La viñeta del New York Times que ha desencadenado la polémica.

La viñeta del New York Times que ha desencadenado la polémica.

Cultura Batallas culturales (y políticas)

"Se han bajado los pantalones": el NYT cede a los 'ofendiditos' y liquida sus viñetas políticas

Cae el viejo imperio con su reliquias en forma de viejos chistes: el New York Times ha anunciado que a partir del 1 de julio no publicará ninguna viñeta política en su edición internacional y ha despedido a dos dibujantes del diario. Todo a partir del zafarrancho suscitado por una sátira publicada el 1 de abril, en las páginas de Opinión, en la que aparecía Netanyahu retratado como un perro guía y conduciendo a un Donald Trump ciego. El dibujo ni siquiera era de un colaborador fijo del diario, sino del portugués António Moreira Antunes, y había sido publicado previamente en el Expresso.

El medio se disculpó "profundamente" por esta imagen "antisemita" y se comprometió a que "nada semejante" volviese a ocurrir de nuevo. "Una imagen como esa es siempre peligrosa, y en un momento en el que el antisemitismo está resurgiendo en el mundo, es todavía menos aceptable", sentenciaron. Hoy, los responsables de la polémica decisión de decir adiós al humor gráfico -subrayemos: de corte político- la han justificado recordando que en su edición estadounidense hace tiempo ya que no contaban con él. "Venimos considerando que la edición en el extranjero vaya en línea con la doméstica", ha detallado James Bennet, el encargado de la sección de Opinión. ¿Qué piensan nuestros viñetistas patrios? 

El dibujante Mauro Entrialgo sostiene al respecto que “el humor es una forma de contar las cosas que es difícil de domesticar”: “El New York Times -y todos los periódicos actuales, en realidad- quieren controlarlo todo, y como el humor es incontrolable, se deshacen del humor gráfico. El comunicado dice que van a seguir publicando informaciones contrastadas en forma de historieta. No es que les moleste lo gráfico, claro: lo que les molesta es el humor. Un cómic lo puedes editar y puedes censurarlo sin que se note mucho, pero el humor gráfico no, porque si lo recortas no se entiende. Te lo tienes que cargar entero”, relata. 

Entrialgo no siente que el humor gráfico esté en peligro de extinción: pone el foco en las líneas editoriales cada vez más severas de los grandes medios. “En los medios de comunicación americanos hay tradición de que los humoristas gráficos sean más progresistas que la línea editorial del periódico. Lo que está ocurriendo es que se avanza en líneas más marcadas, más duras. Ya no se permite ni la mínima opinión que se escape de la cabecera”.

¿Y la precarización?

En cualquier caso, señala, “nunca ha habido mucho sitio para los humoristas gráficos”. ¿Supondrá esto una precarización mayor del oficio, habrá que encontrar nuevas plataformas de expresión lejos de los grandes medios? “Bueno, el humorista gráfico no va a cobrar ni más ni menos, la misma precarización la vive el periodista normal. Los periodistas han ido cediendo muchísimo terreno en los últimos años. Han ido cediendo privilegios, o, mejor dicho, nos han querido hacer pensar que son privilegios, pero eran derechos”. 

¿Qué opinión le merece que el NYT haya pedido disculpas? “Ni siquiera era un colaborador suyo, pero, en cualquier caso, eso entra más en la idea de la corrección política actual, y, sobre todo, entra en la lógica de los grupos de presión”, subraya. “Si tú haces una viñeta que moleste a un grupo que tenga poco poder, como los emigrantes… no te preocupes. No pedirán disculpas. Las piden cuando el grupo de poder es fuerte, en este caso, los israelíes”.

Alberto González Vázquez -más conocido como Querido Antonio- no cree que el “verdadero peligro” venga “de lo que haga el NYT”, porque al final “es un periódico que tiene cada vez menos peso”: “Sí que esto puede ser un síntoma, o un indicio, pero ahora los verdaderos medios son las redes sociales y la libertad de expresión puede recortarse por ahí”, sostiene. “Ahora el viñetista puede expresarse por sus redes sociales sin ningún problema, y puede alcanzar más difusión, probablemente, que a través de un periódico”. En cuanto a la precarización, recuerda que “esto es otro asunto, es un drama laboral, que obviamente no me agrada”. “Una parte de mi trabajo va un poco sobre esto: me preocupa más el asunto de que sean algoritmos los que tomen las decisiones que el hecho de que los ejecutivos de una empresa decadente tomen una decisión decadente. Entra dentro de lo razonable o lo esperable”. 

"Cada vez seremos más idiotas"

David Suárez -recién fulminado por Vodafone por un chiste sobre las personas Down- cree que “quien vuelve a perder es la sociedad por las quejas de cuatro idiotas”. “Por supuesto, el NYT se ha bajado los pantalones, como está pasando últimamente. Están dejando marcar la agenda política a cuatro personas que se están quejando. La comedia es un reflejo de la realidad, y va a dejar de existir. Sólo tendremos la realidad, casi a partir de ahora, no ningún elemento para combatirla”. Suárez sostiene que “seremos más idiotas y menos autoconscientes de nosotros mismos, y cometeremos errores que ya cometimos anteriormente”. 

Igual que González Vázquez, confía en internet “como vía de escape”. “Quiero creer en una especie de cuestión generacional. Quizá en el futuro, la gente que estará en los despachos será la gente que ahora ve La Resistencia o la que disfrutaba con el humor político del NYT”. Expresa que “ahora la gente busca su ratito de gloria, su momento de oro, para decir ‘eh, que yo soy calvo, y en esa viñeta hay un calvo’, en vez de quedarse con el mensaje”: “En el fondo no buscan reivindicaciones políticas, sino reivindicarse a sí mismos. Le hemos dado voz a todo el mundo, y claro: con eso también le damos voz a muchos gilipollas”.

Tomás Serrano, viñetista de este periódico, aclara que “defiende la libertad de expresión”, pero a la vez siente que “hay cosas que no se pueden hacer sin atenerse a las consecuencias”: “Sin duda, es una noticia mala que el NYT deje de contar con humoristas gráficos, lo que tendrían que hacer, en mi opinión, es no contratar a ese viñetista si no les gusta, pero radicalmente, quitarlo todo...”, resopla. “Es injusto, pero la gente tiene que ser consciente de dónde trabaja. El medio, el país… todo. También supongo que habría que distinguir entre las veces en las que se nota que alguien quiere ofender a posta y las veces en que no”.