El nombre de Ibtihaj Muhammad, deportista en la disciplina de esgrima, no les sonará. Y es normal. Al fin y al cabo, ella nunca ha querido ser protagonista. Sin embargo, a pocos días de la ceremonia inaugural de Río 2016, hay pocos estadounidenses que no la reconozcan cada vez que la ven por televisión. De hecho, su historia está poco a poco dando la vuelta al mundo. ¿La razón? Será la primera deportista que competirá con un hiyab (velo) como estadounidense en los Juegos Olímpicos. Y lo hará, precisamente, como método de lucha contra todos aquellos que la miran de reojo por ser musulmana. Uno de ellos, Donald Trump (candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos), al que dirige cada una de sus estocadas y acusa de incitar al “odio”.



Su historia responde a los cánones del sueño americano. Ibtihaj, de origen afroamericano, nació en Nueva Jersey hace 30 años. Y allí se crió fruto de un matrimonio entre un policía y una profesora. Con gusto por cualquier actividad física, pero con un problema de por medio: en la mayoría de las disciplinas no la dejaban practicar deporte con hiyab. Por lo tanto, tuvo que optar por la esgrima. Y allí encontró su lugar, reconociéndose como diferente y recibiendo insultos, pero también ganando su particular batalla desde los 13 años, edad a la que comenzó a soñar con ser olímpica.



Ibtihaj Muhammad empezó cuando era casi una niña y ha conseguido hacer de la destreza con el florete su forma de vida. De hecho, la Universidad de Duke la premió con una beca tras ser la mejor en su disciplina durante su etapa escolar. Y de allí salió con dos títulos bajo el brazo, el de Relaciones Internacionales y el de Estudios Africanos. Progresando en su deporte, pero también avanzando en sus estudios sin cesar en su empeño de representar a Estados Unidos en unos Juegos. Y, precisamente, en 2012 estuvo a punto de ir a Londres. Consiguió clasificarse, pero tuvo que renunciar por una maldita lesión de muñeca.

Ibtihaj Muhammad, con el uniforme de Estados Unidos. Facebook de Ibtihaj Muhammad



Sin embargo, tras aquel varapalo, Ibthaj no perdió la esperanza. Al fin y al cabo, no ha parado de superar situaciones adversas durante toda su vida. Primero, tras el 11-S, soportando el rechazo de muchos estadounidenses, y, actualmente, sufriendo la islamofobia de parte de la sociedad, que cada vez mira peor a cualquiera que se confiese musulmán tras los atentados de París. “Ahora puedo contestar con mi imagen a la gente que cuestionaba que los negros pertenecieran al mundo de la esgrima. O que las mujeres musulmanas no pudieran practicar deporte. O que los musulmanes no tuvieran un hueco en el equipo olímpico americano. Por tanto, me siento realizada”, ha confesado a pocos días de debutar en Río.



Su lucha por los derechos humanos le ha reportado la simpatía de su comunidad y también la de otros muchos americanos. Entre ellos, el matrimonio Obama, al que ha visitado en la Casa Blanca. De ahí que la revista Tim la haya incluido entre las 100 personas más influyentes del mundo. Pero no sólo por eso, Ibthaj, por ejemplo, decidió invertir en ropa para musulmanas. ¿La razón? Ante la imposibilidad de llevar ropa ajustada, tal y como dicta su religión, echaba en falta poder comprar prendas anchas. Y para ello decidió crear su propia marca.   



Ahora, a pocos días de debutar en Río, ha olvidado definitivamente aquellos insultos y comentarios sobre su color de piel o sobre su religión. Ha logrado la clasificación para los Juegos y allí tratará de conseguir una medalla. Y lo hará por y para Estados Unidos, su país y su patria, pero también por todos los musulmanes que aguantan día a día cualquier tipo de comentario racista. Pero, sobre todo, para golpear a Donald Trump. Todo sea por la gloria olímpica.

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