Pep Guardiola tuvo su 0-4 contra el Real Madrid, su 3-0 frente al Barcelona, su adiós en semifinales a manos del Atlético de Madrid y su pesadilla en Mónaco. Tuvo todo aquello y tiene para añadir, este miércoles, otro batacazo: una derrota en Anfield, una caída con estrépito en Liverpool y, seguramente, otra eliminación en Champions. Su despedida, aunque quede la vuelta, está próxima. Después de gastar 528 millones de euros en dos temporadas, tras apuntalar con Laporte su equipo este invierno, con mejores jugadores que su rival –ya lo dijo Jürgen Klopp en la previa– y con su lazo –ese que no falte–… Después de todo eso, se pegó un batacazo histórico. Su Manchester City sucumbió a un baño en la primera mitad, fue incapaz de cambiar la dinámica en el segundo tiempo y capituló en otra noche europea para olvidar [narración y estadísticas: 3-0].



Pero, claro, al otro lado estaba su némesis, su kriptonita, el tipo que había roto su racha de victorias en la Premier League, el entrenador que en su periplo germano le arrebató dos Supercopas de Alemania y lo eliminó en semifinales de Copa en el Allianz Arena. Jürgen Klopp sabía cómo ganarle a Pep. Ya lo había hecho. Y, esta vez, repitió planteamiento, estilo y resultado. Le dio a los suyos un par de directrices y ellos las pusieron en práctica a la perfección. El Liverpool le entregó la pelota al City en la primera mitad. No la quiso. No la necesitaba. Para qué, pensarían. Esperó en su campo… y se tiró al cuello de su rival con un Salah inconmensurable.

Con el City manteniendo el control, la estrella egipcia salió al contraataque, se la dio a Firmino y llegó para aprovechar el error de Walker y anotar el primero del partido. El Liverpool engrasó la maquinaria, la puso en marcha y no atentó con pararla en ningún momento. De hecho, incrementó el ritmo progresivamente y pronto se encontró con el segundo: Chamberlain le pegó desde fuera del área y la colocó en la escuadra: 2-0. Entonces, nadie se esperaba lo que estaba por venir: un tercero antes de que acabaran los primeros 45 minutos. Este último, de Mané, que remató de cabeza un centro de Salah y hundió al equipo de Guardiola antes del descanso. Un baño en toda regla.



Aunque el asedio, como era previsible, menguó por dos razones. Por un lado, porque el City salió mejor en la segunda mitad. De nuevo, se pidió tocar la pelota y mantuvo la posesión, pero fue incapaz de crear ocasiones. “De poco sirve tener el balón si no eres capaz de crear algo con él”, solía decir Guardiola en Alemania. Y eso, precisamente, es lo que le ocurrió a su equipo. Y, por el otro lado, el Liverpool se dedicó a defender el resultado. Sobre todo, después de la lesión de Salah, que se tuvo que retirar en el minuto 52.



Importó poco. El conjunto 'red', inconmensurable en la primera mitad, aguantó el segundo tiempo. Dejó que el Manchester City tocara la pelota, que mantuviera la posesión y que creara ocasiones, pero como aquel Inter de Mourinho en el Camp Nou, se metió bajo palos y no dio ninguna opción al equipo de Guardiola. Y, finalmente, levantó los brazos. Se llevó un resultado que le debería valer para estar en semifinales. Está por ver. Al otro lado, también, está Guardiola, el equipo campeón de la Premier League. Sí, todo eso es verdad. Pero, salvo milagro, o salvo una nueva debacle, el conjunto de Jürgen Klopp debería clasificarse para semifinales. ¿Y Pep qué, otra vez campeón de Europa sin el Barcelona?

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