El ‘Huracán’ Pablo Navascués (Madrid, 1975) acaba de realizar su primera sesión de entrenamiento. Son las 9:30 horas y recibe a EL ESPAÑOL en su gimnasio, el ‘Origen Thai Martin’. Ha pasado mucho tiempo desde que se subiera por última vez al ring, pero este domingo lo volverá a hacer. Después de seis años, se colocará los guantes, escuchará a su amigo Dani Martín (ex de El canto del loco) cantar ‘Hurricane’, de Bob Dylan, y subirá al cuadrilátero. En el Palacio de Vistalegre, rodeado por 4.000 personas, a sus 41 años, dirá adiós definitivamente. Su pasado quedará en la memoria de los que lo vieron subir al cuadrilátero, pasar por la cárcel sin ser culpable y engordar su palmarés (fue dos veces campeón de España de peso superwelter, campeón del mundo latino e Intercontinental). Este domingo, se enfrentará a Clavero "mejor que nunca" con el campeonato de Madrid en juego.

Pablo Navascués

 

Tiene 41 años, lleva seis sin luchar… ¿Por qué ahora decide poner punto y final a su carrera?

Bueno, un boxeador nunca deja de ser boxeador, siempre te queda la espina clavada de hacer una última pelea. Y la idea de celebrar ésta empezó hace un par de años. Creo que ha llegado el momento de cerrar una etapa de mi vida. Yo fui competidor de alto nivel y estuve a punto de tocar el cielo… Pero hace dos años pasé por un momento crítico de mi vida: el cierre del gimnasio Barceló, alguna situación personal… Y eso me llevó a decir: ‘Es el momento para ponerme una disciplina, para volver a sufrir, para centrarme en mí mismo e intentar hacer las cosas bien’. Este combate es para quitarme una espina a nivel deportivo y vital. Como el boxeo ha sido mi vida, y es muy parecido a lo que es la vida, pensé: ‘Voy a cerrar mi etapa como competidor y empiezo otra en la que seré preparador e intentaré tener un campeón'. 

Andre Agassi, cuando se retiró, confesó que odiaba el tenis. ¿Y usted, lo ha llegado odiar?

Por eso quiero cerrar con un evento como éste, lleno de amor y de cariño, pero yo no voy a poder odiar mi deporte. El boxeo me ha dado lo mejor que tengo en mi vida: la disciplina. De todas formas, es durísimo, no sólo a nivel de competidores, sino también a nivel psicológico y físico. Por eso, digo, no me extraña lo que dijo Agassi porque yo tampoco voy a negar que lo he pensado mil veces. Pero es que el boxeo me ha dado muchas cosas: la gente que hay dentro de él, el apoyo de mis entrenadores, de mis compañeros, de mis alumnos… Toda esa gente es como mi familia. Han sido ‘sólo’ 23 años dedicado a esto. Y en este mundo hay gente que nos hemos hecho mayores, hay gente que se ha hecho vieja y gente que ha muerto en el ring. A día de hoy el boxeo es mi forma de vida y no la entendería sin él. Pero comprendo a Agassi.

A su edad, ¿nadie de su familia le ha echado la bronca por volver a pelear este domingo?

No, mis hijos están encantados porque son atletas. Dos están vinculados profesionalmente (uno es campeón de España de gimnasia deportiva y otro juega al fútbol en la cantera del Rayo) y al más pequeño le gusta la natación. Por eso, en casa, tenemos una buena disciplina deportiva gracias a la vida que he llevado yo vinculada al boxeo y también gracias a su madre. Ha sido un trabajo de dos. Son fans míos.

A estas alturas, ¿algo le da miedo?

No. Mi miedo no es mío. Por lo único que puedo sentir miedo es por algo que se pueda referir a mis hijos. Por lo demás, no tengo miedo absolutamente a nada.

Pablo Nascués posa para EL ESPAÑOL. Silvia Pérez EL ESPAÑOL



Ha pasado seis años sin competir. ¿Cuántas cosas se le han pasado por la cabeza en este tiempo?

Se me ha pasado de todo por la cabeza. Hasta cambiar de profesión. En algún momento, he estado a punto de cerrar completamente y decir: ‘Se acabó’. Ni boxeo ni doy clases ni nada. Me voy a dedicar a poner cañas, a recursos humanos o a cualquier cosa. Pero luego vuelves porque es lo que te gusta. A día de hoy, no puedo. Aunque quisiera, no podría.

