El Tour de Francia no solo es la carrera más importante de la temporada ciclista, sino que es uno de lo eventos deportivos más fundamentales del año. Es un momento esperado y deseado durante muchos meses por todos los amantes del deporte al nivel de otros eventos como la final de la Champions, los Grand Slams de tenis, las finales de la NBA o la SuperBowl, por citar algunos ejemplos representativos. Por ello, su presencia en la temporada marca siempre un antes y después y todo lo que ocurre en esas tres semanas en las que se recorre el país vecino tiene una trascendencia especial.

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Se ha podido comprobar este pasado año, el difícil 2020, como el Tour de Francia tiene una importancia capital en el mundo del ciclismo. En un curso marcado por las dificultades, la pandemia y la crisis económica, la disputa de la ronda gala centró todos los esfuerzos del universo de la bicicleta, sabedores de que, sin Tour, probablemente no habría temporada y podría dejar de haber ciclismo por todo lo que mueve y genera. Y es precisamente eso, su capacidad mediática y económica, lo que se quiere utilizar ahora para impulsar el deporte femenino.

El año del cambio

El año 2021 estaba marcado como el año del cambio para el ciclismo femenino, ya que estaba previsto que esta temporada arrancase la primera edición en más de tres décadas del Tour de Francia femenino. La carrera más importante del mundo no tiene una representación para ambos sexos, y el calendario y el deporte, en un momento tan importante de avance y de lucha por los derechos, las libertades y las igualdades de todos necesitaba y demandaba con fuerza este impulso.

Julian Alaphilippe, con el maillot amarillo en la pasada edición del Tour de Francia REUTERS

Sin embargo, la pandemia evitó que en esta temporada tan saturada y de tanta incertidumbre por la presencia de la Covid-19 se pudiera dar el paso definitivo para organizar la carrera con garantías y con el nivel que merece lo que debe ser la gran puesta en escena del ciclismo femenino para todo el mundo. Por ello, finalmente ha sido el 2022 el año elegido como el del gran cambio para la llegada al calendario internacional de la edición para féminas del Tour de Francia.

Así lo ha transmitido el director de la Grand Boucle Christian Prudhomme, quien se ha mojado y de qué manera a pesar de que todavía resta más de un año para que se celebre la edición del Tour de 2022 y cuando ni siquiera ha echado a rodar la carrera este mismo año. Se espera que, durante la celebración de la ronda francesa de 2021, se den más detalles de cómo se va a producir una llegada tan esperada y que ya ha despertado grandes esperanzas y emociones en el pelotón femenino, pero también en el masculino, ya que si por algo destaca el ciclismo es por la enorme unión y conexión que existe. La intención en estos momentos y la dirección en la que se está trabajando a conciencia es en la de que la carrera femenina se celebre justo después de la masculina, descartando la opción de correrse de forma simultánea, lo que sin duda le restaría expectación y poder mediático.

Rescatada de la historia

La recuperación de una carrera tan importante y mítica para el calendario femenino supone un impulso tremendo para este sector del deporte que ha sido tan castigado históricamente y que, particularmente en el mundo de la bicicleta, todavía está dando sus primeros pasos. La verdadera repercusión mundial ha tardado muchos años en llegar, incluso décadas, pero el rescate del Tour de Francia supone una buenísima noticia que permitirá trabajar a conciencia en este aspecto.

Ciclistas antes de una carrera femenina EFE

El regreso de la Grand Boucle tras más de 33 años de ausencia supondrá un hito realmente histórico, ya que el Tour de Francia femenino formará parte de las mejores carreras ciclistas de la temporada junto a pruebas como la Strade Bianche, la Gante-Wevelgem, el Tour de Flandes, la Amstel Gold Race, la Flecha Valona o la Lieja-Bastoña-Lieja. Además, en este 2021 se han incorporado al calendario internacional la Paris-Roubaix femenina y la Itzulia.

