15:30 horas. Hace calor, mucho calor. El metro, refugio de invierno, convierte en alivio el verano haciendo acopio del poco aire (acondicionado) que se respira. Fuera, en las calles aledañas al metro del Carmen, pasado el territorio de Ventas -con su plaza capitulando San Isidro- apenas los bares, con sus menús del día, escupen gente al exterior. El termómetro exige valentía: marca 38 grados y no da tregua. Sin embargo, en el gimnasio Origen Thai Martin, en una calle estrecha, el boxeo se impone al calor. Allí, en el hogar de Pablo Navascués, Vanesa Caballero Romera (17 de marzo de 1984, Madrid) recibe a EL ESPAÑOL. Sonríe, habla y escucha. Es feliz; libre. El próximo domingo estará en la clausura de los Juegos del Orgullo (del 23 al 25 de junio) tras convertirse en la primera boxeadora profesional española en salir del armario.

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– Empezando por lo más inmediato… ¿Qué significa para usted participar en la clausura de los Juegos del Orgullo?


– La verdad, para mí es un honor que cuenten conmigo. Con ello quiero hacer ver que el mundo del boxeo es compatible con cualquier tipo de orientación sexual. Y si puedo ser un referente para que otras personas se sientan apoyadas y puedan dar el paso, pues genial.


– Hay siempre un doble proceso a la hora de salir del armario: primero toca decirlo en casa y después en la oficina (en su caso, en el mundo del boxeo). ¿Cómo se lo dijo a su familia? ¿Fue difícil?


– Sí, mucho. Le estuve dando muchas vueltas a la cabeza, esperando a que se enteraran más adelante… y, al final, fue en mi 19 cumpleaños. En mi barrio ya se oían rumores y pensaba: ‘No puedo estar escondiéndome’. Porque el rumor deja de serlo en el momento en el que ya dices que eres lesbiana. Así que, el día de mi cumpleaños, le escribí a mis padres un mensaje de texto y les dije: ‘Papá, mamá… estoy en casa con mi novia y quiero que sepáis que soy lesbiana’. Al instante, después de aquello, me llamó mi madre para decirme si estaba borracha y si sabía qué estaba haciendo… Pero como ellos estaban en Tenerife, tenía la esperanza de que lo asimilaran antes de su vuelta.


– ¿Y cómo se lo tomaron después?


– Mi padre no se lo tomó muy bien. Estuvo un tiempo sin hablarme y le hirió en su orgullo, pensaba que yo no podía tener hijos, que sus amigos se iban a burlar de él…. Mi madre, en cambio, encantada. Fíjate que ella es de pueblo, católica y demás. Pues no. Ella lo ha llevado muy bien. De hecho, me dijo: ‘A ver cuándo me presentas a una de tus novias’. ¡Como si yo tuviera mil! Al final, mi padre también lo aceptó. No puedo cambiar por una persona.


– ¿Y cómo decidió salir del armario en el mundo del deporte? No son muchos los que se atreven…


– Vino todo un poco de seguido: yo pasé de amateur a profesional y mis patrocinadores me comentaron: ‘Vane, ¿por qué no lo dices públicamente y así se acaban los chismorreos en el mundo del boxeo?’. Y es que yo había tenido algún encontronazo en el boxeo, al entrar al vestuario, por ejemplo, que las chicas no quisieran cambiarse delante de mí por ser lesbiana -o creer que yo lo era-. Me lo dijeron y decidí dar el paso.


– Y, ahora, lo agradeces.


– Sí, se lo agradezco, ha sido un paso importante para que la gente se deje de rumores y de habladurías. Y una vez que sales, dices: ‘Esto sí que es libertad’. Ya no te tienes que esconder más. Ahora, puedo bajar del ring y darle un beso a mi chica si me apetece…

Vanesa Caballero posa para EL ESPAÑOL. Jorge Barreno EL ESPAÑOL


Vanesa pide agua en el bar de la esquina, “el de siempre”. Tiene que entrenar a las cuatro y no se puede permitir otra cosa. Sin embargo, eso, a estas alturas, le da igual. Creció en Vallecas, cuna de boxeadores (“de allí es Poli Díaz”, recuerda con orgullo), y nunca rehuyó los deportes de contacto. Hizo judo en el colegio, pero su ‘retirada’ fue prematura: “Hasta que me partieron la nariz”. Tiempo después, eso sí, volvió a picarle el gusanillo: una amiga que hacía full contact la animó a ir al gimnasio y ella “le dio” al kick boxing, pero sólo por un tiempo. Manolo del Río la convenció para que se pasara al boxeo y Vanesa aceptó el reto: acumuló 27 combates como amateur y el pasado octubre decidió dar el salto al profesionalismo. Desde entonces, ha combatido en dos ocasiones: pelea nula contra Jessica Sánchez en su debut y derrota contra Miriam Gutiérrez. Todo eso, mientras se rumoreaba sobre su condición sexual.


