Publicada
Actualizada

Lucas Pinheiro Braathen ha reescrito este sábado la historia de los Juegos Olímpicos de Invierno. El esquiador brasileño, nacido en Oslo hace 25 años, se ha colgado el oro en el eslalon gigante de Milán-Cortina y se convierte en el primer deportista sudamericano en subirse a un podio olímpico invernal.

Brasil, y con ella todo un continente, irrumpe por fin en un medallero que hasta ahora solo hablaba de Europa, Norteamérica y potencias asiáticas en la nieve y el hielo. La gesta se ha consumado en la legendaria pista Stelvio de Bormio, escenario del gigante masculino de estos Juegos.

Pinheiro fue el encargado de abrir la prueba entre 81 participantes y marcó desde la primera manga un registro que descolocó todas las previsiones: paró el crono en 1:13.92, con casi un segundo de ventaja sobre Marco Odermatt, vigente campeón olímpico, múltiple ganador de la Copa del Mundo y gran favorito al título.

El brasileño consolidó su ventaja en el segundo sector, construyendo un colchón que obligaba al resto a rozar la perfección para discutirle el oro.

En la segunda manga, con 95 centésimas de renta sobre Odermatt, el reto era gestionar la presión de quien tiene la historia en la mano. Pinheiro apostó por una bajada inteligente, sin asumir riesgos innecesarios, leyendo el trazado con calma y evitando el más mínimo error en una nieve delicada por las condiciones.

Cuando cruzó la meta, el tiempo confirmó lo que ya se intuía desde hacía horas en Bormio: ningún rival había sido capaz de tumbar su referencia y Brasil tenía por fin su campeón olímpico de invierno.

El podio lo completaron los suizos Odermatt y Loic Meillard, que firmaron la plata y el bronce, respectivamente. Suiza, que aspiraba a otro pleno dorado en las pruebas masculinas, se encontró con un invitado inesperado en lo más alto de la clasificación, un esquiador que hasta hace apenas tres años competía para Noruega y que decidió cambiar de bandera en 2023 tras un conflicto con su federación.

Desde 2024 representa a Brasil, el país de su madre, con el que ya había logrado victorias en la Copa del Mundo y que ahora le ve coronarse en el escenario más grande posible.

La dimensión histórica del oro de Pinheiro va más allá del esquí alpino. Sudamérica nunca había ganado una medalla en unos Juegos Olímpicos de Invierno, pese a décadas de presencia testimonial en disciplinas como el esquí, el snowboard o el patinaje.

Brasil, que llegó a Milán-Cortina con una delegación récord de 14 deportistas y el objetivo declarado de pelear por un metal, rompe así una barrera simbólica que ha perseguido durante generaciones a los países latinoamericanos en este evento.

El oro en el gigante no será, además, el último capítulo de su aventura en Milán-Cortina. Pinheiro volverá a competir en el eslalon, donde ya ha demostrado que también puede pelear por las posiciones delanteras. Pase lo que pase a partir de ahora, su nombre ya está inscrito en la historia del olimpismo: el del hombre que abrió la puerta de las medallas invernales a todo un continente