Aleksander Ceferin aprovechó el 50º Congreso de la UEFA celebrado este jueves para escenificar el cierre definitivo de la guerra abierta con el Real Madrid y el Barcelona a cuenta de la Superliga, en la que llegó a ser la mayor crisis institucional del fútbol europeo moderno.
El presidente del organismo continental, visiblemente satisfecho, sostuvo que "solo ha ganado el fútbol, nadie más" y celebró el regreso de los dos gigantes españoles "a nuestra familia".
El dirigente esloveno puso el foco en su relación personal con Florentino Pérez, tras años de choques públicos y batallas en los tribunales europeos.
"Tuvimos algunos desacuerdos con Florentino Pérez, pero nunca perdimos el respeto mutuo y no perdimos el amor por este deporte", aseguró ante las federaciones, subrayando que el pulso por el modelo de competición no llegó a romper los puentes personales con el presidente del Real Madrid.
Ceferin enmarcó este acuerdo en un contexto más amplio, marcado -según recordó- por la pandemia, las guerras y la tensión económica que han sacudido Europa en los últimos años.
Frente a ese escenario, defendió que el fútbol continental "triunfó porque nos mantuvimos unidos" y presentó la reconciliación con Madrid y Barça como una prueba de que el sistema de competiciones europeas puede absorber tensiones sin estallar.
El presidente de la UEFA aprovechó también para destacar el papel de Nasser Al-Khelaifi, máximo dirigente del PSG y figura clave en la oposición a la Superliga, al que atribuyó un rol fundamental en las negociaciones que han devuelto a los clubes rebeldes al redil. Su mensaje insistió en la idea de que los clubes "aportan ambición", pero deben hacerlo dentro de un marco común y respetando las reglas colectivas.
Aleksandre Ceferin, en el 50º Congreso de la UEFA
En su discurso, Ceferin reivindicó con fuerza el actual modelo de competiciones europeas, frente a quienes vaticinaban su fracaso. Defendió que las nuevas estructuras son "más competitivas", generan mayores audiencias e ingresos y, sobre todo, permiten incrementar los fondos destinados a solidaridad y fútbol base en todo el continente.
Para el esloveno, la clave del éxito reside en un equilibrio entre mercado y redistribución que, a su juicio, la Superliga ponía en peligro.
El máximo dirigente del fútbol europeo advirtió además contra el uso del fútbol como arma política y cargó contra la idea de exportar partidos de Liga a otros países, en un mensaje velado hacia proyectos como el de LaLiga de disputar encuentros oficiales fuera de España.
A su juicio, sacar los partidos del territorio de cada campeonato "haría que el fútbol pierda identidad" y debilitaría el vínculo con los aficionados locales, que considera la verdadera base del juego.
Ceferin dedicó también parte de su intervención a responder a quienes sostienen que las nuevas generaciones se están alejando del fútbol. Recalcó que los estadios se siguen llenando y que, en un mundo dominado por las pantallas y la inteligencia artificial, "ningún algoritmo ni bots puede imitar a lo que sucede en un partido de fútbol", defendiendo el carácter real y emocional del juego como su principal fortaleza de futuro.
La escenificación de la paz con el Real Madrid, el guiño a Florentino Pérez y la apelación constante a la unidad dibujan a una UEFA que quiere cerrar definitivamente la página de la Superliga y presentarse como garante de un fútbol europeo estable, competitivo y, sobre todo, bajo una única estructura de poder.
