Carlos, Efrén y Adrián. Un tuk-tuk (coche de tres ruedas tradicional en los países asiáticos) y 2.500 kilómetros por recorrer en la India (del 2 al 15 de enero de 2019). Sin ruta establecida, sin soporte y sin saber si van a lograrlo. Sólo con una certeza: “Nos perderemos, nos estancaremos y sufriremos”. Así de sencillo y así de complicado. Ese es su reto: llegar a la meta como sea con ese “trasto”. ¿Para qué? Para escolarizar a 181 niños en Guatemala y dotar de recursos a las familias indígenas que protegen la selva del Amazonas. Ese es su objetivo: poner un granito de arena para mejorar un poco el mundo. ¿Cómo? A eso vamos…

Recorrer 2.500 kilómetros en tuk-tuk



La idea surge un día cualquiera y por casualidad. Carlos, Efrén y Adrián se habían conocido en Etiopía. Allí, por diferentes circunstancias, se encontraron los tres como voluntarios. Se ‘gustaron’ y empezaron un camino hacia lo desconocido. O, dicho de otro modo, hacia “sus locuras”. Tras aquello, se reencontraron en Nepal poco tiempo después de que uno de los terremotos más devastadores de la historia sepultara el pueblo de Langtang. ¿Su idea? Ayudar… Y, de paso, recorrer el valle entero a pie y subir un pico a 5.000 metros de altura. Como quien va a por pan... 



Fue el principio de lo que estaba por llegar. “Mirando qué hacer le propuse a Carlos lo de la India… Me llamó a la mañana siguiente y me dijo que había pagado la inscripción”, reconoce Efrén en conversación con EL ESPAÑOL. Adrián, el tercero en liza, se enteró más tarde. “Nos pasamos una semana mareándolo y dándole pistas hasta que se lo dijimos. Estábamos apuntados. Nos íbamos a recorrer 2.500 kilómetros en tuk-tuk entre animales y selva salvaje”.

Guía para la carrera de tuk-tuk



La locura estaba planeada. O, al menos, preconcebida. Cada uno con su historia, pero todos con ganas de ayudar: los 1.600 euros que cuesta la inscripción van destinados a Coolearth, una asociación que va a dotar de recursos a familias indígenas que protegen la selva del Amazonas. Y, además, ellos han decidieron que querían contribuir con algo más y, a través de la asociación CONI y de un crowdfunding, recaudarán dinero para la escolarización completa de 181 niños en Guatemala.



Pero bien, ¿y qué dan ellos a cambio de este dinero? De primeras, han decidido contar su aventura. A través de sus redes sociales (Facebook y Instagram), harán partícipes a todos los que quieran de su camino. Es más, harán todos aquellos retos que les propongan a cambio de una contribución para llevar a cabo estos proyectos solidarios. Y, a su vez, contarán con el dinero de los patrocinadores para cumplir con su objetivo (kiwityoutoo y aussieyoutoo).

DE LA OFICINA A LA SELVA DE LA INDIA



Los tres se reunirán en su aventura en diciembre para afrontar el reto de llegar con el tuk-tuk de Cochín (sur de la India) a Jaisalmer, rozando la frontera con Pakistán. Mientras tanto, a distancia, preparan el viaje. Carlos, desde Australia, donde es fisioterapeuta; Adrián, desde Barcelona, metido en proyectos deportivos y trabajando en una tienda; y Efrén, desde Madrid, donde trabaja en el departamento de seguridad corporativa de una compañía eléctrica. “Lo hacemos en nuestras vacaciones. En la oficina ya nos conocen. A mí me dicen que estoy loco, que cómo me gusta esto, que me voy a ir de viaje y no voy a volver… esas cosas”, reconoce el último de ellos.



A la India llegarán sin miedo, pero con mucho respeto. “Vamos a tener que cruzar todo ese terreno entre camiones gigantes, animales de todo tipo… Pasaremos por la selva, por el desierto… Somos un poco inconscientes”, explica Efrén, que también advierte: “Es peligroso. De hecho, te hacen firmar un documento en el que consta que ellos no se hacen responsables de lo que te pueda pasar”. Da igual. Ya lo tienen decidido. Sin GPS y sin conocimientos de mecánica –por si se estropea el tuk-tuk–, buscarán acabar su aventura para ayudar a que el mundo sea un lugar mejor. Eso es lo que les llama... y es suficiente. 

Carlos, Efrén y Adrián en Etiopía.

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