Alicia Giménez Bartlett, ganadora del Planeta 2015, junto a Ana Pastor, Artur Mas y José Creuheras.

Alicia Giménez Bartlett, ganadora del Planeta 2015, junto a Ana Pastor, Artur Mas y José Creuheras.

Libros literatura política

El último Premio Planeta en España

El próximo domingo se concede el 66 galardón más importante de la mayor industria de contenidos culturales en español. ¿Desplazarán su sede en 2018?

En una de las últimas ruedas de prensa previa al Premio Planeta, José Manuel Lara Bosch, fue tajante: “Se solucione como se solucione, Cataluña saldrá mal”. Han pasado cuatro años de aquel rodillo de titulares que arrasaron contra Amazon, la piratería, el Top Manta y el precio del libro. Lo habitual en aquel gigante que no tenía pelos en la lengua. “Pase lo que pase ya nadie nos ahorra un fraccionamiento de la sociedad civil catalana y eso es responsabilidad tanto de uno como de otro”, explicó en 2013, acusando a Artur Mas y Mariano Rajoy.

Cuatro años después, y a las puertas de la edición 66 del Premio Planeta, nada ha cambiado. Las fricciones y el desgaste se han multiplicado, esta vez entre Carles Puigdemont y Mariano Rajoy. “La independencia es imposible y lo saben todos”, remató ante la prensa. Pero la dependencia tampoco tiene solución. El próximo domingo conoceremos el nombre del ganador o ganadora que se embolsará los 601.000 euros (y el del finalista, que recibirá 150.250 euros) y relevará a Dolores Redondo, con Todo esto te daré.

Vuelta a Madrid

Si los planes secesionistas del Gobierno de Puigdemont se mantienen, esa novela figurará en los anales del mercado editorial como el último Premio Planeta en España. Y la obra ganadora del 2017, que se entregará el próximo domingo en el Palacio de Congresos de Cataluña, podría ser el primer Premio Planeta de Cataluña. Quizá para 2018 volvería a concederse en Madrid, donde José Manuel Lara Herández, fundador del Premio, lo entregaba hasta que en 1959 decidió trasladarlo a Barcelona.

José Manuel Lara Bosch con el ganador en 2010, Eduardo Mendoza, y la finalista, Carmen Amoraga.

José Manuel Lara Bosch con el ganador en 2010, Eduardo Mendoza, y la finalista, Carmen Amoraga.

Hace dos años, en la primera rueda de prensa sin el insigne José Manuel Lara Bosch, su hijo, José Manuel Lara García, consejero delegado del grupo Planeta, aclaró su posición: “Muchos habrán venido aquí pensando en la frase que dijo mi padre en 2012 de que si Cataluña fuera independiente, el grupo Planeta tendría que irse a Madrid, Zaragoza o Cuenca”. Lo ratificaba. “El significado de mi padre es muy claro y no soy quien para rectificarle. Pensamos absolutamente lo mismo que entonces”. José Crehueras, que debutaba como presidente del grupo Planeta, lo secundó: “La posición empresarial es inequívoca al respecto”.

Sentimientos empresariales

Los Lara han variado la postura, desde la imposibilidad de la independencia a la amenaza de recoger los trastos por la proclamación de la república independiente catalana. “Estamos jugando con los sentimientos de la gente, no con las ideologías. Eso es peligrosísimo”, advertía el empresario a los políticos y sus intereses de partido. “Las guerras todas siempre se han hecho por sentimientos y eso es muy sensible a las posiciones radicales”. Para Lara Bosch las aspiraciones secesionistas no tienen sentido porque creía que no había “caldo de cultivo en Cataluña para la separación”. Curiosamente, en la línea de las últimas declaraciones de Artur Mas.

Dolores Redondo y Marcos Chicot, junto a los Reyes de España y José Creuheras, en 2016.

Dolores Redondo y Marcos Chicot, junto a los Reyes de España y José Creuheras, en 2016.

En Planeta se lamentan desde hace años, desde la denuncia de José Montilla, en 2007, de la desafección de Cataluña por España. “Y nadie ha hecho nada. Pese al esfuerzo de algunos, no se ha conseguido que se hable en serio de estos temas. No podemos estar discutiendo”, añadía Lara Bosch. Ya entonces pedía diálogo, pero “de verdad”. “En privado” y no el ruido de tambores en público.

Los Lara tienen su fuerza como industria cultural en español. Esa es la fuerza y el beneficio del grupo que se extiende como la mayor empresa de contenidos culturales en castellano del mundo (y eso que es líder de la edición en francés, con 27 editoriales en Francia). Por eso defienden que la sede de una editorial española esté en suelo español y no en territorio donde no sea la lengua oficial.