El fútbol femenino confirmará su auge la próxima temporada. La disciplina lleva años trabajando por hacerse un hueco en el sector. Ganar relevancia a nivel económico y deportivo, pero también en el ámbito social. Y, finalmente y después de mucha lucha, todo indica que lo han conseguido. 2021 dará a parar, por primera vez en la historia del deporte nacional, una liga profesional de fútbol femenino.

La actual Liga Iberdrola pasará a tener el mismo estatus que otras como La Liga o la Liga Endesa, hasta el momento únicas competiciones consideradas como profesionales en España. Todo un paso adelante para la liga pero que, además, supone un antes y un después en la forma de gestión del torneo. A partir de la siguiente campaña serán los clubes los que organicen toda la liga y la influencia de la RFEF, en estos momentos absoluta al ser la organizadora, quedará reducida a pactos como los que se realizan con el fútbol masculino. El sindicato AFE, en representación de las jugadoras, también ha jugado un papel determinante.

Un cambio de 180 grados a la disciplina femenina y que se producirá después de meses de peticiones por parte de los clubes y trabajo desde el Gobierno. La competición pasará de una parálisis total por culpa de la Covid-19 a toda una revolución en términos de funcionamiento. Y ello en tan solo unos meses, donde también ha contado con la aparición de un altavoz mediático e internacional como el Real Madrid Femenino. De ver el infierno del deporte tras la explosión de la pandemia sanitaria a sentirse a la misma altura legal que el deporte profesional masculino.

Las jugadoras del Real Madrid Femenino celebran el gol de Marta Cardona ante el Athletic. Twitter (@realmadridfem)

La única desventaja con la que podrían contar, visto lo sucedido en el deporte profesional español, es en la asistencia de público por razones sanitarias. En este inicio de temporada y, aunque con altibajos por los aumentos y descensos de contagios por la Covid-19, las competiciones no profesionales están pudiendo albergar aficionados en los estadios. Las profesionales, dependientes del CSD, no. En enero habrá una nueva reunión para tratar este regreso e, igualmente, el fútbol femenino no se verá afectado teniendo en cuenta el plan de vacunación y la idea de que la próxima temporada los estadios puedan estar al máximo.

Independencia

La gran ventaja de ser competición profesional es la independencia que da a los clubes con respecto a las competiciones no profesionales. Estas segundas, en lo que al fútbol se refiere, son gestionadas por la Real Federación Española de Fútbol. En el caso de ser profesional, son los propios clubes los que organizan y gestionan su propia liga a través de una asociación de nueva creación en la que todos los participantes estarán presentes.

Esta asociación, como es LaLiga en el mundo masculino, será la encargada de dirigir la competición tanto en los aspectos deportivos como, muy importante, los económicos. Derechos televisivos y temas similares que en los últimos meses están causando una gran pugna entre Federación y clubes y que, sin embargo, a partir del año que viene acabará. La influencia de la RFEF, por lo tanto, será mínima y se limitará a acuerdos como el del calendario y otros asuntos de la competición.

Además, pasará a ser competencia del CSD, como ha ocurrido con La Liga y Liga Endesa durante la pandemia. Mientras las competiciones no profesionales dependían de RFEF y Comunidades Autónomas, las profesionales se tenían que guiar por lo que dictaminaba el Gobierno. En el tema del público así se ha podido comprobar.

El espejo de la Covid

La pandemia ha ayudado a acrecentar la urgencia de que el fútbol femenino fuera considerado competición profesional. Mientras La Liga, la Liga Endesa y hasta otras competiciones dependientes de la RFEF como el fútbol sala organizaban el final de sus propias ligas, el fútbol femenino tuvo que conformarse con no volver a competir cuando la pandemia dio un respiro.

La Federación decidió no organizar ningún formato exprés para poder concluir la temporada y puso punto y final al año deportivo en el fútbol femenino en marzo. El Barcelona confirmó en mayo que era el campeón de la liga y se consolidó la idea de una próxima temporada, esta 2020/2021, con 18 equipos en la élite femenina.

Kheira Hamraoui celebra el tanto del Barça ante el Atlético de Madrid en la Women's Champions League Twitter (@FCBFemeni)

Según han venido trasladando los clubes tanto en público como en privado, la RFEF no llegó a contactar con ellos para recuperar la competición y poder finalizar la temporada. No hubo opción. Mientras el deporte se reiniciaba, el femenino se encontró con una piedra en el camino que supuso un frenazo a su crecimiento.

Una situación que poco después fue a peor: la Federación pospuso el inicio de la campaña del 5 de septiembre a octubre y la falta de organización afectó a la gestión interna de cada entidad. Algo que, de ser profesionales, no habría ocurrido. Mientras la liga nacional estaba paralizada, en España se desarrollaba la Champions femenina en colaboración con la UEFA y con Atlético y Barcelona presentes.

La decisión del Gobierno

Convertirse en competición profesional requiere del visto bueno del Gobierno, en este caso representado por medio del Consejo Superior de Deportes que lidera Irene Lozano. Los clubes venían reclamando ese reconocimiento, durante los meses de pandemia y con la criticada gestión federativa, la petición fue ganando fuerza. Y, finalmente, se ha acabado confirmando el sueño que gran parte del fútbol femenino nacional tenía. De por medio ha habido numerosos encuentros para evaluar la situación. Pero, además, estas últimas semanas se continúa trabajando en la profesionalización con una colaboración entre CSD y clubes.

Uno de los encuentros que marcaron un antes y un después fue el que se produjo a inicios de septiembre. Ya a mediados de agosto, cuando la tensión en el fútbol profesional no paraba de crecer, las principales asociaciones reclamaron una reunión con el CSD. La RFEF no les tenía en cuenta y optaron por acudir al ente liderado por Irene Lozano para que se escucharan sus explicaciones sobre la crisis de la Covid-19 en el deporte.

ProLiga, ACFF y la LNFS se reúnen con el director general del CSD, Joaquín Arístegui LNFS

La respuesta tardó en llegar, pero se produjo. Irene Lozano no iba a acudir a la reunión, pero sí que lo haría su número dos y una de las personas mejor consideradas del CSD como Joaquín de Arístegui, director general de deportes. El simple hecho de aceptar la reunión ya suponía un éxito para las asociaciones, entre ellas ACFF, que lograban esquivar la marginación de la federación para encontrarse con el Gobierno.

A principios de septiembre se realizó el encuentro y, como publicó en exclusiva EL ESPAÑOL, las sensaciones de todos los presentes fueron muy positivas. Pusieron en valor la actitud del director de deportes y, en lo que respecta al fútbol femenino, quedó clara una cosa: había que acometer la profesionalización. Una de las razones que más se subrayaron fue la presión social. En los tiempos que corren, en plena lucha por la igualdad de género, que la máxima categoría del fútbol femenino fuera profesional era una obligación.

Así lo han trasladado en numerosas ocasiones desde el equipo de Irene Lozano. Era una de sus prioridades. Y así sigue siendo. 20 días después de la reunión, la presidenta del CSD confirmó públicamente que la 2021/2022 sería la primera temporada con la liga femenina como profesional. En las últimas fechas han continuado las labores para tener bien organizada la transición y el trabajo continuará en 2021. Todos sus esfuerzos están puestos en este objetivo.

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