Nadie dijo jamás que el honor esté reñido con la justicia o que los valores del rugby estén enfrentados en modo alguno con hacer las cosas bien sino todo lo contrario. Porque, como dice el chiste, lo justo y lo correcto nada tienen que ver y si el rugby es ir hacia delante, en el 'Petit Heysel' de Bruselas dio varios pasos atrás, pues "no ha perdido España, ha perdido el rugby". Palabra de Santiago Santos, con más sentidos de los que al seleccionador español le habrían gustado.

El rugby es el deporte de las segundas oportunidades, aquel en el que puedes cometer cualquier error con la única penitencia de dar explicaciones. A tus compañeros, tus hermanos, a tus rivales, a tu entrenador, a tus jugadores. Una penitencia que también obliga al árbitro. Pues si todos deben dirigirse a él como 'señor', él debe explicar sus decisiones -y especialmente sus errores- a los jugadores como parte de ese pacto tácito que hace al rugby valedor de aquel tópico del deporte de bestias jugado por caballeros.

En Bruselas, para desgracia del propio rugby, se rompió ese pacto, se puso fin al acuerdo implícito que hace de este deporte un refugio de los hooligans, el lugar donde muchos padres, también en España, protegen a sus hijos de la violencia que asola el fútbol base en España. Y se rompió por culpa del propio rugby. No de los aficionados que por fin se asomaron sin saber si quiera las normas. Se rompió por culpa de la federación europea, por culpa de un árbitro que se dejó llevar y por culpa de unos jugadores, los españoles, que no supieron hacer honor a las leyes no escritas del rugby.

Es inconcebible que un árbitro rumano -Vlad Iordăchescu ha sido bautizado en Wikipedia como "el árbitro que pitó deliberadamente contra España"- actúe como lo hizo en Bruselas a menos que...

España se jugaba en Bélgica la clasificación directa al Mundial de Japón y el beneficiado de una derrota de España y ganador de esa plaza en su defecto era ¡¡¡Rumanía!!! Y además el presidente de Rugby Europe, la federación europea que designó al árbitro del Bélgica-España, ¡¡¡también es rumano!!!

La sola sospecha de que Rugby Europe ha tomado partido ya es un drama. Un problema tan serio, tan grave que la Federación Española de Rugby debería asegurarse de llegar hasta el final por todos los cauces oficiales y legales a su alcance. Merece eso, mínimo, como una muestra de respeto hacia los miles y miles de aficionados al rugby en España que se vieron decepcionados por la imagen final de nuestros jugadores rodeando al árbitro -quizás incluso deberían ser sancionado por ello- y por los miles más que se habían acercado en estos tiempos de sonrisas y que con las lágrimas se llevaron una imagen equivocada de este deporte.

Quién podría sonreír mientras roban el sueño de tu vida de forma injusta ante tus ojos y tu impotencia. Por eso es difícil ser duro en el juicio al XV del León, a su reacción desmedida pero comprensible, a su arranque de ira impropio y razonable a partes iguales. El Mundial se escapó por un juego mediocre y también por un arbitraje injusto y parcial, pero habrá más ocasiones, más oportunidades y la esencia del rugby es mucho más importante.