La tristeza inunda a Ana Obregón (65 años) desde este miércoles 13 de mayo. Su hijo, Álex Lequio, decía adiós para siempre a los 27 años de edad tras una dura lucha contra el cáncer. Finalmente el sarcoma de Ewing que sufría ha producido el peor de los desenlaces, lo que ha dejado a la familia duramente golpeada. Sobre todo a su madre, quien se desvivió por el joven durante toda su vida y siempre fue su mayor debilidad.

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La actriz ha compartido una publicación en su perfil de Instagram menos de 24 horas después del fallecimiento de su 'ojito derecho'. Ha reaparecido en sus redes para mostrar una fotografía en la que aparece con su hijo y con un mensaje breve pero desgarrador: "Se apagó mi vida".

El joven se encontraba ingresado en una clínica de Barcelona desde hace poco más de un mes, donde finalmente se ha producido el triste final. De esta forma, se hacía realidad el suceso más doloroso para una madre, y más aún para una progenitora tan familiar y tan amante de su hijo como es Ana Obregón. 

Desde que Álex nació el 23 de junio de 1992, la vida de la actriz cambió para siempre y ella dejó de ser el centro de su rutina para volcarse en su pequeño. Un bebé curioso y rebelde. Que creció rodeado de los focos y los flashes de las cámaras porque sus padres eran ya asiduos en los medios de comunicación y el papel couché.

El pequeño Lequio Obregón era extrovertido, divertido y feliz en un entorno en el que siempre se sintió arropado. Poco a poco creció y se convirtió en un joven optimista e inteligente que amaba por encima de todo a su familia y por eso fue el nexo de unión más real entre sus padres, quienes siempre dejaron a un lado sus diferencias por el bien de su hijo en común.

Álex apenas tenía tres años cuando sus padres se separaron. Ana decidió echar de casa a Alessandro Lequio (59) en 1995 por su infidelidad con la azafata Silvia Tinao. En ese momento el cordón umbilical entre madre e hijo, que ya era especial, se tornó en la mayor esencia vital de la actriz. Él era toda su vida, todo su mundo.

El niño se convirtió en un hombre y pasó por la Universidad de Duke, en Estados Unidos, pero siempre permaneció pendiente de su familia, y viceversa. Cuando volvió a España, tenía claro que quería seguir la estela empresarial de su abuelo, un ejemplo en el sector de los negocios. Y así construyó y fundó su primera empresa, Polar Marketing. Una inversión en la que puso toda la ilusión y las ganas, para orgullo de sus padres. 

Sin embargo, los sueños se empañaron cuando a principios de 2018 le diagnosticaron el cáncer. En abril de ese año el núcleo familiar voló a Nueva York para ponerse en manos del doctor Baselga en el prestigioso Memorial Cancer Center. Su padre iba y venía a España para seguir trabajando en El programa de Ana Rosa, pero Ana permaneció al lado de su hijo cada día en la Gran Manzana, cada mañana, tarde y noche, en cada tratamiento y en cada risa y llanto.

Seis meses más tarde aterrizaban en nuestro país para continuar tratándose entre Madrid, Navarra y Barcelona. Mientras, los tres miembros Lequio Obregón mostraban optimismo, esperanza y un ejemplo de superación infinito. Querían vencer al cáncer unidos. Y ese sentimiento y reivindicación quedó claro hasta el final. Un final que no merecía llegar. Ahora Ana está desolada, tal y como expresan las únicas cuatro palabras que ha sido capaz de escribir en sus redes.

[Más información: Clemente Lequio se despide de Álex, su hermano pequeño, con una emotiva carta]