No había regresado a Malasia desde aquel fatídico 23 de octubre de 2011, cuando su hijo perdió la vida durante la carrera de MotoGP en el circuito de Sepang. Seis años después y acompañado por su esposa Rossella, Paolo Simoncelli volvió la pasada semana al trazado malasio como propietario del equipo Sic58 Squadra Corse de Moto3 para disputar la penúltima cita del campeonato del mundo. El padre de Marco Simoncelli, acompañado por un buen número de pilotos, peregrinó en silencio hasta la curva 11, donde depositó un ramo de flores en memoria de su hijo y regó el árbol plantado en memoria de SuperSic.

Noticias relacionadas

Un emotivo homenaje que se sumó al bello gesto que una seguidora del piloto italiano tuvo con su familia nada más aterrizar en el aeropuerto de Kuala Lumpur procedentes de Melbourne. Tras el fallecimiento de Marco Simoncelli, sus padres recibieron todos los enseres que portaba cuando se produjo el fatal desenlace salvo el guante izquierdo. Un misterio que ha quedado resuelto seis años después.

Paolo Simoncelli y Marc Márquez se abrazan en presencia de Dani Pedrosa. MotoGP

Uno de los cinco comisarios que se encontraban en la curva 11, donde se produjo el terrible accidente, sustrajo el guante izquierdo porque cuando el cuerpo inerte del piloto italiano fue depositado en una camilla para sacarlo de la pista ya no lo portaba. Pasado un tiempo, intentó venderlo a través de Internet hasta que se topó con la heroína de la historia. La seguidora de Marco Simoncelli consiguió dar con el paradero del comisario y se lo compró con la idea de poder dárselo algún día a la familia del piloto italiano.

“Al llegar al aeropuerto de Kuala Lumpur, una chica nos asaltó cariñosamente a la salida de la sala de equipajes. Nos contó que había comprado un guante de nuestro hijo a un comisario de pista del circuito de Sepang. Después nos entregó el guante izquierdo de Marco y lo reconocimos de inmediato. En efecto, era su guante izquierdo, la pareja que nos faltaba. Nos dio la única pieza de la vestimenta de Marco que nos faltaba".

"La emoción que sentimos mamá Rossella y yo", continúa, "fue realmente indescriptible. Rompimos a llorar y nos abrazados a la chica. Seis años después volvíamos por primera vez al lugar donde ocurrió todo y recuperamos el guante de su última carrera. Luego dicen que no es el destino… Fue, sin duda, el regalo más peculiar, absurdo y maravilloso que hemos recibido nunca”, narra Paolo Simoncelli en el blog del equipo Sic58 Squadra Corse. Una historia con un final feliz, seis años después.