Alguien que ha estado a punto de tocar el cielo, cuando está ante su última pelea, ¿tiene miedo al olvido?

Creo que todos quedamos en el olvido. Para eso está la historia en el colegio, para que se la recuerden a los niños. Si no se la recordaran a ellos, yo no existiría para nadie. Estaré en un libro de boxeo que dirá que he sido campeón de España y ya está. Pero en el recuerdo de los que nos quieren, de una u otra forma, vamos a quedar siempre. Eso está en la vida. Uno vive para que lo olviden y para morir. Así es la puta vida. La amistad es el recuerdo. A veces, ese amigo al que ves y le dices: ‘¡Hostia, tío, y le das un abrazo que flipas!’. Y es como si no hubiera pasado el tiempo. Eso es mantenerte en el recuerdo. ¿Y el olvido? Bueno, el que quiera que me recuerde y el que quiera que no lo haga. Al fin y al cabo, todos vamos a morir.

¿Y al pasado le tienes miedo?

No, a nada. El pasado me ha hecho más fuerte. Qué decir de mi pasado. ¿Ha sido injusto? O quizás no. Si ahora estoy así es gracias a él. Creo que pensar en el pasado, en el presente y en el futuro es generarte estrés. Del pasado, hay que pensar en los buenos recuerdos y tachar y aprender de las cosas malas. Del presente, el aquí y el ahora es muy importante. Estar aquí, por ejemplo, y disfrutar de esta entrevista. Y del futuro, yo no me pongo estrés. Pensar en mañana, en el día de la pelea… Me preguntas, ¿estás nervioso? Para nada. El día de la pelea, entonces empezaré a estarlo. Hay que vivir el aquí y el ahora. Y, como he dicho siempre, en la vida ganas o aprendes. Aquí nunca se pierde. Puedes perder en el momento y sentirte derrotado. Entonces, aprendes. Para un ser humano con cojones la derrota no existe. 

Hablando del pasado. ¿Qué le queda al Pablo Navascués de 41 años del niño que creció en una familia de seis hermanos? ¿Cómo fue su infancia?

Bueno, yo era el pequeño de seis. Mi hermano mayor me sacaba 10 años y a mí me cría una madre mayor, casi una abuelita, a la que quiero y amo. Igual que a mi padre, que en paz descanse. Con mi padre, realmente, yo no tenía mucha relación, pero sí que entiendo todo el sacrificio que hizo por mí. No paraba en casa, venía en Nochebuena, pero cenaba y se iba. Eso sí, a nosotros nunca nos faltó de nada: ni vacaciones, ni colegio, ni ropa, ni comida… Ahora que tengo tres hijos, la verdad que no sé cómo lo hizo.

Y luego estaban mis hermanos. El mayor quería hacer de padre y transmitirme una educación muy de mano dura. Y eso a mí no me iba porque yo siempre he sido rebelde. Por eso, me crié un poco a la intemperie. Aprendí mucho de mí mismo y el deporte me canalizó: full contact, kickboxing y boxeo. Siempre con José Valenciano de la mano. Pero crecí casi como hijo único, con dos hermanas que me criaron hasta que tuve 12 años y luego se echaron novio, se casaron y se fueron. A pesar de eso, fueron como mis segundas madres. Ahora, sigo siendo el pequeño y, con el paso del tiempo, he pasado a ser una parte importante de la familia. No soy el cabeza de familia, pero sí el que une. Además, con el deporte, me tienen en consideración.

Pablo Navascués posa para EL ESPAÑOL. Silvia Pérez EL ESPAÑOL

¿Era de esos niños buenos o de los que hacen trastadas?

Bueno, mi padre trabajaba todo el día, mi madre tenía una casa con seis hijos… Y me daba cariño, pero no podía estar todo el día conmigo. Tenía que hacer la casa para seis personas. Entonces, yo, lógicamente, llegada una edad, me desvinculé y busqué mi camino. Mi aprendizaje me llegó muy temprano y solo, pero no me arrepiento de nada. He tenido y tengo la mejor familia del mundo: unos sobrinos maravillosos que me adoran todos, unas sobrinas que, además... ¡Ya me pueden cuidar cuando sea mayor! Porque con tres hijos…

Llegado el momento, ¿por qué le dio por el boxeo?

