Rachel Valdés Camejo (30 años), la nueva pareja de Alejandro Sanz (51), continúa siendo una gran desconocida para el público. Ahora Rachel, la persona con la que el cantante ha rehecho su vida desde hace seis meses tras su separación de Raquel Perera (44), habla por primera vez de su relación con el cantante en una extensa entrevista. 

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Ser la pareja del intérprete de Corazón Partío no es fácil porque genera un gran interés mediático. ¿Cómo lleva ella la fama? ¿Cómo la está gestionando? "Intento mantenerme ordenada mentalmente. Tengo mis amigos de toda la vida, mi gente y soy muy natural. Notas que hay personas que preguntan de vez en cuando o se te acercan más, pero no es un big deal. Es algo que tiene que ver con mi relación, pero yo sigo siendo la misma. No quiero que nada me cambie", se ha sincerado en Vanity Fair

En esta entrevista, Rachel cuenta cómo se conocieron: "Lo conocí hace un tiempo a través de unos amigos". De ese Alejandro que conoce en la intimidad explica lo que sigue: "Es grande como persona y como artista. Es empático y humilde. ¡Muy noble!". A nivel artísitco, Rachel no tiene dudas: "Es un gran artista. Tener esa capacidad de transmitir algo tan fuerte, como una buena canción".

Valdés vive a caballo entre Barcelona, Madrid y La Habana, donde tiene su estudio principal en una casa señorial ubicada en El Vedado, uno de los barrios de mayor esplendor de la ciudad. A este continuo ir y venir por el mundo, Rachel suma la trepidante agenda de su pareja y en su día a día cuando están juntos les encanta compartir hobbies: "No. A mí me cuesta pintar en plan relajado porque es mi profesión. No soy tan bohemia. Me gusta organizarme bien, tener las cosas ordenadas... Pero Alejandro me parece buen pintor. Yo creo que ni sabe que pienso esto de él".

En un punto determinado de la entrevista, Rachel narra su dura infancia. Creció en Cuba durante el llamado Período Especial, una de las épocas más duras de la isla. Tras la desintegración de la URSS en 1991, la isla quedó desabastecida al dejar de percibir ayuda económica y sufrir el embargo de EEUU. "Mi país ha evolucionado, pero no lo suficiente para el bienestar general", dice Rachel. La joven, en esta entrevista en la que se abre por primera vez, recuerda algunos duros episodios: "¡En mi país no había nada! Escaseaba la comida, la gasolina...". Recuerda con melancolía los esfuerzos de su madre Rachel Camejo durante la represión cubana: "Mi madre dejaba de comer muchas veces para que lo hiciera yo".

Graduada en Pintura en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, con 20 años recaló en Barcelona tras recibir una beca para seguir estudiando gracias a "unos coleccionistas que habían viajado a Cuba". En la Ciudad Condal vivió un lustro. Se casó con un importante abogado catalán y representante legal de algunos futbolistas con el que tuvo a su hijo Max, de cinco años, pero terminó divorciándose. Sus progenitores Rachel y Adolfo Valdés, tampoco consiguieron mantener unido su matrimonio.

Su madre es programadora informática y se dedica al mundo del cine en La Habana. Su padre, Adolfo Valdés, también es informático. Se separaron cuando Rachel era muy joven. Adolfo rehizo su vida y tuvo otra hija, que hoy tiene 13 años. Desde que saltó su relación con el cantante español, a la cubana le han adjudicado otros novios famosos, como Marc Anthony -en 2015 participó en el videoclip Traidora- o el mismísimo Mick Jagger, líder de los Rolling Stones, con quien trabajó en 2016.

Discreta, se toma la cosa riéndose: "El tema del vídeo (con Marc Anthony) surgió porque me gusta la actuación y lo de convertirte en otra persona y hacer creer una sensación que no es real. Conocía a la gente de casting y por eso me llamaron". Sobre Jagger, desmiente por completo la relación: "Era la primera vez que venía con la banda a La Habana después de muchos años. Yo los ayudé a traducir la presentación que iban a hacer: 'Hola, Habana. ¡Buenas noches, mi gente de Cuba!'".

Además de por su pintura, hoy en día Rachel es famosa por sus grandes instalaciones, en las que busca la ilusión óptica a través del uso del reflejo de los espejos: "Ser artista quizá no es la profesión más necesaria del mundo, pero me gusta crear emociones y sensaciones". El punto de inflexión en la carrera de Rachel fue en el año 2012, cuando durante la presentación en Nueva York de la Bienal de La Habana, el mayor evento de las artes visuales en Cuba, Ben Rodríguez, director de la Rockefeller Brothers Fund, la fundación de la conocida saga de empresarios y políticos estadounidenses, se fijó en su obra.

Ese revulsivo le valió conseguir una beca en el Vermont Studio Center, uno de los centros artísticos más relevantes de Estados Unidos. Ahora algunas de sus obras están en manos de importantes coleccionistas y galeristas como Brent Sikkema, uno de los más relevantes de Manhattan.

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