La Fórmula 1 se encuentra en el ojo del huracán tras su último anuncio oficial. La noticia que salió a la luz de la celebración de un Gran Premio en Arabia Saudí la próxima temporada ha suscitado una enorme polémica, ya que a casi nadie le ha gustado el acuerdo alcanzado entre los máximos mandatarios del 'Gran Circo' con un país como Arabia Saudí, que persigue y pisotea los derechos fundamentales de las personas con total impunidad. 

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No obstante, la Fórmula 1 no parece haberse inmutado tras el aluvión de críticas recibidas con el fin de permanecer tapado y callado hasta que amaine el temporal, algo que parece ir para largo. Muchos creen que la Fórmula 1 ha cruzado una línea roja que no debería haber traspasado ni por un mayor espectáculo ni por la recepción de una enorme cantidad de dinero, ya que se trata de dinero 'manchado'. 

La realidad es que la Fórmula 1 tampoco ha hecho nada que otros no hayan hecho antes, a pesar de que la forma en la que el 'Gran Circo' se está involucrando con el país es árabe es cuanto menos llamativa. Al Gran Premio de Arabia Saudí para 2021 se unen un importante plan millonario para convertir a la ciudad de Yeda en una de las grandes capitales del deporte y los acuerdos y patrocinios firmados en los últimos meses con empresas estatales árabes, algo que ya suscitó críticas en su momento. 

La ciudad de Jeddah

Habrá que ver si la Fórmula 1 finalmente termina cediendo y recapacita en sus planes, algo que parece improbable teniendo en cuenta que la celebración de la carrera en Arabia Saudí para la próxima temporada no es ni un secreto a voces ni un rumor con fundamente, sino que ha sido un anuncio oficial tan precipitado que todavía no tiene ni fecha. Mientras tanto, la organización Human Rights Watch ya ha empezado su lucha. 

Dinero y miserias

La idea de Arabia Saudí es hacerse poco a poco con el imperio de la Fórmula 1. No directamente, ya que el 'Gran Circo' no puede pertenecer a un país determinado sino que debe ser regido por un ente privado alternativo, pero sí convertirse en uno de los puntos de mayor poder como históricamente podían ser Alemania, Italia o Inglaterra. Sin embargo, las naciones que han visto ganar a sus pilotos y a sus equipos ahora son dadas de lado por el poder del dinero. Y casi nadie tiene más dinero que Arabia Saudí. 

Por ello, han puesto en la Fórmula 1 y no han parado hasta hacerse con un hueco en la fiesta, con una porción del pastel. Poniendo sobre la mesa una cantidad astronómica de dinero, Arabia Saudí ya ha conseguido obtener una plaza en el calendario de 2021, presumiblemente para el mes de noviembre. Ya han conseguido asomar la pata por la rendija de la puerta que les separa del blanqueamiento total de su imagen de cara al mundo exterior. 

El circuito de Nurburgring con visibilidad reducida Twitter (@F1)

Presentarse como un estado abierto, capaz de albergar los mejores eventos deportivos del mundo y recibir horas de televisión sin mostrar los conflictos sociales que vive el país y sin enseñar la total vulneración de los derechos fundamentales que sufren algunas personas no está pagado con dinero, algo que les sobra. Por ello, quieren acaparar lo máximo posible porque eso se traduce en la creación de una nueva imagen pública. Que se hable de Arabia por la nueva victoria de Hamilton, pero no por el asesinato de activistas o por el encarcelamiento de profesionales de la información. 

Además, este plan, cargado a reventar de millones de euros llegados desde las explotaciones de petróleo, no se limita solo a una carrera en 2021 en un circuito aun por construir a orillas del mar Rojo, sino que lo que pretenden es hacer de Yeda una sede fija con el trazado más espectacular que haya imaginado el hombre y todo, en 2023. Este es el megaproyecto de Arabia Saudí para tapar sus propias miserias, dinero para apoderarse de una parte de la Fórmula 1 y para crear, primero de forma personal y luego de forma permanente, el fin de semana más espectacular posible. 

Liberty Media, señalada

Este plan de Arabia Saudí para limpiar su imagen tiene dos puntos que deben conectar. El primero de ellos es el propio país árabe, que se ha lanzado a por la Fórmula 1 después de conquistar otros territorios como el Dakar y de haber puesto su semilla a germinar en territorios como el fútbol, la Fórmula E o el Wrestiling. El otro punto de este plan es la propia Fórmula 1, que se ha dejado convencer. 

En toda esa historia es muy importante el papel de dos instituciones. La primera de ellas es la FIA, la Federación Internacional de Automovilismo por permitir todo este despropósito. Y la segunda y gran causante de que todo esto haya podido rodar en paz es Liberty Media, la empresa dueña y organizadora de la Fórmula 1. Como propietaria del negocio, estudia y decide las posibilidades del mismo, desde los cambios en los reglamentos hasta las nuevas sedes pasando por el tratamiento televisivo que recibe. Y Liberty Media ha decidido que ir el próximo año a Arabia Saudí a cambio de una enorme cantidad de millones de euros es bueno. 

Amin H. Nasser, president and CEO of Saudi Aramco, speaks during a news conference in Dhahran HAMAD I MOHAMMED Thomson Reuters

Quizás, el hecho de que Aramco, la empresa considerada como la más poderosa del mundo y que gestiona las reservas de petróleo del país árabe porque pertenece al estado, sea nuevo patrocinador de la Fórmula 1, ha tenido algo que ver en este acuerdo. El sustento que Aramco le da al 'Gran Circo' y, por ende, a Liberty Media ha tenido su gran consecuencia, que el plan de Arabia Saudí vea por fin la luz y se abrace con sus fajos de billetes a la Fórmula 1. 