Son retos que uno se pone. Yo siempre he sido muy cojonudo. Era el pequeño de seis hermanos y siempre quería ser mayor. ¿Y qué ocurre? Pues que iba a pasos agigantados. Mi hermano mayor quiso ejercer de padre, educarme a la antigua usanza… Y se equivocó. Mi hermano lo hacía todo por la fuerza… Aunque, bueno, se equivocó, o quizás no. Al final, me ha forjado en lo que soy ahora.

El caso es que yo, ante todo eso, me hice fuerte. Muy fuerte. ¿Para qué? Para romperle la boca a mi hermano. Entonces, eso hizo que yo con 16 años fuera un portento físico. Ya peleaba entonces en full contact y, un día, me enfrenté a él y se desató la bestia. Él era un animal porque hacía pesas y todo eso. Tuve un problema con él y fui a por él. Después, pasó de mí y yo creí ganar.

¿Os peleasteis?

No, no. Yo era un animal. Ahí quedó todo. Al final, a partir de ahí se desató la bestia. Tuve una adolescencia-juventud, desde los 16 a los 22, complicada. Así creció un chaval que se hizo hombre muy pronto. Para que te hagas una idea, con 18 años yo ya trabajaba en Ática, que era una discoteca de Madrid. Pues bien, el portero que menos me sacaba tenía 32 años. Yo tenía 18 y ya era campeón de España de full contact.

Entonces te proclamas campeón de España de full contact y de kick boxing, y debutas como profesional contra Frantisek Borov en 1999

Sí, yo pertenecía al gimnasio Barceló y allí tocábamos todas las disciplinas. Entonces, empecé como amateur y después como profesional.

Y te proclamas campeón de España en 2004 contra Jaume Pons y en 2007 frente a Miguel Ángel Peña.

En realidad, fui campeón de España desde 2004 a 2010, aunque en 2007 me retiré. Ese año, me dijeron que, si ganaba, me iban a meter de aspirante entre los cinco primeros de Europa para disputar el título de la EBU. Pero, de repente, cual fue mi sorpresa que, si yo estaba el 7 del ranking antes del combate, después me bajan al 11. Entonces, me retiré y luego, en 2009, volví para pelear contra Castillejo, en la que fue mi vuelta. Peleé con él y luego ahí empezaron los problemas. Tuve la oportunidad de participar en dos mundiales, pero tuve mala suerte. En el primero, por una sustancia prohibida por la que di doping.

A la izquierda, Eloísa Rodríguez, Pablo Navascués y Ricardo Hernández. Silvia Pérez EL ESPAÑOL.

Usted iba a pelear contra Sebastian Sylvester por el Mundial, pero se cayó de la moto meses antes del combate y empezaron esos problemas de los que habla.

Sí, tenía el soleo roto parcialmente, fui al médico y me dijeron que me tomara algo que te hace mear oscuro. Se lo dije a mi preparador físico y él me dijo: ‘Tómate esta pastilla y verás cómo la semana que viene vas a mear más claro'. Y justo al final de esa semana me viene el control antidoping. Yo no sabía que eso daba doping ni nada. No dije nada y no pude combatir. Fue una inconsciencia total. Había ciento y pico personas con billetes para viajar Alemania y se jodió el mundial. Me sancionaron seis meses y luego lo volví a retomar.

Volvió y ganó el campeonato del mundo latino en 2010.

Sí, lo hice contra Luis Rodríguez. Llegué de puta madre a la pelea y justo después teníamos pactado el mundial contra el hijo de Chávez en Sinaloa. Estaba el número 9 y haber ganado ese mundial suponía colocarme entre los cinco primeros. ¿Y entonces qué ocurrió? En el combate por el campeonato del mundo latino, en el segundo asalto, me parto la base del metacarpiano y el trapecio de la muñeca. Sigo el combate aunque me dolía mucho, pero gano. El problema es que después del combate me operaron y no pude llegar para pelear con Chávez.

Pero vuelve y disputa el campeonato de Europa.

