El 19 de diciembre se cumplen 20 años del estreno de la película que marcaría toda una generación. Titanic llegaba a las salas de EEUU tras haberse presentado el 1 de diciembre en una proyección en Tokio donde disipó la sombra del fracaso. James Cameron se había dejado cientos de millones en su epopeya romántica, y al menos, había convencido a la crítica. Faltaba ver cómo lo hacía el público. La respuesta es de sobra conocida. La película se convirtió en el fenómeno cinematográfico de la década, y ni ningún otro filme -ni siquiera el Avatar del propio Cameron- consiguió lo que había hecho Titanic. Todo el mundo hablaba de ella, la gente te señalaba con el dedo si se te ocurría decir que no la habías visto o que no te gustaba. Luego llegarían los once Oscar y se pondría de moda odiar a la cinta más premiada de la historia de los premios igualando a un clásico como Ben-Hur.

Quizás por eso, el periodista Juan Sanguino ha llamado a su libro que recopila los títulos más influyente de aquella década Generación Titanic. El libro de cine de los 90. Un listado de obras imprescindibles cuando el cine era masivo, de Sólo en casa a Scream pasando por Parque Jurásico. Los últimos diez años en los que “el cine comercial era bueno y el cine bueno era comercial”, como apunta en una introducción en la que señala qué hacía diferente a aquellas obras: su ingenuidad. Una ingenuidad alejada del cinismo actual, y que también respondía a una agenda política de Bill Clinton, que apostó por la corrección política y consiguió que el cine dijera afroamericano en vez de negro, disminuido psíquico en vez de retrasado o, como bromeaban en Clueless, fuera de onda y recoge Sanguino en su libro, ‘tiene el himen intacto’ en vez de usar la palabra virgen.

Mítica escena de Titanic.

El autor tiene claro que la importancia de Titanic ha aguantado el paso del tiempo, y recuerda que el mismo día que se estrenó ya era un clásico, y que ahora, 20 años después, “todo el mundo se acuerda de qué sintieron, con quién estaban ese día o dónde la vieron, y eso no se puede decir de muchas películas”. “No es sólo por su calidad, sino porque fue el último gran fenómeno de ese cine ingenuo, de ese Hollywood que quería entretenernos, emocionarnos y hacer dinero. Titanic fue la cima y la despedida de esa forma de hacer y consumir cine. Aunque hayamos vivido fenómenos después como El señor de los anillos, Avatar o El Caballero oscuro, nunca fueron tan universales, ninguna otra película ha llevado al cine a abuelos y adolescentes por igual nadie fuera, y nuestra generación, que no vivió Lo que el viento se llevó, sólo ha visto ese fenómeno”, cuenta Juan Sanguino a EL ESPAÑOL.

Su libro llega en un momento en el que la nostalgia triunfa en el entretenimiento, algo que cree normal “porque es un ciclo que vivimos todos los seres humanos”. "Recordamos emociones y sentimientos que asociamos a las películas, y no sólo a las películas sino a todo el ritual de ir al cine, al videoclub a ver si quedaba copias, a verla con tus hermanos mayores, o verlas a escondidas… regresar a esas películas es un ejercicio cultural interesante, porque te das cuenta de por qué se hacían esas obras y qué dicen de nosotros. Para empezar que en los 90 la sociedad era mucho más ingenua, justo antes de que llegara el siglo XXI y el mundo se fuera a la mierda. Fue la última década inocente, y el cine lo deja claro con películas que buscan hacerte sentir bien, el optimismo o la inocencia, como Forrest Gump, Tomates verdes fritos o Sister Act”, apunta.

No es sólo por su calidad, sino porque fue el último gran fenómeno de ese cine ingenuo, de ese Hollywood que quería entretenernos, emocionarnos y hacer dinero

Con Titanic también se vivió el nacimiento de otro gran fenómeno: los haters. Cuando la película se puso de moda ya nadie quería ser un fan radical. Lo moderno, lo diferente, era odiarla, meterse con Leonardo DiCaprio, decir que los dos cabían en la tabla y que era una ñoñería. Juan Sanguino tira de datos y recuerda que el primer espectador que se metió con el filme fue el mismo 19 de diciembre. “Un chaval de 22 años en Los Ángeles dijo que era una cursilada, pero que la parte del hundimiento era bastante espectacular. Es el primer testimonio registrado de un hater. Lo que sucedió es que es una película extremadamente fácil de criticar. Yo no creo que pueda ser mejor película, porque si fuera más cínica no sería tan recordada ni hubiera tenido tanto éxito”, explica Sanguino.

Sister Act, otra de las películas recopiladas en el libro.

Años después, todavía se espera un fenómeno como el que nació aquel 1997. España vivió algo parecido con Ocho apellidos vascos, pero para el autor de Generación Titanic en los últimos años cree que sólo La La Land ha conseguido algo parecido, consiguiendo aparecer en un talent como Operación Triunfo o como hilo conductor del Telepasión de TVE este año. Siempre a años luz de lo que provocó el hundimiento del transatlántico de James Cameron, algo que Juan Sanguino cree que es por el cambio en las formas de consumo: “antes todos veíamos las mismas películas y las comentábamos en el trabajo, en las cenas de navidad… ahora eso ha cambiado porque la oferta es inmensa y ves las que quieres. Ya no se puede comentar ni una serie, porque uno ha visto Stranger Things, el otro The Crown y a lo mejor vais por capítulos diferentes y todo lo que digas es un spoiler, pero en aquellas navidades del 97 todos habían visto Twister y Air Force One, así que ahora es más difícil que algo sea un fenómeno, porque todo es de nicho”.

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