Irene Villa (41 años) es un ejemplo de superación y resiliencia. Su vida ha estado plagada de obstáculos desde aquel atentado terrorista que le robó la infancia, además de arrebatarle las dos piernas y tres dedos de una mano.

Desde entonces, no son pocas las cimas que la periodista ha tenido que escalar, una dura travesía vital que narra en su sexto libro, Los ochomiles de la vida. Se trata de un relato sincero y en primera persona que sigue los pasos de Saber que se puede, la primera obra en la que plasmó sus vivencias hace ya 15 años.

Muchas cosas han cambiado en la vida de Irene Villa desde aquella primera experiencia editorial. Entre las aventuras que el destino ha cruzado en su camino, ella tiene claro cuál ha sido la más importante: ser "trimadre". "Me siento agradecida y bendecida", confiesa en las primeras páginas.

Oportunidades

Irene Villa acaba de presentar su sexto libro.

A pesar de los obstáculos a los que se ha tenido que enfrentar, confiesa que la vida también le ha otorgado numerosas oportunidades. La primera, probablemente la más importante, cuando 'renació' aquel 17 de octubre de 1991. "Mi destino era morir", afirma.

Aunque ya narró esta experiencia en su primer libro, el tiempo y la madurez le han aportado una visión distinta: "Mi madre tenía cuarenta años, los mismos que tengo yo ahora. Esta perspectiva me da vértigo", señala.

"La encontraron en la carretera ensangrentada sin un brazo y una pierna (...) Al otro lado del coche yacía mi cuerpo bocabajo, sin piernas, sin tres dedos y aparentemente sin vida. Alguien me dio la vuelta y detectó un débil pulso", describe.

Con el paso de los años, Irene Villa ha descubierto que aquel no ha sido su único renacer y que el destino le deparaba muchos otros 'ochomiles'.

Dolor

Irene Villa y su madre sufrieron un atentado terrorista en 1991. Gtres

La madrileña no omite las situaciones traumáticas que se ha encontrado a lo largo de su vida, más allá del atentado de ETA. Entre ellas, un largo y duro proceso de operaciones para mejorar su calidad de vida y un problema de salud que la situó "al borde de la desesperación" durante varios años.

"La relación más larga que he mantenido es con el dolor", revela la periodista. "El dolor por perder mis piernas al despertar de aquel atentado, el dolor por las diversas operaciones, el dolor cuando la bacteria amenazó durante tanto tiempo con amargarme la vida".

Y es que, según ha narrado, una bacteria de quirófano truncó sus ilusiones al poco tiempo de lograr, por fin, andar sin dolor. "Anidó en mi fémur y estuvo a punto de ganarme la batalla durante cuatro largos años", explica. "Me provocó una infección que parecía no tener fin, porque mutaba y no había forma de acabar con ella".

Aborto

La periodista tuvo que extirparse las trompas por un embarazo ectópico. Gtres

Irene Villa habla en uno de los capítulos de su libro de "abrazar el dolor" como método para reponerse ante la adversidad. "A pesar de que he sufrido operaciones, infecciones, caídas esquiando, dolores neurológicos, miembro fantasma, ciática, malestares varios durante mis tres embarazos..., reconozco que ningún dolor es comparable al dolor emocional", manifiesta.

Su postura se basa en una de las experiencias más duras de su vida: el aborto de su cuarto hijo en 2017. "Creí que lo había digerido pronto, le llamé mi estrella fugaz y seguí con mi vida", relata. "Pero estaba triste, a pesar de los muchos motivos para estar agradecida y feliz. Me martirizaba pensando si sería la niña que siempre deseé", reconoce.

Una vez más, Irene decidió abrazar su dolor: "Le di la vuelta y pensé que había sido un verdadero milagro que aquel embarazo ectópico no hiciera que estallara la trompa y derivara en un problema mayor: perder la vida".

La periodista cuenta cómo acudió con gran ilusión al ginecólogo para confirmar su embarazo desde que tuvo la primera falta, pero la alegría se esfumó de golpe cuando le informaron de que el embrión no estaba en el útero y debían extirparle las trompas. "Fue la primera vez en veintiséis años de operaciones que no quería entrar en un quirófano", lamenta.

Divorcio

Irene Villa y Juan Pablo Lauro se separaron en 2018 tras siete años de matrimonio. Gtres

En el verano de 2018, Irene Villa tuvo que hacer frente a un nuevo 'ochomil'. En este caso, se trataba de un golpe sentimental, pues la periodista y su marido, Juan Pablo Lauro, decidían poner fin a su relación tras siete años de matrimonio.

A pesar de separar sus caminos, la pareja tuvo claro desde el principio que el divorcio debía ser amistoso y lo menos traumático posible para sus tres hijos. "Creo que todo, absolutamente todo, hasta un divorcio, se puede hacer desde el amor", reflexiona.

La noticia de la ruptura causó desconcierto tanto en el ámbito mediático como en el entorno cercano a la pareja, pues se conoció crisis alguna entre Irene y Juan Pablo. "A muchísimas personas les sorprendió mi separación. Incluso a nuestras familias", reconoce ella en el libro. "Teníamos que tomar una decisión, pero no queríamos dar el paso por miedo a lo que podían sufrir los niños".

Sin entrar a detallar los motivos que llevaron a poner fin a su matrimonio, la periodista expone cómo fue el momento en que le comunicaron la noticia a sus tres pequeños: "Mamá y papá os van a querer toda la vida, pero ahora empezamos una nueva vida en casas diferentes", les dijeron.

"Tuve una etapa de confusión y de no saber hacia dónde tirar, pero nunca me sentí de luto, porque lo que nació de aquel matrimonio perdurará siempre", confiesa. "La fuerza me la dieron mis hijos, me focalicé en ellos y también en nuevos desafíos profesionales y en retos deportivos que consiguieron devolverme la sonrisa".

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