Ay, con el corazón en un puño me ha pillado Supervivientes Tierra de Nadie este martes en Telecinco. Yo, que conforme empezaba el concurso esta semana, me había dicho a mí mismo que el programa se lo llevaban, por polémica, Omar Montes (30 años), Albert Álvarez (29) y Fabio Colloricchio (29) por sus desavenencias rastreras a la hora de comer -¡habrase visto semejantes almas sin corazón, buitres del inframundo! El hambre se termina, ¿y la humanidad?-, resulta que el foco -hey, ustedes, sí, no olviden, los focos a mi persona- se lo ha llevado la gran Isabel Pantoja (62 años).

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¿Qué raro, verdad? Ella, que, de normal, procura pasar inadvertida; ella que, cuando ve una cámara, siente una acometida alérgica; sí, ella. La inconmensurable, la diva. La diosa. Oye, tú, bésame los pies. La que se dijo que descendía a los infiernos por participar en Supervivientes; que, cáspitas, ella es una tipa humilde. De igual a igual. ¡Con honestidad, tú! Me río yo de eso: ¡Isabel ha estafado al programa, a la productora y a la audiencia! ¿Cómo se puede tener la cara tan larga...y la falda tan corta! Una y otra, calcao. ¿Soy el único que pienso que abusa de enseñar pierna? Isabel, no la tienes bonita, miarma

Pantoja comiendo destrangis en Honduras. Mediaset

Frivolidades aparte -azotádme por caer en el pecado de lo fácil- , es un hecho que Pantoja ha hecho trampas, ha jugado a las funambulistas de la ley, haciendo malabares para no vérselas con el Altísimo. En otra escala, ya no judicial -que también. A sus pies, Malaya-, la madre de Kiko Rivera (35) no ha podido esquivar el timo de la estampita, ni del tocomocho de turno... Vaaale, en esta ocasión, el timo no tenía nada que ver con nada de eso, pero, oye, uno se zambulle en la literatura.  ¿Tan malo es? Vamos a lo mollar: Pantoja ha escondido comida en Honduras. 

Mejor, me corrijo y perfecciono; borro, escribo y subrayo: Pantoja les ha robado comida a sus compañeros, ¡y la ha hecho propia! Mi pareja, que siempre está al quite con los titulares para que no desbarre en exceso, me hace ver: ¿No crees que poner que el programa comete una estafa es demasiado? Yo, enervado como solo me pone la cantante, le rebato, vena en ristre: "Hombre, también es verdad que si el programa, con cámaras 24 horas al día, ve eso y lo consiente para hacer vídeos, ¿no está en connivencia con Pantoja?". Se establece un denso, grueso silencio. Manuel, el hombre que me soporta, escucha mi zozobra mental y me reprende: "Piénsalo antes de lanzarte". Yo, con tal de no recibir llamadas incómodas, paso por el aro. ¡Pero Supervivientes consintió la estafa! 

Resulta que hay un momento de la semana en que Albert descubre a la Pantoja más tramposa. ¿Por qué no hablamos de la montaña de platos que tiene Pantoja escondida? Y encima se pone de espaldas. Cuando preparamos la comida, ella se echa de más sin que la veamos". Un ataque que ha secundado, rauda, Mónica Hoyos (42): "Sabes que comes más que los demás, te echas más comida". Lógicamente, no hacía falta ser un lince para darse cuenta, la intérprete de Marinero de luces lo ha negado en redondo: ella no come más, ¡acabásemos! 

Malpensados, carroñeros, destructores -como diría una leyenda, Rocío Jurado-, que solo vivís, respiráis y os alimentáis del mal: ojalá algún día ese Dios del que creo tanto os haga cumplir condena. El problema es que un servidor atisba que, qué cosas, el programa comienza a estar cansadito de las exigencias de la Pantoja, de sus divismos y de sus continuos arrebatos de huida y, claro, este martes ha estallado: sí, Isabel, tú robaste una comida que no era tuya, inflaste un condimento que no te pertenecía. "Y encima lo hace de espaldas, para que no la vea nadie", apostilla Albert.

La cámara, la grabación, secunda su testimonio. Lo siento, Pantoja, tu reinado cayó como un castillo de naipes. "Me quiero ir este jueves", te desahogabas con Hoyos. No me extraña. Ves que el cerco te está asfixiando. Salud y suerte. Bueno, suerte tendrás de sobra cuando sagas. ¡La que te espera, gitana! 

Salvado: Albert

Nominadas: Dakota y Mónica

[Más información: Supervivientes se convierte en un resort: ¿un chef en Honduras?, ¡qué vergüenza!]