Hay días, partidos y noches que se resumen en imágenes. En este caso, dos. Una, la del Liverpool, celebrando su vuelta entre los grandes de Europa, festejando en un escenario sin tradición, un Etihad que sigue al margen de las glorias continentales. Y otra, la de Pep Guardiola, desquiciado en el descanso por el gol anulado a Sané, expulsado por Mateu y silente en la grada, observando su hecatombe personal junto a Manel Estiarte en una semana para olvidar. O lo que es lo mismo: derrota en contra el Liverpool en Anfield (3-0), ante el United en el derbi de Manchester (2-3) y en su propio estadio para quedar eliminado de la Champions League [narración y estadísticas: 1-2].

Guardiola, desquiciado



Poco importa que en la previa, Guardiola quisiera exorcizar el escenario, arrancar del alma los malos augurios y apelar a una “noche mágica”. “Este equipo las necesita para ser grande”, añadía. Y lo cierto es que el City lo intentó. Escuchó el rumor de la batalla, el himno de la Champions y salió en tromba. Se había marcado un objetivo: anotar un gol en los primeros 10 minutos. Y lo hizo antes. Nada más comenzar, inauguró el marcador: Sterling se la puso a Gabriel Jesús y éste la empujó. 1-0 en el arranque y a soñar. O, mejor dicho, a seguir con el plan establecido: tocar la pelota, mantener la posesión y meter al Liverpool en su campo.



Sin embargo, el control no derivó en goles. A pesar de las intentonas de De Bruyne, Sané y cía, el electrónico no se movió hasta el descanso. Ni siquiera con el disparo a la madera de Bernardo Silva. Y, ni siquiera, tras un gol anulado injustamente a Sané –Milner rompía el fuera de juego–. El Manchester City no pudo anotar antes del descanso y lo pagó caro. Podría no haberlo hecho, pero lo hizo. ¿La razón? Se desquició antes de enfilar hacia los vestuarios con Pep a la cabeza. 



Los jugadores, antes de entrar por el túnel, fueron a recriminarle a Mateu Lahoz sus decisiones y Guardiola, aunque saltó al campo para apartar a sus pupilos, acabó reprochándole al colegiado español sus decisiones. ¿Resultado? El árbitro español expulsó a Pep y pareció mandar fuera también a su equipo, porque lo cierto es que el City ya no volvió a entrar en el partido. Perdió a su entrenador, la cabeza y las razones deportivas. Al otro lado, no hay que olvidarlo, estaba el equipo de Jürgen Klopp. 



Los Sky blues comparecieron en la segunda mitad, pero la esperanza tornó en decepción a los pocos minutos, los que tardó Salah en aparecer dentro del área, marcar el empate y consagrarse, también, como uno de los grandes de Europa. El egipcio, sin duda, es el jugador de la eliminatoria. Él y Firmino, autor del segundo, que aprovechó un error de Otamendi para subir el definitivo 1-2 al electrónico y finiquitar la eliminatoria. Para expulsar, una vez más, a Guardiola de la Champions League, porque el técnico español, desde que se marchara del Barcelona, no sabe lo que es estar en una final de la Champions. Desde luego, es para desquiciare. 

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