La hija del marqués de Larios, Sandra Fernández de Villavicencio (30 años), no puede olvidar su pasado y, sobre todo, le es prácticamente imposible no acordarse del desahucio del mes de abril y del que fue testigo JALEOS. Su padre, José Carlos Fernández de Villacencio y Eleta, la dejaba en la calle junto a su hijo Kenzo (6), los obligaba a desalojar su hogar de toda la vida. Desde entonces no se había atrevido a acercarse a esa calle de La Moraleja que un tiempo ocupó su día a día. Le dolía. Sin embargo, ahora lo ha hecho. 

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Tal como ha podido conocer este medio, hace unos días Sandra se acercó y lo que vio la dejó noqueada: su padre está destruyendo el casoplón que la vio crecer, convirtiendo en escombros su pasado. "Me lo había comentado un familiar, que mi padre había comenzado a tirar la casa para hacerse una nueva. Ayer me pasé y, en efecto, ya ha tirado toda la zona del garaje. Se me revolvieron las tripas", comenta la joven a este medio. Lo más lacerante para ella es que el objetivo de su padre no es otro que levantar un nuevo hogar "para sus otros hijos". 

Imagen reciente del marqués facilitada por Sandra.

"El marqués se ha hecho pasar por un señor sin hogar y que necesitaba vender la casa para hacer frente a las necesidades de sus otros dos hijos. ¿Cómo una persona que supuestamente no tiene ni para pagar 2.000 euros de IBI -lo único que pagaba de la casa- puede permitirse derrumbar una casa y construir una nueva?", interpela Sancha soliviantada. Según su opinión, José Carlos y su mujer tienen la firme intención de trasladarse a vivir a esa casa de La Moraleja el año que viene: "Sé de primera mano que los hijos van a ir al colegio Runnymede College". Pero ahí no queda su dolor e incomprensión, según su testimonio, el marqués se ha desprendido de los objetos que ella había depositado en una caseta adyacente a la casa: "Ya no hay garaje y ha tirado todas mis pertenencias y las de Kenzo que había en el trastero de madera. Mis muebles y todo lo de mi hijo, que se pidió cinco días para poder retirar y no me concedieron ese petición. Lo ha tirado todo".

Todo esto acontece mientras madre e hijo continúan sin encontrar un techo fijo. Los primeros días sin casa este medio pudo conocer que Sandra y Kenzo se había instalado en la casa "de una amiga de su madre". En la actualidad, su vida no ha mejorado mucho. "Hasta el día de hoy no tengo domicilio fijo, espero solucionarlo lo antes posible. Además, en estos días Kenzo cambia de colegio", informa Sandra. 

La caseta donde Sandra guardó sus pertenencias. Imagen facilitada por Sandra.

El 17 de abril, el día del desahucio

Cabe recordar que fue el 17 de abril cuando Sandra y su hijo abandonaron para siempre su casa. Tras una semana en que el desahucio no se pudo ejecutar por la inesperada presencia de dos pastores alemanes que imposibilitaron la entrada, la marquesa y su pequeño tuvieron que decir adiós a su hogar y JALEOS fue testigo desde dentro de ese difícil momento. Entonces, Sandra, ayudada por su madre Eva Frommer, pudo llevarse consigo las pertenencias más imprescindibles.

Imagen facilitada por Sandra.

Sin embargo, la mayoría de las mismas las dejó al cobijo de la caseta que se encuentra en el jardín del casoplón. Antes de montarse en el coche, Sandra, entre lágrimas, atendió a los medios: "He pedido cinco días para poder recoger mis pertenencias que las tengo en un cobertizo y la abogada de mi padre lo ha denegado. No puedo coger lo que me pertenece y no sé dónde ir y vivir. Mi padre se ha portado como un cabrón, ojalá que saquen sus cuentas en Panamá y todas sus empresas, que va de pobre y es millonario". 

Ese aciago día este medio pudo conocer todas las estancias de la casa, que estaba descuidada en algunas zonas, desprovista de todo mueble o acondicionamiento y bien cerrada desde dentro. A cal y canto; ventanas y puertas con acceso al jardín y la piscina: "No se lo voy a poner fácil, las ventanas tienen contraventa y la puerta principal es muy buena". La hija del marqués tenía claro que ella no iba a facilitar las cosas. "Si quieren entrar que tiren la puerta a la fuerza", aseguraba agarrando fuertemente la mano de su hijo y reclamando sin parar a uno de sus perros para que estuviera a su lado, protegiéndola. Sin embargo, nada -ni siquiera los varios animales que tenía a su cuidado en la casa- impidieron el desalojo final. Hoy, esa casa, su casa, ya no existe. 

[Más información: El desahucio de la hija y el nieto del marqués de Larios desde dentro de la casa, minuto a minuto]