Este jueves 23 abril, Gran Hermano, el niño mimado de Telecinco, el programa que más audiencia ha generado en la historia de Mediaset España, cumple 20 años. En estos momentos en los que una de las palabras de moda es 'confinamiento', no está de más recordar que el formato producido por Zeppelin TV fue pionero en poner en marcha este concepto. Sus participantes, hasta hoy, los únicos capaces de sobrevivir a él: aislados, sin información del exterior, sin teléfono, internet, libros, periódicos, televisión ni siquiera un reloj.

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Aquel domingo 23 de abril del año 2000, en la casa más famosa España -situada en aquella y única ocasión en Soto del Real, a continuación ya sería en Guadalix de la Sierra- entraban 10 concursantes y tan solo tres de ellos lograban colarse en la gran final. Una gala histórica en televisión que reunió a familias, reconcilió a amigos y logró un 51,2 por ciento de share con 7.811.000 espectadores. Hoy, justo dos décadas después de aquella revolución, JALEOS entrevista a sus tres finalistas, Iván Armesto (55 años), Ania Iglesias (49) y el ganador, Ismael Beiro (45).

Iván Armesto, tercera posición

A la izquierda, Iván Armesto el día que entró en 'GH'. A la derecha, Iván en la actualidad.

1. ¿Cómo le cambió la vida Gran Hermano?

Cambió completamente mi forma de ver la vida. Me lanzó hacia una fama que no esperaba, pero que me hizo pensar que debería prepararme para aprovechar esa oportunidad que me había dado.

2. ¿Cuál es el mejor y peor recuerdo de su paso por el programa?

El mejor, sin duda, la amistad con Ismael, la misma amistad que tenemos después de 20 años. El peor, cuando salí y descubrí cuánto clasismo hay en este país.

3. ¿Qué haría hoy con esos 20 millones (120.000 euros del premio)?

Los guardaría para mi hija.

4. 20 años después, ¿ve justo el puesto en el que quedaste en el programa? 

Sí, para mí fue justo, creo que tanto Ania como Ismael tenían otro tipo de rol en la casa. El mío era quizá más arriesgado para que el público me eligiera como ganador, pues por mi edad y experiencia, lideraba en muchos casos las decisiones que allí tomábamos. Y como todos sabemos, el poder quema.

5. La anécdota más increíble que vivió después, fuera, en la calle, como consecuencia del éxito masivo del programa que cambió y revolucionó la televisión y también su vida.

Al margen de la gente que lloraba al verme o las personas que le pusieron a sus hijos mi nombre, quizá lo mas loco desde mi punto de vista, fue compartir varios días con Gustavo Bueno y su familia, con visita incluida de Gracia Noriega. Aquello de que me trataran como a un igual me parecía muy marciano.

Ania Iglesias, segunda posición

A la izquierda, Ania Iglesias en el año 2000. A la derecha, Ania en la actualidad.

1. ¿Cómo le cambió la vida Gran Hermano?

En lo profesional, me dio un giro de 180 grados. Se me abrieron puertas que nunca pensé que podrían abrirse, estuve mas de dos años casi diariamente en la tele, prensa escrita, radio, eventos... Era una star. En lo personal, la vida te cambia en lo que tú quieres que te cambie. Conservo la misma esencia de aquella chavala que entró en Gran Hermano 1 hace 20 años y las mismas ganas de hacer cosas.

2. ¿Cuál es el mejor y peor recuerdo de su paso por el programa?

Es difícil que encuentre algún recuerdo malo. Tuve la suerte de vivir una experiencia única, con unos compañeros únicos, aunque he de confesar que aunque repetiría la experiencia con ellos de nuevo, algunos me sobraron en la casa y me sobran en la vida. Yo era el 'bicho raro' de esa edición: vegetariana, modelo, aspirante a actriz, no fuma, no bebe, hace yoga y meditación y come tofu... Me dolió, por destacar algo de lo peor, que algún concursante no me diera la oportunidad de no etiquetarme como rara y no quererme conocer algo más. Mejor recuerdo, el día que entró mi perro Kenzo.

3. ¿Qué haría hoy con esos 20 millones (120.000 euros del premio)?

