Kylian Mbappé, decían, iba para estrella. Era, hace menos de un año, una promesa en ciernes, un talento por explotar –aunque ya había brillado en la Champions League–. Lo tenía todo y tan solo le faltaba demostrarlo en una gran cita. No lo pudo hacer en la Champions, donde el PSG quedó eliminado por el Real Madrid en octavos, pero sí lo ha podido hacer en el Mundial de Rusia.



Después de permanecer al acecho durante la fase de grupos, emergió nada más empezar el partido como el líder de Francia en cuanto han llegado las eliminatorias. Ante Argentina, con una carrera que empezó en su campo y terminó en territorio enemigo, en el área de Franco Armani. Y, una vez allí, cayó. Marcos Rojo lo derribó –y vio la roja– y el árbitro pitó penalti.



Después, Griezmann, que ya había mandado una falta al travesaño, sólo tuvo que colocar la pelota en el punto fatídico, mirar a Armani a los ojos y colocar el balón dentro de la portería para hacer el primero de Francia. Era el minuto 13, Messi palidecía con los brazos en jarra en el centro del campo y la selección de Didier Deschamps, comandada por Mbappé, se ponía por delante. Y, además, jugando mucho mejor que Argentina.



Si la selección francesa no había brillado demasiado en la fase de grupos, lo empezó a hacer en el momento justo: en los octavos de final de este Mundial. Muy al contrario que Argentina, que se metió en la siguiente ronda con un tanto de Marcos Rojo a cinco minutos del final contra Nigeria y empezó con muchos problemas estos octavos: desordenados, con Higuaín en el banquillo y la cuarta alineación diferente en cuatro partidos.

Y, mientras, ya saben, Mbappé reencarnándose en Ronaldo el ‘gordo’, pues esa carrera recuerda al que fuera jugador de Real Madrid y Barcelona. Y tiene 19 años. Sólo 19 años. Pero no sólo eso. También otros dos goles para redondear la tarde y darle el pase a cuartos de final a Francia (4-3). 

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