en este Open de Australia no es casual. Desde la primera ronda ha crecido con cada rival, puliendo detalles, mejorando su saque y destilando una concentración quirúrgica que ha barrido la pista australiana.
Polémica en el Open de Australia
Ante de Miñaur, quien llegaba con la mejor forma de su carrera y con el público de la Rod Laver a su favor, demostró por qué es el líder indiscutible del tenis mundial. No fue una victoria limpia en los números; el español cedió dos roturas de servicio y cometió 32 errores no forzados.
Pero esos datos mienten. La mayoría de sus imprecisiones llegaron desde posiciones ya comprometidas, fruto de la excelente defensa del australiano. Lo importante fue que, en cada ocasión en que Alcaraz necesitó elevar el nivel, lo hizo.
"Desde la primera ronda mi nivel ha crecido en cada partido", explicó Alcaraz tras el encuentro. "Mi equipo me ha pedido paciencia. Yo lo quiero todo ya, pero ya me decían que mi nivel llegaría. En este partido siento que ha llegado".
Y tiene razón. Su derecha, arma letal desde siempre, fue aún más devastadora. Su revés, sometido a un acoso constante de de Miñaur en busca de su punto débil, terminó por ceder cuando el murciano tuvo que entrenarse en golpes alternativos.
Pero lo más importante fue su actitud: sin dudar, sin frustrarse cuando un magnífico de Miñaur devolvía bolas imposibles, simplemente ganando puntos una y otra vez hasta que la resistencia del australiano se desmoronó.
Carlos Alcaraz, durante el partido contra De Miñaur.
Este es el Alcaraz que alcanzó las semifinales en diez de los veinte Grand Slams que ha disputado. Un 50% de efectividad que muy pocos jugadores en la historia pueden presumir. A sus 22 años y 272 días, es el segundo más joven de la Era Abierta en llegar a esta cifra, solo superado por Rafa Nadal, quien lo logró con 22 años y 243 días.
Es la décima ocasión que penetra en las semifinales de los cuatro grandes, una hazaña que le sitúa entre los grandes del siglo XXI. Y los números, tantos números, hablan de una trayectoria de leyenda: 87-13 en sus primeros 100 partidos de Grand Slam, igualando el récord de Björn Borg. Superó recientemente a Borg con 89 victorias totales en Grand Slams. Es, simplemente, sobresaliente.
Sed de venganza
Pero Melbourne significa más que estadísticas. Es la primera vez que Alcaraz alcanza las semifinales en Australia, un torneo que le ha perseguido como una maldición. En 2024, aquí cayó eliminado en cuartos ante Zverev. En 2025, repitió el mismo destino.
Este viernes, volverá a enfrentarse al alemán, pero en semifinales. Será la séptima ocasión que se midan. El historial marca 6-6, pero Alcaraz ha ganado tres de los cuatro últimos enfrentamientos. Dos de ellas han sido finales: Madrid 2022 y Roland Garros 2024.
Pero Zverev no es rival para tomar a la ligera. Finalista en Australia hace apenas un año, cuando cayó ante Sinner, ha vuelto a Melbourne a reivindicar su estatus de pretendiente. Firmó 24 aces contra Learner Tien en los cuartos de final, evidencia de un saque letal que volverá a ser su arma principal.
Es su cuarta semifinal en Melbourne; ningún alemán ha alcanzado tan lejos en la Era Abierta en tantas ocasiones. Y aunque sus tres finales de Grand Slam han terminado en derrota, Zverev juega sin presión, con la libertad de quien no tiene nada que perder. Esa combinación puede ser peligrosa.
Alexander Zverev, en las Finales de la Copa Davis
Sin embargo, Alcaraz no llega como antes. Llega en su mejor momento físico, técnico y mental. Su saque, objeto de mejora constante durante toda la temporada, ha alcanzado una fluidez desconocida. Su nivel de juego, inmejorable. Su concentración, blindada.
Y hay más: si gana en viernes, estará a una victoria de completar el Career Grand Slam, el Grand Slam de carrera, conquistando sus cuatro grandes. A los 22 años, sería el más joven de la historia en lograrlo, superando a Don Budge y a Rafael Nadal. Sería también su séptimo título de Grand Slam, un número que lo situaría entre los más grandes de todos los tiempos.
La revancha está servida. Alcaraz, transformado en su mejor versión, impecable en sus cinco partidos sin ceder un set, se enfrenta a Zverev en una semifinal que trasciende lo deportivo. Es la culminación de años de trabajo, de paciencia, de crecimiento. Es la historia de un campeón que ha roto todos los techos. Es, simplemente, inevitable.
