Roman Abramovich pasará a ser historia del Chelsea dentro de muy poco. Concretamente lo que tarden tanto el fondo de inversión Raine Group como el gobierno británico en dar el visto bueno a las ofertas presentadas para adquirir el equipo. La familia Ricketts, propietaria de los Chicago Cubs, es una de las que aspira a hacerse con la entidad. Sin embargo, no parece que lo tengan nada fácil después de denunciar una supuesta guerra sucia de sus rivales para apartarles de la pelea.

La familia Ricketts no tardó en saltar a los medios de comunicación tras presentar su oferta por el Chelsea. Una de las razones es su popularidad en Estados Unidos al ser los propietarios de los Chicago Cubs, franquicia de la MLB. Pero también, y aquí esta una de las claves de la oposición que generan, por los mensajes xenófobos que se filtraron hace tiempo de Joe Rickkets, padre de la familia y creador de todo su imperio. 

El mayor de los Ricketts participa de la propuesta enviada por el grupo para comprar el Chelsea. Y aunque no fuera él quien gestionaría el club, su vinculación es evidente. Los mensajes de la polémica hablaban de las personas musulmanas como enemigas. "El cristianismo y el judaísmo se basan en el amor, mientras que el islam se basa en matar al infiel, una cosa malvada", decía en uno de los correos electrónicos filtrados. En otros situaba a Barack Obama, por entonces presidente de Estados Unidos, como una "planta saudí/musulmana" que se había infiltrado en la Casa Blanca.

La familia Ricketts en el estadio de los Chicago Cubs. joericketts.com

Todo este historial es el que ha despertado a los grupos más cercanos al Chelsea. Varias asociaciones de aficionados han salido a protestar y han protagonizado una especie de manifestaciones donde se oponen frontalmente a que los Ricketts se hagan con el club. Sin el apoyo de los ultras, en un club de la Premier League, es prácticamente imposible sobrevivir. 

Estos contratiempos que han debilitado la candidatura de los Ricketts, según han contado fuentes de la familia a ESPN, forman parte de una guerra sucia que puede acabar siendo clave en la compra del Chelsea. El grupo estadounidense sospecha que las candidaturas rivales (un total de tres) están alentando estas reacciones de los aficionados más radicales para dejar atrás a los Ricketts. Otras informaciones, señala el portal, hablan de una preocupación en el gobierno británico de que los Ricketts acaben adquiriendo el equipo.

De igual manera, también hay informaciones nacidas desde candidaturas rivales que no dejan en buen lugar a los Ricketts. Y es que a esos mensajes racistas se suma, según publicó The Times, la denuncia de otras candidaturas de cierto favoritismo respecto a los Ricketts. Una campaña que, como es evidente, sitúa a los propietarios de los Chicago Cubs en el centro de todas las miradas y que convierten en proceso en algo más que en una simple compra del Chelsea.

Para calmar los ánimos, miembros de la familia Ricketts se ha reunido con algunos de los grupos de aficionados que habían mostrado su rechazo. Una de las figuras clave puede ser Laura Ricketts, una de las hijas de Joe y que está empleando su condición de persona LGTBI para mostrar una imagen de lucha contra la discriminación.

La venta final

Se espera que en los próximos días se ponga fin a todo el procedimiento. El fondo de inversión estadounidense Raine Group es quien está gestionando todo. Al ente norteamericano han llegado cuatro ofertas: la de los Ricketts, la de un consorcio con el expresidente del Liverpool Martin Broughton involucrado, otra relacionada con los dueños de Los Angeles Dodgers y una última relacionada con Stephen Pagliuca, que es uno de los propietarios del Atalanta.

Una vez que Raine Group realice sus análisis de las ofertas, el gobierno que encabeza Boris Johnson deberá dar el visto bueno a la operación. La Premier League también tendrá que aprobar el proceso tal y como hiciera hace unos meses con la adquisición por parte de un fondo saudí del Newcastle. Tras pasar todos estos exámenes, el nuevo propietario del Chelsea podrá ponerse manos a la obra.

Roman Abramovich en el palco del Chelsea John Walton / PA Wire / dpa

El club inglés se encuentra en estos momentos en una situación inédita. Como activo de Roman Abramovich, se ha visto afectado por las sanciones que incluían congelar todos los bienes del oligarca ruso. Por lo tanto, el Chelsea no puede gastar ni ingresar fondos a sus cuentas. El ejecutivo británico permitió que hubiera aficionados ante el Real Madrid y está controlando la venta de entradas en duelos domésticos, pero tiene cerradas las tiendas y hoteles vinculados con el club.

Una vez haya una oferta aprobada, Roman Abramovich desaparecerá por completo de la gestión del Chelsea. Según anunció el ruso, los beneficios obtenidos irían destinados a las víctimas de la situación en Ucrania. Una promesa que lanzó cuando puso el club en venta y que habrá que ver si se acaba cumpliendo. Mientras tanto, la guerra sucia entre los candidatos se dispara y el Chelsea busca aguantar la crisis en el ámbito deportivo. 

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