5 de noviembre de 2016. La fecha no es cualquier cosa. A los 29 años, Andy Murray se convirtió este sábado en el nuevo número uno del mundo (26 de toda la historia, desde que se inauguró oficialmente el ranking en 1973) al llegar a la final en el Masters 1000 de París-Bercy por retirada de Milos Raonic (con una lesión en la pierna) y consiguió algo que parecía imposible hace unos meses: destronar a Novak Djokovic, que llevaba 122 semanas seguidas sentado en el trono (223 en total) y amenazaba con protagonizar una tiranía ininterrumpida que el lunes llegará oficialmente a su final, cuando se actualice la clasificación y por primera vez desde julio de 2014 no sea el serbio quien ocupe la primera posición.



Para Murray, campeón de tres grandes (Abierto de los Estados Unidos 2012 y Wimbledon, en 2013 y 2016) y doble medallista de oro (Londres 2012 y Río de Janeiro 2016), además de poseedor de 12 Masters 1000 en su currículo, el número uno es la reivindicación a una carrera asombrosa. Aunque siempre a la sombra de Roger Federer, Rafael Nadal y del propio Djokovic, los tres que han marcado históricamente las diferencias desde hace más de una década. El británico, que en lo más alto de la clasificación ha encontrado el premio a una regularidad granítica, se transformó así en el primer jugador de su país en alcanzar la cima de la tabla y despejó cualquier duda pasada sobre su capacidad para romperse en mil pedazos ante la presión, habitual compañera de viaje.

Murray se alegra tras batir a su rival. Reuters



Siempre comparado con Fred Perry (campeón de ocho grandes, también uno de los ocho que han completado el Grand Slam), siempre presionado por Gran Bretaña (77 años esperando para tener un campeón local en Wimbledon, 79 para volver a ver cómo el equipo de Copa Davis levantaba la Ensaladera), Murray ha ido dando pasos en su carrera, aprendiendo a vivir con las expectativas y soportando el fracaso (perdió sus cuatro primeras finales grandes) hasta volverse un jugador más duro mentalmente y más completo tenísticamente.



MEJOR DEL MUNDO DESDE ROLAND GARROS



El número uno de Murray se explica desde los impresionantes resultados del británico en 2016, pero también desde la crisis de Djokovic. Tras ganar Roland Garros, donde finalmente completó el Grand Slam (lo llevaba intentando desde 2012, fracasando una vez tras otra), el serbio apareció en el ránking con una ventaja de 8.035 puntos sobre Murray (16.950 puntos Djokovic, por los 8.915 del británico). Que Nole haya dilapidado esa enorme renta, que su perseguidor pueda presumir de habérsela recortado en algo más de cuatro meses, es la consecuencia de una combinación de factores iniciada en verano en el mismo lugar donde ahora se ha producido el cambio de poderes.



Desde junio, cuando cayó en París con Djokovic en la pelea por la copa, Murray ha ganado Queen’s, Wimbledon, la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro (que no puntuó para la clasificación) y ha protagonizado un impresionante final de año, coronando consecutivamente Pekín, Shanghái y Viena, alcanzando ahora la final en París-Bercy. Mientras que el serbio (tercera ronda en Wimbledon, derrota a la primera en Río y final en el Abierto de Estados Unidos) ha sufrido para encontrar la brillantez de los primeros meses del curso, cuando parecía un jugador inabordable.



En consecuencia, el número uno reconoce a Murray como el autor de un 2016 impecable, el mejor jugador del mundo desde Roland Garros, el más ambicioso de todos, pero también indica algo evidente: Djokovic ha sido incapaz de encontrar la motivación después de levantar el título en París, un objetivo que le ha consumido, exprimiéndole hasta la última gota de energía.

LA PELEA SEGUIRÁ EN LONDRES

Pese a que el británico estrenará su nueva condición el lunes, la batalla por el número uno escribirá en unos días el último capítulo del año y posiblemente el más importante. En Londres, durante la Copa de Maestros (el torneo que reúne a los ocho mejores del año), Murray y Djokovic pugnarán por la cima de la clasificación, porque ninguno de ellos tiene garantizado el puesto a final de temporada.

Esa, en cualquier caso, será una pelea bien distinta que se librará a partir del próximo 13 de noviembre: desde hoy, no hay nadie mejor que Murray. Ni tan siquiera Djokovic, el indomable tenista que ha controlado el circuito con puño de hierro durante varios años.

Murray, en la entrega de premios del torneo de Shanghái. Reuters

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