El partido no fue brillante. La victoria resultó enrevesada. El carácter, en algunos momentos, fue suplido por la desidia. Aunque su primer partido de la temporada en la ACB acabó con triunfo, el Real Madrid no puede irse satisfecho con su debut. Quizá haya empezado la dosificación para los tiempos en los que toque jugarse los títulos. O puede que estemos ante la demostración de que la cuesta del inicio de la temporada va a ser especialmente dura este año. Sea como sea, el Palacio de los Deportes no vibró como acostumbra con su equipo [Narración y estadísticas: 94-88].

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Lo que también resultó evidente es que los mejores minutos de los blancos los protagonizó Fabien Causeur. Después de un primer partido oficial aciago en la Supercopa, el francés demostró que puede ser una de las estrellas del equipo. Su anotación tanto en el primer como en el último cuarto marcó, en gran medida, las diferencias. Thompkins también se apropió de ciertos momentos ofensivos clave, pero el sostén del Madrid este domingo tuvo nombre y apellidos franceses.

Las sombras vencieron a las luces en el caso de sus compañeros. Campazzo, aunque acabó mejorando sus prestaciones, está demasiado encorsetado en su regreso a la capital. No es el que fue en Murcia ni de lejos, y esa versión suya tan arrebatadora hace mucha falta en este Madrid. Randolph sigue empeñado en dar una de cal y otra de arena: hay momentos suyos muy buenos y otros en los que resta en lugar de sumar. Y Ayón, aunque voluntarioso, lleva mucho sin sentirse tan poderoso, tan dominador, como en 2016.

Ni Doncic se libró de la apatía generalizada, a la que contribuyó con un conato de nueva lesión que se quedó en susto (sus estadísticas, aun silenciosas, no perdieron ni un ápice de polivalencia). Más asustó, al final, un Andorra que sigue empeñado en hacerles la vida imposible a los blancos. Dio igual que los locales dominasen en la primera mitad, hasta por más de 15 puntos y con dos de sus señas de identidad, el contraaataque y el rebote, recuperadas para la causa: hubo partido nuevo tras el descanso.

El conjunto del Principado, como acostumbra, fue minando la moral de los componentes del Madrid poco a poco. Walker puso la primera piedra para creer, a pesar de que el tiro exterior marcó demasiado el rumbo inicial de los suyos. Después, hubo muchos más argumentos para que el Andorra pasase a jugar de tú a tú a su rival: el factor Blazic, las canastas interiores de Stevic, una defensa que provocó unas cuantas malas decisiones del contrario en forma de pases errados…

Mención especial para Jaime Fernández, decisivo para que los suyos empezasen a carburar, y Moussa Diagne, con el que llegaron las amenazas más claras a la hegemonía del Madrid. Los visitantes llegaron a colocarse un punto por debajo en el marcador y, claro, los anfitriones dudaron. Incluso ya bien entrados los 10 últimos minutos.

Pero los triples y el sprint final de Kuzmic y Ayón solventaron la papeleta a su favor. Al final, se repitió la historia de casi siempre: el Andorra, tan intenso como en los anteriores enfrentamientos de este año, sucumbió. Pero que el vencedor no se equivoque: se necesita mejorar, sí o sí, para que esto funcione. ¿Lo bueno? Que hay tiempo de sobra para ello.