Junto a todas ellas se encuentra el Giro de Italia femenino, también conocido como Giro Rosa, la única Gran Vuelta del calendario femenino que sobrevive y que ahora compartirá calendario y cartel con el Tour de Francia. En la pasada edición contó con nueve etapas. Se espera que la aparición de la ronda francesa sirva para poder reforzar de nuevo el calendario de grandes vueltas, ya que desde la desaparición de pruebas como el Tour de l'Aude, en 2011, y de la Grand Boucle, en el 2010, ninguna carrera ha conseguido llenar ese vacío. Ni siquiera La Route de France, que ha ido apareciendo y desapareciendo del calendario sin llegar a tener ese prestigio que reciben las grandes carreras.

Por si esto fuera poco, el regreso del Tour de Francia al deporte femenino puede suponer el impulso definitivo para que La Vuelta también se anime a crear una carrera por etapas de verdad, ampliando la actual Madrid Challenge by La Vuelta, que en su última edición fue programada para extenderse hasta las tres etapas, una de ellas fuera de la Comunidad de Madrid por primera vez en su corta historia. El Tour también ha celebrado una competición similar denominada La Course by Le Tour. No habría mejor noticia para el deporte y el ciclismo femenino que compartir los grandes eventos del calendario con la versión masculina.

Van Vleuten y Van der Breggen peleando por La Course by Le Tour 2018 Reuters

Además, podría ser el impulso que tanto necesita la organización del Tour, Amaury Sport Organisation, más conocida como ASO, también encargada de llevar a cabo el la Vuelta a España a través de la empresa Unipublic, para permanecer en un calendario en el que ha aparecido y desaparecido de forma oficial y extraoficial.

Las primeras ediciones de una prueba femenina relacionada con el Tour de Francia datan del año 1955. Sin embargo, no se consideró a la carrera Tour de Francia femenino como tal hasta el año 1984. Aquella prueba se celebró de forma regular solo unas ediciones más, hasta el año 1989 y desde entonces, han pasado más de 30 años de carreras similares y que han intentado ocupar el papel dejado por la gran ronda francesa que ahora se pretende rescatar de la historia para celebrarse de nuevo a partir del próximo año. 

El problema económico

La intención de la dirección del Tour de Francia actual, con Christian Prudhomme a la cabeza, es celebrar la prueba femenina por etapas con todas las de la ley para que permanezca en el calendario de forma definitiva. Sin embargo, reconocen que hay un problema importante, un problema económico que se ha acentuado con la llegada de la pandemia.

Precisamente la crisis de la Covid-19 ha sido uno de los impedimentos que ha hecho que no pudiera arrancar la prueba este mismo año. Tampoco ha ayudado un calendario muy comprimido con unos Juegos Olímpicos no previstos en el horizonte y que casi se solapan con el Tour. Por ello, habrá que esperar hasta 2022 para ver a corredoras como Annemiek Van Vleuten, Anna van der Breggen, Elisa Longo Borghini, Lisa Brennauer, Marianne Vos o Mavi García pelear por grandes éxitos en la carrera más importante del mundo. La presencia de todas las estrellas del pelotón internacional será clave también para hacer de la carrera el mayor reclamo posible año tras año.

Van Vleuten, una ciclista todoterreno UCI

Además, tal y como apunta Prudhomme, el principal escollo que tiene esta carrera es su supervivencia en el calendario, ya que su plan ha sido establecido para prolongarse en el tiempo, pero siempre y cuando sea capaz de mantenerse económicamente por sí sola. Desde la organización del Tour de Francia han asegurado que su durabilidad y su vitalidad dependerá de su capacidad para generar ingresos y autoabastecerse, ya que no mantendrán una prueba que les haga perder dinero año tras año.

Para ello, han considerado que la mejor opción es que se celebre justo al término de la carrera masculina, que empezará a principios de julio, para así no compartir espacios de emisión e intentar alargar el efecto de impacto generado por la emoción de la lucha final por el maillot amarillo. La idea que tienen en la organización es que las cadenas de televisión que compren los derechos de la carrera masculina lo hagan también con la femenina, aumentando así su repercusión y su poderío económico. Habrá que ver si todos los esfuerzos terminan cumpliendo con el gran objetivo y el Tour femenino se queda para siempre.

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