Sí, me llegó la oportunidad contra Grzegorz Prksa. Pero la preparación fue complicada porque no tenía afinidad con mi preparador, surgieron problemas y perdí en el noveno por KO. Me dio un bajón, surgieron problemas laborales-emocionales, cerró el gimnasio Barceló y tuve que empezar de cero. Hasta que apareció en mi vida Dani Martín (el excantante de El canto del loco).

¿Y cómo fue eso?

Cuando abrí el gimnasio (el Origen), vino Dani Martín y me dijo que me cantaba el Hurricane en mi último combate. Empezó a animarme y, al final, sólo puedo decir que es una de las mejores personas que he conocido en mi vida. Ese chaval apareció en el momento de mi vida en el que necesitaba a alguien que me cogiera de la mano para que no me viniera abajo. Él lo ha hecho todo siempre de corazón y yo también. Si digo que hago una cosa, la hago. A veces pierdo dinero por hacer el gilipollas teniendo tres hijos, pero…

Dani fue el que me trajo la idea hace dos años, cuando empecé a tener problemas con mi mujer, que fue el amor de mi vida y con la que me llevo fenomenal… Pero las cosas se acaban. Empezaron a venirme los monstruos a la cabeza y a decirme cosas que no eran buenas. Y dije: ‘Necesito centrarme, volver a una rutina y prepararme. Y hace un año me decidí. Ha sido muy jodido porque pesaba 93 kilos y ahora 74. He tenido lesiones, pero la rutina es la que me ha dado la fuerza para poder decir: ‘Soy capaz de hacer lo que me dé la gana’. Tengo 41 años y lo vais a ver, estoy mejor que nunca.

Tras tu retirada en 2007, regresó para pelear en la despedida de Castillejo (combate nulo). Aquel día hubo 12.000 personas en la Cubierta de Leganés. El boxeo, después de aquello, ha estado en coma. ¿Empieza a resucitar?

Nos dimos unas buenas hostias, pero fue un gran día. Pero por eso, precisamente, lo de ir a pelear ahora. El combate de ‘El último Huracán’ es mi último grano de arena. Al ser el más carismático de todos los tiempos, al haber estado cerca de tocar el cielo… Y que durante este tiempo no haya salido un boxeador que haga lo mismo. Además, el mismo día que me despido se disputan las finales de los campeonatos de Madrid, va a luchar mucha gente amateur… Con este combate, ayudo a que la gente lo vea, y a ver si la televisión de una puta vez apoya el boxeo. Porque GOL emite peleas, pero no nos da ni un duro. Y a los chavales hay que pagarles, los ring también hay que pagarlos… No es justo. ¿Quieres dar algo gratis cuando tus contenidos son de pago? Tienen un presupuesto para contenidos y el boxeo es gratis. Creo que es una falta de respeto.

En total, 23 años ligado al boxeo, y dos problemas que le han traído problemas. El primero, cuando le acusaron de apuñalar en el estómago a una persona en el transcurso de una reyerta callejera. Llegó a estar hasta dos meses en la cárcel, pero en una rueda de reconocimiento no fue señalado y salió de prisión.

De ahí el mote de el ‘Huracán’, porque fui inocente. Pero, claro, el proceso duró bastante tiempo.

Cartel de la pelea entre Navascués y Clavero. Silvia Pérez EL ESPAÑOL

Pasó dos meses en la cárcel. ¿Se sufre más allí por estar encerrado en una celda o por el qué dirán?

La libertad y la salud son las dos cosas más importantes que tiene el ser humano. Poder trabajar, poder hacer deporte, poder tomarte una cerveza… Eso allí no lo puedes hacer. Te dicen: ‘Tienes que irte a la camita a las 8. Tienes que ir a entrenar ahora, hacer esto…’. Pero, bueno, surge en una etapa de mi vida en la que, con la película de Huracán Carter, me meten en la cárcel por algo que no había hecho. Entonces, iba a hacer el campeonato de España, me dijeron lo de ponerme el ‘Huracán’ y ahí nació el mote.

El segundo problema fue cuando la Policía Nacional lo detuvo en la operación contra el ‘clan de los búlgaros’.

Y, de nuevo, inocente. ¿Y qué hay entre eso y nada? Un proceso de una persona con tres hijos a la que le pones una etiqueta sin serlo. Me la ponen y luego me la tengo que quitar yo.

