En Sálvame están muy desesperados. Mejor dicho, en Telecinco, en esa planta noble y enmoquetada donde están los despachos importantes, hay nervios. Ya no saben qué hacer para destrozar al todopoderoso Pasapalabra, que se ha asentado en las tardes de Antena 3 con una fidelidad tan pasmosa como merecida. Cada día, de 20 a 21 horas, se vive un duelo titánico entre ambas cadenas, con una sola diferencia: que desde la cadena triste juegan limpio con las cartas que tienen, pero desde Fuencarral no. Todo lo contrario. 

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Desde que Roberto Leal (40 años) se les puso enfrente ya no saben qué inventar en ese Sálvame Tomate para sacar músculo. Se comen minutos del informativo de Pedro Piqueras (65) -que debe andar que trina-, abren cajas con secretos de famosos hasta el momento inconfesables -todo humo, porque luego resulta que no desvelan nombres y los que sí dicen importan entre cero y nada- y parece que el jueguecito se les acabó. Siempre fue delicado hablar de según qué cosas de los famosos. Delicado y caro. Entonces, ¿qué hicieron? A cubierto que vienen los nuestros: nos pegamos entre nosotros. 

A ver, le va a tocar a... ¡Lydia Lozano (59)! Y como el lema de allí es remar a favor de obra, Lozano agacha la cabeza y asiente. El problema viene cuando el tema que abordan es el de Ylenia Carrisi. Ahí Lozano se queda helada, mira hacia la dirección, no entiende nada, ¡otra vez no, por favor! Se levanta, sale del plató, llora mucho, muchísimo. Y así tarde tras tarde y siempre termina cediendo, volviendo, dócil, a su asiento. A jugar. Pero este pasado martes ocurrió algo que me sacó del eje, me descolocó lo que estaba viendo. A Lydia, ese juguete útil hasta el momento obediente, plantándole cara a sus jefes. 

Se había prometido a la audiencia que desvelarían el nombre de la fuente que le chivó a Lozano que Ylenia estaba viva, ¡la identidad de esa persona que ella siempre preservó y jamás desveló! Aquello era demasiado. Rota, desgañitada, a lágrima viva y como fuera de sí, Lydia estalla: "No puedo decir el taco, pero me parece una gran putada. Creo que no me lo merezco. Creo que no se ha hecho con ningún periodista en este país". Coge su bolso y sigue mientras enfila la puerta: "Siempre remo a favor de obra. Yo no voy a participar en esto, ni en la grada ni allí. Yo me voy a mi casa. ¡Y si queréis me echáis! Pero yo no voy a participar en una vuelta al pasado". 

Y aquí viene lo mollar: "Ya me lo dijeron: 'Somos números'. Estuve a punto de tatuármelo... Hoy ya no. Yo ya he pagado mucho... Creo que no os habéis portado bien conmigo. ¡Yo me voy ahora mismo!". Pero no la dejaron irse, claro que no. Le cerraron el paso, tú de aquí no te vas. Esto debe continuar. Se va a una sala de reposo, y le meten una cámara. "Lydia, ¿cómo estás?", le pregunta Jorge Javier (49). No veo los grilletes, pero los intuyo. Lydia, ¿por qué soportas esto? "¿Has hablado con Charly?", se le azuza. "No, no sabría qué decirle", responde ella con los ojos acuosos. 

Me quiero dirigir a ti, Charly, el hombre en la vida de Lydia durante 30 años. Ese hombro en el que ella se apoya cuando los malos la tratan regular, cuando llega destrozada a casa, cuando no entiende por qué le dan tantos palos desde ese programa para el que ha dado tanto, tantísimo. Charly, sácala de ese nido de víboras. Sálvala, rescátala. Lydia te está pidiendo a gritos que la cojas en volandas y te la lleves de ese lugar tan cruel. Solo tú puedes conseguirlo, plántate: el programa o yo. Seguro que lo hace por ti. Es el momento idóneo porque, por fin, se ha dado de bruces con la realidad: sí, en Sálvame sois números, Lydia. 

Y hablando de números, voy a echar un vistazo a las audiencias. Este martes, el día que Lozano estalló, Sálvame Tomate registró un 20,3 por ciento de share2.199.000 espectadores. Esto, que es una bonísima noticia para el programa, no lo es tanto para Lydia. Todo lo contrario: ese dato es su condena, su grillete. Lydia es un 20,3 y mañana los jefes querrán que sea un 21, un 22 y, por qué no, un 25. Charly, por favor, ve por ella. Ah, por cierto, Pasapalabra ahí sigue con un pedazo de 16. En su línea, a velocidad de crucero. Sin molestar a nadie. 

[Más información: Lydia Lozano, ¿víctima o consentidora? ¡Lo que nadie cuenta sobre las humillaciones que recibe!]