El Parque del antiguo Matadero de Madrid, lugar de teatros y actividades culturales, ha sido el lugar que la ciudad de Madrid habilitó para que los más de 20.000 aficionados de Barcelona se reunieran en las horas previas a la final de Copa. En una semana marcada por las esteladas, la atención estaba clara.



La realidad es que, en la fan zone, pocas esteladas se vieron. Eso sí, muchas estaban colocadas en los lugares de más visibilidad, como si la bandera fuera un elemento más de atracción. Una grande colocada en el lugar de mayor tránsito era la delicia de algunos para inmortalizar el momento.

Seguramente, las pocas esteladas vistas en la fan zone se deben principalmente a la gran diversidad de los barcelonistas que acudieron a Madrid: muchos culés de fuera de Cataluña se acercaron a la capital de España para disfrutar de esta jornada festiva y a ellos la política y la polémica de la semana la dejaron a un lado.



Javier, un barcelonista de Cáceres que llegó con una bandera extremeña con el escudo del Barcelona dentro de ella, quería que se hablara de fútbol: "Yo he venido a ver un partido de fútbol. Ni a escuchar el himno ni a pitar al Rey. Vengo a ver a mi Barça ganar el título", comentaba. "Somos un club de fútbol", remarcaba.



En la misma línea se expresaba Alejandro, un madrileño que no irá al Calderón, pero que si quiso pasarse por la fan zone: "Es una oportunidad para hacer barcelonismo aquí". Otro culé de Madrid se llevó una de las ovaciones de la mañana. Desde megafonía se le elevó a los cielos, porque "no es nada fácil ser del Barcelona en Madrid". Una y otra vez se fueron mencionando los lugares de procedencia de los barcelonistas, los de Cataluña y "el resto del Estado". La palabra España no apareció en ningún sitio.

OPORTUNIDAD PARA PEDIR LA INDEPENDENCIA



Indudablemente, el partido también servirá para algo más que fútbol. Y otros aficionados así lo reinvidican: "Este es el lugar perfecto para dar a conocer nuestros deseos. Una final de este tipo, con todos pendientes del Calderón, es también una oportunidad para pedir la independencia", nos decía Josep, un culé de Badía del Vallés. Su acompoñante le apostillaba: "Y para ver ganar a nuestro Barça".



La política estuvo presente, aunque de menor medida de lo que se podía esperar. La nota la dieron algunos monitores de las diversas casetas de entretenimiento llevaban pintadas la estelada en la cara, como si estuvieran 'instuticionalizadas'. Dentro, en las casetas, lo que había era diversión: juegos para los más pequeños, una pantalla gigante en la que se podía jugar un Barcelona - Sevilla en la Play y ¡hasta peluqueras que imitaban los cortes de pelo de los jugadores! Cualquier aficionado que quisiera, podía salir de allí con el peinado de Neymar, Piqué o, si quería ser radical, Mascherano.



"Mourinho vuelve al Barça. Y en Madrid", bromeaba otro aficionado, cuando se ponía la sudadera que solía llevar el técnico portugués en su etapa de segundo entrenador de Robson en Barcelona. También algún colchonero se 'coló' por la fiesta culé, que amenizaron grupos con batucadas y conciertos improvisados.



Una jornada festiva que dejó de lado a fútbol y a política. Allí acudieron todos los culés a disfrutar del sol de Madrid. Diferente será en el Vicente Calderón, cuando las esteladas formen parte del decoro y, entre 22 jugadores detrás de un balón, haya más políticas que fútbol en las gradas.

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