– ¿Qué problemas ha encontrado hasta que ha decidido salir del armario?

– A la hora de decirlo no he encontrado problemas. Si acaso, algún encontronazo con alguien que habla mucho y se defiende diciéndote: ‘¡Anda, lesbiana!’, como si me afectara. Y yo le digo: ‘¡Y tú heterosexual!’. Así que sí, he tenido algún encontronazo, pero todo se ha quedado en simples discusiones o calentones.


– ¿Y qué problemas tiene la gente de su entorno a la hora de hacer frente a lo mismo?


– La aceptación y el qué dirán. Cuando estás con tu pareja estás bien y no te sientes culpable porque no haces nada malo, pero siempre está ahí el qué dirán… Piensas: ‘¿Y si se enfadan conmigo?, ¿y si me dejan de hablar?, ¿y si me empiezan a decir lesbiana o maricón?’. El problema es que no puedes luchar contra eso, no puedes decir: ‘Es que no lo soy’. No. Peor es la guerra y se hace a cara descubierta. Esto es simplemente querer y ya está.


– ¿Cómo reaccionó el mundo del boxeo cuando decidiste dar el paso?


– Me felicitaron. Me dijeron: ‘¡Olé, Vane, me encanta!’. Lo que hace un deportista al salir del armario es ser un referente, dar el paso antes que otras personas y marcar el camino. Si hay alguien que ha salido del armario antes es más fácil. Me gusta poder ayudar a los demás.


– No hay mucha gente así en el mundo del deporte, sobre todo, por el tema insultos. ¿No sé si usted lo ha sufrido?


– No que me insulten, pero sí que a veces ha sido en plan… ‘Es que con lo marimacho que eres te pega el boxeo’. O, ‘ es que tienes muchas cualidades de tío’. Y pensaba yo: ‘Pues como te diga que soy lesbiana...’. Se piensan que por ser lesbiana eres muy tío o por ser gay muy mujer. Nos califican de marimachos, de locas, pero no dejamos de ser chicas y chicos como cualquiera. Es lo que hay.


– ¿Qué le diría a los que siguen insultado (o no respetando a los demás)?


– Creo que deberían tener más disciplina si realizan algún deporte… El día a día de cualquier persona es jodido para que venga cualquier persona a insultarte gratuitamente. La gente no sabe lo que me ha pasado en mi vida o lo que he tenido que sufrir hasta que he dicho que soy lesbiana. Entonces, simplemente, pido que nos respeten y nosotros también lo haremos.


– Pero lo cierto es que se sigue insultando, sobre todo, en los campos de fútbol.


– Sí, que si maricón, hijo de puta… Es una forma de desahogo que tiene el público, pero esto es deporte. ¡Y cómo puedes ser así en el deporte! Lo del fútbol ya es una salvajada total. Soy boxeadora y jamás he visto una pelea después del combate entre el público… Al final, vas a disfrutar de un deporte, pues respeta, ¡que estás pagando para ver un espectáculo y no para llamar maricón o lo que sea a alguien!

Vanesa Caballero posa para EL ESPAÑOL. Jorge Barreno EL ESPAÑOL


En el brazo, luce una gitana sin bola (“ellas leen el futuro, pero quiero creer que no lo determinan”, confiesa). Así lo reconoce cada mañana, a las 05:30 horas, cuando comienza su día, frenético desde el amanecer. “Pongo las calles”, bromea. Y pasea al perro. Y trabaja de jardinera en IFEMA, done lleva 13 años. Y vuelve a pasear al perro. Y come. Y va al gimnasio. Y entrena. Y duerme. Y, “la verdad, vida social tengo poca”, reconoce. Pero le da igual. Es feliz así. Y poco le importa lo que piense (o diga) la gente…


– ¿La culpa del qué dirán la tiene, quizás, que España ha sido un país tradicionalmente católico?


