Jesé, el mejor canterano que ha producido la academia en la última década”, “el futuro Cristiano Ronaldo”, “el jugador más prometedor en años”… Hubo un tiempo el que no paró de recibir elogios. Antes de romperse el ligamento cruzado de su rodilla derecha en 2014, contra el Schalke, el canario estaba llamado a ser muchas cosas. Era el futbolista de moda, la próxima estrella del firmamento. Brillaba, deslumbraba y dejaba que los aplausos lo auparan cabalgando por la banda del Santiago Bernabéu. El himno de la Champions lo acariciaba y él acudía a su encuentro en aquella maldita noche. Un crujido, una camilla y el hospital. Entre seis y siete meses de baja. Un calvario que empezó aquel día y que no parece terminar.



Las lesiones lo dejaron en paz, pero la vida y los líos con su exnovia, Aurah Ruiz, no le han tratado bien. ¿Motivos ajenos o propios? Quizás un poco de ambos. Jesé, tras aquella lesión, no volvió a ser el mismo en el Madrid. Sus zancadas se apagaron entre el brillo de la BBC y su protagonismo menguó hasta encontrarse reducido al mínimo. El canario, entonces, se planteó salir del club. Se sentó, reflexionó y decidió marcharse al PSG. Era, entonces, el equipo perfecto; parecía una buena idea. Unai Emery, tras desembolsar 25 millones, le prometió minutos. En Francia, tenía la oportunidad de sentirse de nuevo futbolista, de ser importante. Su ambición, la de ganar el Balón de Oro, no la perdía. Él estaba convencido de que le iba a ir bien. Sin embargo…



Jesé no acabó de despegar. Jugó menos de lo esperado y se vio condenado al ostracismo. Definitivamente, ni en lo futbolístico ni en lo personal le iba bien. O, al menos, como esperaba. No quiso alquilar (o comprar) un piso. Se instaló en el hotel y no salió de allí. Tampoco quiso emplearse con el idioma. No aprovechó las clases de francés y, de un día para otro, se encontró fuera del equipo en todos los sentidos. Ni se integraba ni jugaba ni era feliz. Y buscó una salida. ¿Dónde? A Las Palmas. Qué mejor sitio para reencontrarse que su querida isla.



Pero, de nuevo, no respondió a las expectativas. ¿El motivo? Llegó en un mal momento y no puso, seguramente, de su parte. Quique Setién, que había hecho una buena primera vuelta con Las Palmas, ya había decidido marcharse. Y su equipo, que ya aventuraba un futuro sin él, se dejó caer progresivamente durante el segundo tramo de la temporada. Así dejó Jesé el club: sin pena ni gloria. La estrella se seguía apagando irremediablemente pese a la incomprensión generalizada de todo el mundo.



Hasta esta temporada. De momento, parecía que en el Stoke City –equipo donde está cedido por el PSG– podía recuperar su mejor versión. Pero no lo ha hecho. Los problemas con su exnovia, Aurah Ruiz, que lo acusó la semana pasada de no cuidar a su hijo, enfermo y en el hospital, lo han mantenido al margen en lo futbolístico. “He estado fuera de los terrenos por mucho tiempo por este tema, pero el niño ahora va evolucionando y hay que aprovechar estos últimos partidos”, reconoció en declaraciones a El Larguero.

Aurah Ruiz carga contra Jesé por desentenderse de su hijo



A sus 25 años, tiene posibilidades de recuperarse. Eso nadie lo duda. Tiene calidad y fútbol de sobra. “Seguro que me volverán a ver en las mejores condiciones”, ha reconocido en los últimos días. Y, de paso, mandó un ‘recado’ a todos esos que lo critican. “Hablan de amistad y son hipócritas… hablan de amor y son infieles… hablan de Dios y no lo llevan en sus corazones… hablan de mí y no me conocen”, comentó en su cuenta de Instagram. La solución, no obstante, la tiene él. O, mejor dicho, su fútbol. Si lo recupera, poco importará lo demás.

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