¿Cuánto daño hacen los titulares de prensa?

Hay historias que tenían que ser portada y no lo son. Cada día, en Radio MARCA, siempre cuentan algo y dicen: ‘Esta historia nunca será portada’. ¡Y es una historia para que sea portada! Quiero decir: ‘La vida es muy injusta y los titulares hacen mucho daño’. Luego hay portadas que no tenían que serlo y hay mucha mentira en esas portadas. Hay portadas de verdad que tenían que estar ahí, y no la puta mierda que nos quieren meter todos los días. Abres la tele, y una mierda; la portada, y otra mierda. ¿Por qué no ponen algunas de las cosas bonitas que pasan en el mundo? Hay muchas.

A veces también estaría bien que se rectificara.

Nada, pero no se hace. No lo han hecho nunca. Por todo eso me ha costado dinero quitar enlaces de Google para que borren toda esa mierda de una puta vez. Tengo mucho más bueno que malo, pero me ha costado mucho que me quitaran cosas malas, sobre todo, cuando eran etiquetas gratuitas.

De ahí lo de boxeador ‘maldito’.

Sí, bueno, con mala suerte.

¿Y la ha tenido realmente?

También he tenido suerte. Que vengan 4.000 personas a verme el domingo, el tener tres hijos maravillosos, gente que me quiere, periodistas que se han interesado por mi último combate. Por algo será. Igual ser maldito me ha valido para esto, para tener la ‘mala’ suerte de estar aquí. Creo que la vida es así y hay que asumirla como viene.

Pablo Navascués posa para EL ESPAÑOL. Silvia Pérez EL ESPAÑOL

¿Qué ha aprendido de la vida en todos estos años?

Aquí y ahora. Es lo que hay. Hay que intentar disfrutar el presente y no pensar más allá. Al final, sales de aquí, te rompes tres dientes, te has tropezado de la manera más tonta y no pasa nada. Te has tropezado, te has roto tres dientes y vas a estar mellado tres días. Vas, te los arreglas y ya está. Hay que disfrutar el aquí y ahora. Y lo que te pase te jodes. Te pasan cosas buenas, disfrútalas. ¿Malas? Pues te jodes. Las buenas hay que disfrutarlas y las malas, pues sacar lo positivo y aprender. Porque si tienes algo mal y te obcecas en eso…

Decía Jack Dempsey que "un campeón es alguien que se levanta cuando no puede".

Así es. 

¿Y es fácil levantarse?

Si tienes ganas te levantas. Lo que es difícil es no tener ganas y levantarte. Hay gente que se cae por KO. Pierdes por KO y no eres consciente de nada porque te han hecho perder el sentido. Pero hay gente a la que rozas y se tira. Esa es la diferencia. Hay gente que nace para unas cosas y otra que nace para otras. Hay jornaleros del ring que se baten por ganar y otros que dicen: ‘Me tiro, me das y listo’. Al igual que en el boxeo, ocurre en cualquier otro ámbito de la vida.

¿Cuántas veces no ha tenido ganas de levantarse?

Muchas veces. En el boxeo, el día que estás en la lona y no quieres levantarte tiene que ser muy triste. Eso no me ha pasado. Pero en la vida me ha pasado muchas veces.

¿Qué le ha enseñado el boxeo?

Hay que levantarse. Siempre. Quieras o no quieras. Y cuando te levantas dices: '¡Menos mal!'. Estar ahí abajo no mola.

¿Cómo de puta es la vida?

Yo de putas no me he ido nunca [risas]. No, eso era broma. Estamos en lo mismo. Depende de cómo lo mires. Si tú quieres ver la vida puta, pues la ves puta. Si la quieres ver hermosa, es hermosa. Pero depende de ti. Si la quieres ver como la más puta y asquerosa, la vas a ver…

Ya la última. ¿Qué le va a decir a los guantes antes de retirarse?

Que se cuiden mucho. No, la verdad es que, sinceramente, el día 14 de mayo lo comparo con la muerte de mi madre. No estoy preparado. No estoy preparado para no volver a subir a un ring. Yo creo que nadie está preparado. Me va a dar pena. Pero sé que esa sensación la volveré a sentir con algún alumno mío.

Pablo Navascués posa para EL ESPAÑOL. Silvia Pérez EL ESPAÑOL

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