De esta forma, los dedos acusadores de la crítica, además de apuntar hacia Arabia Saudí, deberían apuntar también hacia Chase Carey, presidente y director de la Fórmula 1, y hacia John C. Malone, dueño de la empresa Liberty Media. Incluso, podría haber intervenido también en el acuerdo Stefano Domenicalli, quien será el sustituto de Carey en el cargo de CEO de la Fórmula 1 a partir de 2021, año en el que el mundial desembarque a orillas del mar Rojo para comenzar su aventura saudí. 

Chase Carey, presidente deLiberty Media.

Liberty Media ocupó el poder en la Fórmula 1 para convertirla en un mundo más espectacular, seguro y entretenido, pero no debería hacerlo a cualquier precio. Un lujoso y exclusivo circuito que promete ser el más impresionante jamás visto y una carrera nocturna en la costa del mar Rojo pueden sonar tentadores como sinónimo de espectáculo, pero cruza ciertos límites que Liberty Media debería haber tenido en cuenta. 

HRW alza la voz

Desde que se anunció el nuevo Gran Premio de Fórmula 1 de Arabia Saudí, han sido muchas las críticas que ha recibido la Fórmula 1 por aliarse con un estado que coharta los derechos fundamentales de las personas, que persigue la homosexualidad con la muerte, que limita las libertades de las mujeres y que incluso no las permite conducir. Además, se trata de un país en el que los trabajadores, en multitud de ocasiones, son tratados incluso como esclavos. 

Por ello, muchos consideran que la Fórmula 1 debería recular en su decisión de permitir que se termine celebrando ese ya famoso Gran Premio y de que se cree un vínculo entre un deporte tan seguido en el mundo y país que representa una total falta de valores, derechos y libertades. 

Hassa es hermana de el heredero al trono saudí, Mohamed bin Salman.

No es la primera vez que algunas asociaciones intentan detener la expansión deportiva de Arabia Saudí y su Plan Vision 2030, ya que algunas organizaciones como Amnistía Internacional están envueltas en numerosas batallas contra la limpieza de imagen que pretenden llevar a cabo muchos países árabes. 

Otra organización que ha decidido levantar la mano y no ceder ante la unión entre la Fórmula 1 y Arabia Saudí es Human Rights Watch, una ONG con sede central en Nueva York formada en 1978 y que trabaja y lucha por el respeto de los derechos humanos. Desde HRW le han pedido a la Fórmula 1 que estudie las condiciones sociales que existen en Arabia Saudí antes de formalizar su acuerdo y que incluso utilice el Gran Premio como moneda de cambio para la liberación de aquellos activistas que están encarcelados por intentar defender los derechos de las mujeres a, entre otras cosas, conducir precisamente. 

Dos mujeres saudíes por la calle. Reuters

Human Rights Watch pretende que la Fórmula 1 participe en esta guerra internacional para no pasar por alto la última cortina de humo de Arabia Saudí para tapar sus abusos y que, por lo menos, obtenga algo a cambio de ceder esa carrera que va en beneficio de la sociedad mundial y de la paz. 

La campaña de HRW

Human Rights Watch tiene decidido no rendirse y por ello han decidido crear una campaña para evitar que esto suceda sin que Arabia Saudí pague ningún peaje. La intención principal de esta campaña es contrarrestar el lavado de imagen que pretende llevar a cabo el país árabe y por ello prometen publicar un elaborado informe donde detallen todo el historial de violaciones y vulneración de los derechos que padecen allí algunas personas. De esta forma, quieren aprovechar la repercusión mundial que tiene una carrera de Fórmula 1 para dar a conocer la situación real de este territorio. 

Por otro lado, desde un punto de vista más ambicioso, Human Rights Watch pretende que la Fórmula 1 rechace el dinero que Arabia Saudí les ofrezca como muestra de repulsa hacia sus conductas. De esta forma, terminarían con el mayor arma que tiene el estado saudí, su dinero, el cual posee en cantidades casi ilimitadas y que utiliza para comprar aquello que le viene en gana, en especial, el silencio de sus socios. 

El Rey de Arabia Saudí ha reaparecido para dirigir una reunión de Gobierno. Gtres

HRW pretende que la Fórmula 1 se convierta en el líder de su bando en esta guerra internacional para que cada vez más instituciones y eventos se atrevan a rechazar las propuestas y la vinculación deportiva con el país árabe. La organización confía en que este pueda ser el primer paso de un largo camino para acabar con los abusos de Arabia Saudí y con la política de usar el deporte para tapar sus malas artes. 

Habrá que esperar también para ver qué papel adoptan y cómo actúan los otros grandes actores de la Fórmula 1, los pilotos y los equipos, que al fin y al cabo serán los que tengan que viajar hasta allí para batirse el cobre en lugar donde saben atrocidades orquestadas desde el gobierno. La Fórmula 1 ha adoptado este año un papel más reivindicativo que nunca, especialmente en la lucha contra el racismo y esta podría ser una nueva lacra contra la que manifestarse. 

[Más información: HRWA pide la liberación de activistas a la Fórmula 1 a cambio del Gran Premio de Arabia Saudí]