Es la noticia del momento y todos los medios de comunicación se han hecho eco de ella. La separación matrimonial entre Enrique Ponce (49 años) y Paloma Cuevas (48), oficializada el pasado miércoles a través de una revista del corazón, ha supuesto todo un tsunami informativo en torno a uno de los matrimonios más longevos y estables del panorama nacional. Por si la ruptura no fuese lo suficientemente noticiable, a las pocas horas de hacerse pública aparecía en escena una segunda mujer en discordia, Ana Soria, almeriense de 22 años. 

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Fueron muchos los profesionales de la información que se atrevieron a apuntar que esta joven era la razón única y exclusiva por la que Enrique Ponce y Paloma Cuevas decidían tomar caminos separados tras 24 años de matrimonio. Hasta donde se conoce, Cuevas sostiene en la intimidad de su hogar que no sabía de la existencia de esta mujer andaluza en la vida de su esposo. Tras ver la luz su separación, el lema de Paloma ha sido el mismo e inalterable: no hablar mal de su todavía marido y encerrarse con los suyos hasta que escampe el chaparrón mediático. Dice estar "serena" y no ver nada de lo que se dice. 

Paloma Cuevas y Ana Soria en un montaje de JALEOS.

Más allá de las habladurías, lo que es un hecho comprobado por JALEOS es que existe una ilusión entre Ana Soria y el torero Enrique Ponce, que desde hace cerca de un año se ha intensificado, y han sido varias las ocasiones en que se han 'escapado' al sur de España. En concreto, a Mojácar (Almería), donde veranea la joven junto a su familia. Ahora bien, lo que pocos pueden conocer es que, más allá de los 26 años de diferencia que se llevan Paloma y Ana, sus vidas personales están trazadas en paralelo y tienen más aspectos en común de los que querrían. La carrera de Derecho, el mundo del toro y hasta el modelaje son algunos de los puntos en común entre las dos mujeres de la vida de Ponce

1. La pasión por los toros 

Paloma Cuevas en una corrida de toros. Gtres

Tanto Paloma Cuevas como Ana Soria son grandes aficionadas de la fiesta y, desde bien jóvenes, sus padres les inculcaron el gusto por las corridas de toros. Por un lado, este periódico ha podido conocer que el padre de Ana, un prestigioso abogado de Almería, siente verdadera devoción por el mundo taurino y es un ferviente seguidor tanto de los carteles en su capital como de Enrique Ponce en particular. Existe en la casa de los Soria verdadera admiración por el torero desde hace muchos años. Por extensión, la joven Ana tampoco se pierde una corrida de toros y, de hecho, su pasión la llevó un buen día a escribirse por redes sociales con Ponce. 

Por otro lado, la vida de Paloma Cuevas no se puede escribir sin la presencia del toro. Paloma Cuevas se crio rodeada de diestros, ya que su padre, Victoriano Cuevas Roger (87), más conocido como Victoriano Valencia, despuntó como empresario taurino. Valencia fue muy popular allá por los años sesenta y toreó más de 20 veces en Las Ventas y tomó la alternativa en la Monumental en la Ciudad Condal bajo la atenta mirada de Antonio Ordóñez. Victoriano se convirtió en un gran empresario y apoderado de maestros como Ortega Cano (66), Miguel Abellán (41) o Julio Robles (49), entre otros. Más tarde, su hija Palomita, como se la llama en familia, conocería el amor de la mano de Enrique Ponce sellando así su romance con la fiesta. 

2. La carrera de Derecho

Además del mundo del toro, Paloma y Ana tienen otro punto en común: su vínculo por el Derecho. En esta ocasión, Paloma Cuevas no lo ha estudiado en primera persona -ella estudió Ciencias Empresariales-, pero sí lo hizo su padre, Victoriano, en su época estudiantil. Fue de los primeros toreros en estudiar una carrera universitaria, se licenció en Derecho en la Universidad de Salamanca. Por su parte, Ana Soria estudia Derecho en un Colegio Mayor de Granada. Este periódico ha podido conocer su gran pasión por esta carrera, inculcada por sus padres, ambos abogados de profesión. 

3. Su gusto por el modelaje

Ana Soria hizo sus pinitos hace un tiempo como modelo, pero nada de forma profesional. Lo típico de una chica joven e inquieta que quiso probar suerte. Pero la que sí se dedicó de forma profesional al modelaje fue Paloma Cuevas. Con el paso de los años se ha convertido en una de las mujeres más elegantes del panorama nacional. De hecho, los lectores e internautas de ¡HOLA! la eligieron la segunda mujer más elegante del año 2001, detrás de la reina Rania de Jordania (49). Pero de las españolas, la primera. Además, la revista Marie Claire la definió como una de las mejores vestidas en la Proclamación de los Reyes de España en 2014. 

4. Sus orígenes andaluces

Otro gran punto en común. Tanto Paloma Cuevas como Ana Soria son andaluzas: la primera nació en Córdoba y la segunda, en Almería. Las dos llevan su tierra por bandera y son unas amantes del sur, de sus playas y calidad de vida. En el caso de Cuevas, siempre que puede hace alarde de su tierra y son varias las fotografías que 'cuelga' en su red social vestida con el traje de gitana. Además, Enrique y Paloma cuentan con una gran propiedad en Jaén, donde solían pasar largas temporadas. 

Este impresionante terreno sobre el cual se construyó una espectacular casa al más puro estilo rústico ha sido escenario de bautizos y comuniones de las dos hijas del matrimonio, Paloma y Bianca. También ha sido fotografiado y llevado hasta los medios de comunicación en un sinfín de ocasiones. 

5. Una familia discreta 

La discreción es la palabra que mejor definiría a Paloma Cuevas. Una cualidad que ha demostrado a lo largo de sus años de matrimonio con Enrique Ponce. Nunca se les ha conocido un escándalo y la serenidad siempre ha sido su máxima. Incluso, en estos momentos tan complicados. En lo que respecta a Ana Soria, ídem. Su familia es muy conocida en Almería capital y cuentan con un gran prestigio. "Son personas muy discretas y conocidas en Almería. No les gusta el escándalo ni verse en estas cosas, pero lógicamente están felices y encantados y conocen a Enrique", informa una persona allegada a Ana Soria.

6. Su 'preocupación' por el físico

Ana Soria y Paloma Cuevas son dos mujeres que se cuidan y preocupan y ocupan por su afeite personal. Les encanta la vida sana y el deporte. La todavía mujer de Enrique Ponce pasa la mayor parte de su tiempo en el cortijo La Cetrina, donde hace vida durante largas temporadas. Allí, aprovecha el envidiable entorno para practicar distintos deportes que le ayudan a mantener una silueta perfecta. 

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