Moscú

La liebre saltó con la aparición de un albañil de 47 años muerto en San Petersburgo, supuestamente por un ataque al corazón. Su cuerpo se encontró en un contenedor de transporte en las obras de construcción del estadio Krestovski, que en junio acogerá el partido de inauguración del Mundial. No era el primer fallecido en las obras ni sería el último, pero este era distinto, miembro de las cuadrillas de norcoreanos a las que por su ética espartana y bajo precio han recurrido los contratistas de las obras del Mundial según se ha echado la fecha encima.

“Son asequibles, rápidos y más fiables que los obreros rusos. Sólo trabajan de sol a sol”, se jacta Yulia Kravchenko, dueña de una pequeña empresa de reformas en Vladivostok, conocida por emplear albañiles del país vecino. “Son gente laboriosa y decente, no se escaquean, no se toman largos descansos ni hacen pausas para fumar”, publicita la web de la empresa.

Un total de unos 100.000 norcoreanos trabajan en el extranjero, unos 47.000 de ellos en Rusia, según datos de 2015 del Servicio Federal de Inmigración ruso. Acostumbran a asumir los conocidos como chorny raboty, empleos sucios, aquellos que implican trabajo físico a la intemperie y que no quieren los rusos, como la construcción o la tala de madera en bosques siberianos.

"Son como prisioneros de guerra"

La mayoría trabaja en las regiones vecinas de Lejano Oriente, aunque para las obras del Mundial se ha hecho una excepción. “A menudo se encuentran en condiciones de esclavitud, las compañías que los contratan se convierten en cómplices de un sistema inaceptable de trabajo forzado”, denuncia Marzuki Darusman, investigador especial de la ONU sobre Derechos Humanos en Corea del Norte.

Cuando se conoció el caso del albañil fallecido, cuatro federaciones escandinavas se quejaron formalmente a la FIFA de las condiciones de los obreros norcoreanos en los trabajos para el Mundial de Rusia, siempre supervisados por un “capitán” para evitar su ‘deserción’. "Estos muchachos tienen miedo de hablarle a la gente, no miran a nadie, son como prisioneros de guerra", relata a The Guardian uno de los contratistas del estadio de San Petersburgo, en cuyo último año de construcción han participado alrededor de 200 albañiles norcoreanos distribuidos en tres cuadrillas.

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Según su testimonio, estos obreros trabajaban 11 horas diarias de lunes a domingo por entre ocho y 13 euros al día, un dispendio amparado por una ley rusa aprobada en 2013, que exime a los empleadores que participan en las obras del Mundial de gran parte de las regulaciones laborales del país.

“Son muy buenos trabajadores, como hormigas, pero se les ve infelices, no tienen vida”, cuenta un albañil ruso que compartió andamio con ellos. El campamento donde pasaron el invierno y se hospedaron hasta mediado el año, cuando terminaron al fin las obras, estaba a 200 metros del estadio, una zona rodeada de alambre de espino y viejos contenedores de transporte haciendo las veces de barracones.

La FIFA no ve nada raro

La FIFA está satisfecha con el ritmo de las obras y evita meterse en charcos. Gianni Infantino salió al paso de la reclamación de los países escandinavos con la promesa de “inspecciones periódicas” y ofreció una condena genérica a la explotación de los norcoreanos en el mundo, pero sin mención directa a Rusia: “La FIFA conoce y condena firmemente las a menudo espantosas condiciones laborales bajo las cuales trabajan los obreros norcoreanos en varios países del mundo”.

La organización del Mundial, una vez saltó la polémica, no ocultó que se han empleado albañiles del país vecino, si bien aclara que “sus condiciones de trabajo no son muy diferentes a las de los otros obreros”, en palabras de Alexei Sorokin, consejero de la FIFA y director del Mundial. Inspecciones periódicas.

El menos preocupado por el asunto parece el propio régimen de Pyongyang, que no va a arriesgar sus lazos con Rusia, con la que comparte 20 kilómetros de frontera y uno de los pocos países del mundo con los que mantiene relaciones diplomáticas cordiales. Por otra parte, las remesas de divisa extranjera de estos trabajadores se han convertido en esenciales dado el aislamiento internacional y las sanciones al país.

El sueldo de los albañiles, para Kim Jong-un

Es el propio régimen el que promueve la emigración laboral supervisada a vecinos ‘amigos’ con tratado de extradición (China y Rusia). El Partido se queda con aproximadamente la mitad del salario de esos albañiles, según se les explica, una contribución a la “defensa de la patria”.

De hecho, Pyongyang temió en verano que Rusia mandase de regreso a casa a los trabajadores norcoreanos en su territorio, en plena escalada de tensión por los ensayos nucleares, pero se impuso el pragmatismo. Y es que los albañiles norcoreanos, además de eficientes, son baratos, y una de las consignas de este Mundial es la contención del gasto.

Primero, porque Rusia aún no se ha recuperado de la crisis económica por las sanciones y la caída de precios del petróleo, y segundo, para evitar que se repita la mala prensa de los JJOO de Sochi, los más caros de la historia. 44.000 millones de euros costaron frente a los 8.800 presupuestados, principalmente por flagrantes casos de corrupción y malversación.

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