Lo mismo que entonces: usarlos para afianzar mi futuro. Soy muy hormiguita trabajadora y yo sí compré mi casa en Madrid que al final es mi seguro de jubilación Formarme y algún caprichoso de ropa que aun tengo en mi armario. Por suerte, en mi entorno cercano ni entonces ni ahora tenían necesidades básicas sin cubrir, por eso ese dinero lo metería en mi futuro para poder desarrollar mejor mi trabajo. Quedaría bonito decir que compraría mascarillas para todo el mundo, pero prefiero colaborar socialmente de otras maneras que ya hago y que no promuevo en los medios, lo dejo para mí. Trabajo mucho para generar trabajo y para tener trabajo yo y ojalá pueda, cuando pase toda esta crisis, generar mucho empleo. 

4. 20 años después, ¿ve justo el puesto en el que quedó en el programa? 

No, mentiría si te dijera que sí. Yo quería ganar, soy una competidora nata en la vida y yo cuando lucho es para llevarme la mejor nota posible. Dejé mi carrera a medias porque no conseguía sacar 10 en todo. Esa es mi filosofía, por eso sé que soy actriz, porque nunca he sacado una nota mediocre, si no te aseguro que no lucharía. Me genera frustración el fracaso. Pero eso no quita que al no ser yo la ganadora, no me alegre de que lo fuera Ismael, que además de merecerlo, lo necesitaba económicamente. 

5. La anécdota más increíble que vivió después, fuera, en la calle, como consecuencia del éxito masivo del programa que cambió y revolucionó la televisión y también su vida.

Imposible elegir una. Te puedo contar que la primera persona con la que hablé cuando salí de la casa fue con Loles León. La gente en la calle se me arrodillaba pidiéndome un autógrafo o un beso. Recuerdo en Gran Vía una vez un chico que me pidió matrimonio sin conocerme. Los niños lloraban de emoción o no podía ni mediar palabra si me veían, o se abrazaban a mi. Que mi guardaespaldas -sí, has leído bien- mi guardaespaldas llevaba una sabana blanca porque si se acercaba un paparazzi a hacernos fotos me la tiraba encima. Recuerdo un evento en Barcelona que tuve una persecución en coche y me sacaron los escoltas porque creían que yo estaba con un político de la época e intentaban cazarme en el aeropuerto. Ese día parecía Lady Di, pero gracias a Dios con otro final.

Ismael Beiro, ganador

A la izquierda, Ismael Beiro en el año 2000. A la derecha, Ismael en una imagen reciente.

1. ¿Cómo le cambió la vida Gran Hermano?

Para mí, Gran Hermano fue sin duda mi gran aventura y el gran descubrimiento de una nueva era moderna. Gracias a este programa he conseguido hacer realidad muchos sueños profesionales y seguir recibiendo el cariño del público que todavía perdura por mis trabajos como colaborador o presentador en programas o como monologuista en el circuito cómico y que es una suerte poder sentir.

2. ¿Cuál es el mejor y peor recuerdo de su paso por el programa?

Soy de los que prefiere usar las experiencias -tanto buenas como malas- como aprendizaje. Era muy joven entonces y desde la madurez, las cosas las ves de forma diferente y todo se queda en anécdotas. Sin duda, mi salida de la casa es un recuerdo imborrable en mi vida y maravilloso. A todos se nos hizo muy grande esta nube llamada fama, grande hasta para los que nos representaban porque nunca antes habían tenido tantas llamadas y peticiones por nosotros lo que provocó que llegara al colapso.

3. ¿Qué haría hoy con esos 20 millones (120.000 euros del premio)? Y usted, como ganador, ¿qué hizo?

Volvería a hacer lo mismo: comprarle una casa a mi madre. Es algo que siempre quise hacer y que me hizo muy feliz el poder haberlo conseguido. Las madres lo dan todo por los hijos y es una suerte poder devolverle una mínima parte de todo lo que la mía hizo por mí.

4. 20 años después, ¿ve justo el puesto en el que quedó en el programa? 

Mire usted, yo nunca pensé en ganar, pero sí en llegar a la final. De hecho, yo pedí el voto para Iván. Si gané, fue gracias a la audiencia soberana que me consideró su ganador y se decantó por votarme y qué más justo y democrático que la decisión del público.

5. La anécdota más increíble que vivió después, fuera, en la calle, como consecuencia del éxito masivo del programa que cambió y revolucionó la televisión y también su vida.

Tengo muchísimas anécdotas. Desde perseguirme la Guardia Civil y yo, que sigo sin ser consciente del fenómeno que generó Gran Hermano, pensaba que me querían multar: sólo querían un autógrafo... Yo no daba crédito. Hasta pararse a saludarme presidentes de Estado, Casa Real, celebrities...

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