– Pues mira, cuando yo salí del armario, tenía más miedo a la reacción de mi madre que a la de mi padre porque ella es de pueblo, muy de la iglesia… Y siempre era como muy: 'chicos con chicos y chicas con chicas…'. Y es lo que nos han impuesto la iglesia y el catolicismo, el que tú sigas las normas de la sociedad, y si te sales, pues eres un bicho raro. Al ser España un país que se ha regido por la religión, pues es más cerrado. ¿Cómo le explicas tú a alguien de 70 u 90 años que hay niños que se operan y luego son niñas, o que hay niñas con niñas o niños con niños, o que hay niñas que se ponen pene y se quitan tetas, o que dos gais adoptan? Para ellos son aberraciones…


– A mí me han llegado a decir que yo desataba los demonios del infierno, que gente como yo, ¡desatábamos los demonios! Además, me lo han dicho en Chueca, el típico predicador… y yo no llevo una persona crucificada en mi pecho. Encima que nos hacéis recluirnos aquí, que sales fuera y te sientes inseguro... Vas a un sitio en el que te sientes seguro... ¿Y venís a decirnos que liberamos demonios y que el mundo está así por gente como nosotras? Esto…


– ¿Y cómo se soluciona todo este problema en el deporte?


– Bueno, cuando se empiece a tomar con normalidad… Lo que está claro es que cuantos más seamos, más equipo hacemos. Y a la gente no le va a quedar más remedio que asumirlo. Si todos empezamos a salir y a mostrarnos como somos, nadie se va a sorprender. ¿O es que con todos los futbolistas que hay ninguno es gay?… ¿Por qué se callan? Hay que ser valiente y que las estrellas del fútbol o la gente importante lo diga. Y que a la gente le guste alguien por lo bien que juega al fútbol sin que importe con quién se acuesta en una cama o con quién se va de copas. Que le sigan como deportista.


– Todo cambiará cuando deje de ser noticia.


– Sí, justo, cuando sea así, es que la sociedad ha avanzado.

– ¿Y por dónde le gustaría que avanzara la sociedad?


– Pues que dentro de las normas establecidas cada persona pudiera ser libre de verdad. Creo que ahora no lo somos. Vivimos demasiado pendientes de las pautas que nos marca la sociedad. Tenemos demasiado miedo.


– Y miedo, usted, poco. Al menos, para subirse al ring.


– Siempre se tiene miedo, pero esto es como montar en una montaña rusa. Cuando estás en la cola, disfrutas con tus amigos por lo bien que te lo vas a pasar. Pero después, una vez que estás montada, piensas: ‘¿Qué hago yo aquí?’. Entonces te subes, chillas, te desgarras, bajas y dices: ‘¡Quiero repetir!’. Pues esto es lo mismo, es siempre la misma monotonía. Cuando estás en el ring, antes de la pelea, piensas: ‘¿Por qué lo he vuelto a hacer?’. Entonces te vendan las manos, estás ahí y sabes que ya no hay marcha atrás. Siempre sientes ese nerviosismo, es inevitable.


Y así será. Vanesa no piensa dar marcha atrás. “No me pueden cambiar”, recalca. Ni en la vida ni en el boxeo. Quiere ser campeona de España, quiere “ese jodido cinturón”, y no va a dejar de pelear hasta conseguirlo. Poco le importan esos frenéticos días que asume con una sonrisa o las horas que pasa en el gimnasio junto a Perla Mayorga, su entrenador. Primero sabe que tiene un combate en Francia (todavía espera rival) y después afrontará el reto de ser la mejor boxeadora de este país. Mientras, compartirá los días con su perro Romeo, el que soporta “sus dietas y su mal humor”; y buscará, este fin de semana, tras los Juegos del Orgullo, que muchos sigan su camino. Quiere ser un referente, pero también que deje de haberlos, porque eso significará que la sociedad ha avanzado. Que ya nadie juzga a nadie por su condición sexual, sino por su valor personal. En definitiva, que, como recalca Vanesa, “hay que ayudar a los demás”. Y poco más se puede añadir.

Vanesa posa para EL ESPAÑOL. Jorge Barreno EL ESPAÑOL