Paloma Cuevas (47 años) y Enrique Ponce (48) ya han iniciado el proceso de divorcio. Después de meses de informaciones, amor en los tendidos y en las redes, de rumores y comunicados varios, el matrimonio se mantiene en la misma línea del principio: la discreción, el cariño y el mutuo acuerdo en todo. Se ha escrito mucho sobre el supuesto papel 'conminatorio' de Paloma Cuevas a Ponce en este tiempo de exposición mediática con Ana Soria (22). Se ha especulado con llamadas al orden. Nada que ver, según se informa a JALEOS.

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Desde aquella portada que anunciaba la grave crisis y posterior separación, la hija de Victoriano Valencia (87) se ha mantenido en silencio, un regio silencio, y solo unos pocos, muy pocos, conocen cómo se siente Cuevas intramuros. Claro que ha habido tensión, malos días, noticias que llegan y no apetece leer, en la finca La Cetrina donde ha pasado el verano Paloma, pero no se han hecho público. Ella ha optado por vivir esta separación siguiendo su sino: de puertas para adentro. Solo hace unos días, se informa, dijo basta y acordó el último comunicado con Enrique en el que se desmentía que fuese una mujer mantenida. 

Enrique y Paloma en imagen de archivo. Gtres

Se asegura y se insiste: se llevan bien, por el matrimonio, por la descendencia y por el cariño de casi 25 años. Ni siquiera en temas tan espinosos a priori para otros como la repartición de bienes habrá roces ni problemas. Eso sí, se desliza a este medio que ha habido cambios en las últimas horas en relación con las propiedades que se quedarán cada uno. Si bien en un principio se aseguró a este medio que Paloma Cuevas estaba interesada en quedarse en la casa familiar que dispone el todavía matrimonio en la zona de Pintor Rosales (Madrid), y que Ponce haría nueva vida en La Finca (Pozuelo, Madrid) -además de disponer de La Cetrina (Jaén), propiedad a su nombre desde antes de la boda con Cuevas-, ahora no será así. Tal y como se ha avanzado en Es la mañana de Federico, y amplía JALEOS, Paloma se mudará a La Finca y Enrique "podrá disponer" de la casa de Pintor Rosales durante sus estancias puntuales en Madrid, teniendo en cuenta su profesión y sus viajes a Almería. Para entender este movimiento hay que conocer la intrahistoria que tiene esta gran parcela que Enrique y Paloma recibieron como regalo hace unos años de Victoriano Valencia, el padre de Cuevas. Fue, en realidad, un obsequio del mítico torero a su hija, pero también a su 'segundo hijo', Enrique. Allí quería irse a vivir el matrimonio, por entonces sin fisuras y feliz. Comenzaron las obras de remodelación, pero, desgraciadamente, todo se paró cuando falleció el hermano de Paloma. 

Cuenta a este periódico una persona de confianza de la familia que "todo pasó a un segundo plano", la casa ya no era prioridad. El dolor de la familia fue hondo. Ahora, han pasado cuatro años, y la vida sigue, aunque no sigue igual. En aquel momento, Paloma ya pensó en sus padres e hizo que la casa tuviera un ala para ellos, para que vivieran cerca, a su vera. El cuidado de sus padres, esa es la razón por la que finalmente Paloma se quedará en La Finca: quiere estar con ellos en un sitio grande, espacioso, sin agobios y sin tanta presencia mediática. Allí, en esa exclusiva urbanización, estará aislada de los fotógrafos.  

De este modo, ha pedido que se acelere la obra para que "cuanto antes" pueda instalarse en La Finca, a poder ser antes de que el curso escolar esté muy avanzado. Como es lógico, Enrique no ha puesto ninguna objeción, teniendo en cuenta que, sentimentalismos aparte, el terreno le pertenece a su todavía esposa. Él está feliz y tiene claro que "nada le parecerá mal". Una de las cosas que más ilusión le hace es disponer de La Cetrina, una finca enorme donde puede entrenar para el toreo. Además, para cuando visite Almería ya tiene casa propia allí, como informó JALEOS hace unos días. Para terminar, se incide de nuevo: "todo está bien y está tranquilo. Una separación modélica". 

Enrique y Ana, un verano agridulce

Pese a que está enamorado y debería estar disfrutando de una continua luna de miel, lo cierto es que Enrique ha pasado uno de sus peores veranos. Han sido meses especialmente duros y aciagos para el diestro, su todavía mujer y su nueva pareja sentimental, Ana, a raíz de la publicación de la ruptura del longevo matrimonio y todo el maremoto que vino después. Estos meses de verano han colmado la paciencia del torero.

Implora que la presión disminuya, que cesen las especulaciones de su vida privada y que lo dejen ser feliz con su nueva pareja. Todo esto acontece en los mismos días en que el torero ha eliminado de sus redes sociales todo rastro de Ana Soria: ni una sola fotografía ha dejado de su flamante nuevo amor. Hace unos días, este medio pudo conocer, a través de una persona cercana a Ponce, cuál era la verdadera razón de que Enrique borrase toda instantánea con Soria justo en los días en que defiende a ultranza la honorabilidad de su todavía mujer. "Antes de que se hiciera pública su relación con Ana, Enrique solo usaba sus redes para temas profesionales y de un tiempo a esta parte le han recomendado y asesorado que cese de publicar tanto contenido sentimental", relataba la fuente consultada.

Se aclaraba que no había sido, en ningún caso, Paloma Cuevas quien se lo ha recriminado: "Nada que ver, Paloma jamás entraría ahí. Más bien un buen equipo profesional ha sido quien ha guiado a Enrique". Y se continuaba: "Esta eliminación no ha supuesto ningún enfado ni contrariedad alguna. Lo ha aceptado y entendido de buen grado". Sin embargo, esta medida le duró muy poco al diestro. El pasado 3 de septiembre Ana Soria cumplía 22 años y Ponce le dedicaba una frase, una foto y un vídeo íntimo en su red. 

[Más información: Enrique Ponce, la verdad de la eliminación de sus fotos con Ana Soria y su llamada clave a Paloma Cuevas]