Tres temporadas atrás, Xavi colgaba las botas: alzaba los brazos, aplaudía al respetable y enfilaba hacia el vestuario por última vez. Se despedía, quizás, el mejor centrocampista de la historia de España. Se marchaba. Punto y final. Y, en Barcelona, mientras tanto, le buscaban un sustituto. Quién podría ocupar su lugar. ¿Rakitic? Definitivamente, cumplía, pero no era él. ¿André Gomes? Jamás. ¿Arda Turan? En la vida. En este trayecto, lo intentó Cesc, bendecido desde Londres y por Pep Guardiola -al menos, en un inicio-. Pero no fue capaz. O no le dejaron. Incluso Thiago se atrevió a atentar con ocupar su lugar, pero fue traspasado antes de que se cumpliera la transición. En el Camp Nou tenían un problema. O, mejor dicho, dos: la retirada de Iniesta también deja un hueco importante, por mucho que se le quiera atribuir a Coutinho su papel.



¿Y en la selección? Más de lo mismo. Allí, Lopetegui ha encontrado a jugadores que cumplan su rol (Isco, Koke, Saúl…), pero siguen sin tener su influencia. Y, mientras, Thiago no ha conseguido hacerse con el puesto de titular. No ha cogido las riendas. Juega, es importante, pero no es imprescindible –como sí lo era Xavi–. Su peso en el vestuario y en el juego es menor. Eso es una realidad. No obstante, a sus 27 años, tiene margen para cambiar esa realidad: puede dar un paso importante en este Mundial de Rusia. Ese es su objetivo. Es más, tratará de hacerlo en pos de regresar a Barcelona: en la Ciudad Condal lo quieren y estarían dispuestos a pagar lo que hiciera falta para que regresara al Camp Nou.

Thiago celebra su gol contra Argentina. Reuters



Pero bien, ¿por qué a su edad todavía no ha pegado el estirón para sustituir a Xavi? En gran medida, por las lesiones. Guardiola confió en él al llegar a Múnich –y, además, aprovechó que el agente del hispano-brasileño era su hermano– y pidió su fichaje nada más llegar a Alemania. Allí llegó por poco más de 25 millones de euros para ser el faro sobre el que girara todo el juego del Bayern. Sin embargo, sus reiteradas lesiones evitaron su explosión. En su primera campaña, jugó 25 partidos; y en la segunda, tan solo 13. Esas dificultades cortaron en seco su progresión.



Después, Thiago ha acumulado partidos (42, 41 y 32 respectivamente en las tres últimas temporadas) y ha convencido al Bayern de Múnich, pero no se ha convertido en imprescindible. Por ese motivo, desde algunos medios alemanes (Bild, entre ellos), apuntan a que el centrocampista estaría dispuesto a llegar a Barcelona. Tras cinco años en la Bundesliga, tiene ganas de cambiar de aires. Él quiere volver y en el club no le pondrían demasiados problemas siempre que llegue una buena oferta. Al fin y al cabo, Rummenige, Hoeness y cía quieren cambiar a casi todo el equipo de cara a la próxima temporada (incluido Lewandowski, que saldrá este verano).



Por todo eso, a sus 27 años, tiene complicado ser Xavi. Thiago se tendrá que conformar con ser él mismo. Podría llegar a su influencia si da un golpe de autoridad en este Mundial y, al regresar a Barcelona, consigue lo mismo que el centrocampista catalán. De momento, está lejos de él. La otra opción pasa por volver a fichar por un equipo de Guardiola. El Manchester City también está interesado en el jugador. De hecho, el hispano-brasileño no lo vería tampoco con malos ojos, pero su primera opción pasa por regresar a Barcelona. Pero no sólo le valdrá con eso. También tendrá que ser más regular para convencer a los descreídos. En primera instancia, ya decimos, haciendo un buen papel en el Mundial. Sin corona no hay paraíso ni trono.

Thiago, durante un partido con la selección.

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