1964, 1965, 1967, 1968, 1974, 1978, 1980, 1995 y 2015. Son los años en los que el Real Madrid conquistó la primero llamada Copa de Europa y después renombrada Euroliga en baloncesto. Por contraposición, tenemos otras nueve añadas: 1992, 1994, 1995, 2000, 2002, 2007, 2009, 2011 y 2017. Zeljko Obradovic ganó la máxima competición europea en todas estas ocasiones. Quizá repita logro este domingo con el Fenerbahçe. O quizá lo haga el Madrid, uno de sus exequipos. La consecuencia será que la próxima final continental (20:00, #0 y Movistar Deportes 1) marcará un desempate como ningún otro en lo que a Viejo Continente y canasta se refiere.

La historia recordará este partido con más honores que de costumbre. No todos los días se miden frente a frente el entrenador y el equipo más laureados de Europa. De hecho, será la primera vez en la que Obradovic tenga como rival al Madrid en un duelo por el título más codiciado del planeta tras la NBA. La Décima, o bien para el serbio o bien para su rival, marcará un antes y un después. Tendrá un aire reverencial del que las enciclopedias y hemerotecas darán buena y merecida cuenta.

Pero, aunque los elogios lloverán gane quien gane, la épica será aún mayor si Zeljko se lleva esta pugna histórica. Que una sola persona superase en palmarés a toda una institución resultaría algo legendario a estos niveles de competitividad. Y, además, a qué institución: el Madrid, con 17 finales de la primera competición europea (18 en unas horas) y nueve títulos a sus espaldas.

Obradovic tiene nueve Euroligas ganadas en cinco equipos distintos. ANDREJ CUKIC EFE

El aura de Obradovic es tan grandiosa que el preparador tiene una capacidad casi innata para el éxito cuando hablamos de Copa de Europa / Euroliga: 11 finales disputadas y tan sólo dos perdidas, frente a las ocho en las que cayó su rival en forma de club. Para la primera derrota hay que remontarse al año 2001. Entonces, el Panathinaikos sucumbió al intentar hacerse con una Suproliga (FIBA por un lado y ULEB, con la Euroliga, por otro) que apenas existiría un año.

Zeljko tenía, como de costumbre, un ejército poderoso: Bodiroga, Fotsis, Alvertis, Darryl Middleton… Sin embargo, sólo los dos primeros destacaron aquel 13 de mayo ante un Maccabi en el que Ariel McDonald, Anthony Parker y Nate Huffman resultaron arrolladores (81-67). Tras aquella derrota, pasaron 15 años. Hubo que esperar hasta 2016 para ver caer de nuevo a Obradovic con la Euroliga ya al alcance de la mano.

Acababa de colocar al Fenerbahçe al borde de la gloria tras llevarle a su primera Final Four un año antes. Enfrente, un CSKA que acabó llevándose la copa no exento de sufrimiento: los turcos forzaron una prórroga tras remontar hasta 21 puntos adversos. La pena es que Datome, Udoh, Dixon y Antic nadaron para morir en la orilla ante De Colo, Teodosic, Hines y compañía (96-101). Hasta ahí el escaso odio entre Obradovic y Euroliga en una relación casi siempre de amor.

Plagada, cómo no, de grandes momentos en hasta cinco equipos distintos: Partizan de Belgrado, Joventut de Badalona, Real Madrid, Panathinaikos y Fenerbahçe. Nada más y nada menos que todos los clubes a los que ha dirigido desde 1992 menos la Benetton de Treviso. Fue llegar a la élite de los banquillos y besar el trofeo europeo, literal.

El historial de gestas de Obradovic en la Final Four es inagotable: el triple decisivo de Djordjevic, la hombrada del Joventut ante el Olympiacos, el fin a 15 años de sequía continental del Madrid con la dupla Sabonis-Arlauckas, las victorias caseras con Panathinaikos y Fenerbahçe, la santificación de mitos como Bodiroga, Jasikevicius o Diamantidis…

La sombra de 'Mister Euroliga' es tan alargada que el técnico al que tendrá enfrente en esta ocasión, Pablo Laso, fue jugador suyo en el Madrid. El equipo al que dio aún más lustre y en el que todavía recuerdan con mucho cariño a Obradovic tantos años después. Con un respeto hacia su figura y legado que no se puede cuantificar. Y que se tendrá muy presente cuando llegue el momento de pelear por ser campeón de Europa.

Él y su Fenerbahçe han protagonizado dos de los momentos más dolorosos vividos por la sección de baloncesto madridista en los últimos años: la eliminación en los playoffs continentales de 2016, por un contundente 3-0, y en las semifinales de 2017 (84-75). También uno de los más alegres: la victoria del Madrid ante los turcos durante su primer partido en la Final Four casera de 2015, última en la que se conquistó la Euroliga (96-87).

Obradovic quiere ganar la Euroliga en casa: Belgrado. ALKIS KONSTANTINIDIS Reuters

Si el Madrid ha demostrado tener un fondo de armario considerable en los últimos años, el Fenerbahçe no se ha quedado atrás. Así lo demuestra el trabajo ante el Zalgiris, voluntarioso pero más sucio que el de otros, de hombres como Melli y Duverioglu. O el protagonismo decisivo de Ali Muhammed, uno de los últimos jugadores de la rotación turca a día de hoy, también ante los lituanos. Obradovic hace sentir importantes a todos sus hombres. Desde la estrella hasta el último componente del banquillo, cada granito de arena vale su peso en oro.

Ese poderío colectivo es equivalente al que atesora el Madrid, con un gran equilibrio entre los grandes nombres propios de la plantilla y los secundarios de lujo. De ahí que la batalla táctica entre Obradovic y Laso se presuma apasionante. Tanto como para dejar sin dormir a Zeljko (reconocido por él mismo) este viernes. ¿Cómo no va a quitarle el sueño reinar en Belgrado, su tierra, y por segundo año consecutivo (lleva tres finales seguidas)?

Eso sí, el insomnio también habrá afectado de alguna manera a un Laso más que dispuesto a romper su maldición con las Final Four a domicilio: no ganó ni en Londres (2013) ni en Milán (2014) ni en Estambul (2017). Los alicientes están garantizados de sobra tanto en la pista como en la banda. Sólo queda asistir a la batalla de todos los tiempos por la supremacía europea. Sea cual sea el resultado, ganará el baloncesto.