No me creo la "teoría oficial" del accidente a secas. Esa versión que concluye (después de dos investigaciones policiales y una judicial) que la princesa Diana, su novio Dodi Al Fayed, y el conductor (también jefe de seguridad del Hotel Ritz de París), Henry Paul, perdieran la vida tras chocar su vehículo fortuitamente con el pilar número 13 del túnel del Alma en París, porque el chófer iba borracho.

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He investigado mucho sobre el accidente, pero lo que se dice mucho, mucho… Y me han lanzado preguntas como sabuesos hambrientos. Sin embargo, cada vez que me las hacen encabezando la frase con “un desgraciado accidente” me hierve la sangre.

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A ver, las dos investigaciones policiales –una francesa y otra británica– y la judicial también tuvieron sus más y sus menos sobre a quién o quiénes debían echar la culpa. Quiero decir, que las conclusiones de la “teoría oficial” mutó en varias ocasiones. Primero les tocó a los paparazzi que, por cierto, por el exagerado número fotógrafos que estaban postrados ante las puertas del hotel Ritz la noche del 30 de agosto de 1997, tengo la impresión de que fueron más convocados –filtrado expresamente– que fruto del típico chivatazo entre compañeros. Sin ir más lejos, un mes antes, la princesa y Dodi habían hecho el mismo recorrido y el número de periodistas era el que venía siendo habitual cuando la pareja se mostraba públicamente.

Diana de Gales a su salida del hotel Ritz de París. Gtres

En fin, digo que los paparazzi fueron los primeros en ser detenidos, como si en lugar de flashes hubiesen disparado balas. El caso es que éstos quedaron en libertad –la mayoría sin cargos– bajo la fianza de 1 euro. Dada la pena, no sería muy grave la culpa. Después le tocó el turno de la acusación al chófer, que conducía a más de 200 km/h. Del peritaje del automóvil resultó que el coche no iba a más de 95 km/h, hecho éste que los jueces tuvieron que admitir en el año 2007. Entonces, llegó el veredicto final: el chófer iba borracho porque era alcohólico.

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Lo de alcohólico, ni idea de dónde lo han sacado, la verdad. Henri Paul había obtenido la licencia de piloto un mes antes, con los correspondientes chequeos médicos. Dudo, y mucho, que le diesen la licencia y le dejasen pilotar aviones, así como así, a un hombre alcohólico. Por otro lado, tanto los testigos de esa misma noche como las cámaras de seguridad del hotel Ritz muestran a un hombre en perfecto uso de sus facultades. Es más ¿Dodi o Diana hubieran dejado ponerse al volante a un hombre en evidente estado de embriaguez? Tampoco tiene sentido. Y, lo más relevante viene cuando en el depósito de cadáveres resulta que duplican el número de identificación del cuerpo y a Dodi y a Paul les ponen el mismo ¿De quién son los análisis que se efectúan en nombre de Henri Paul? Porque Dodi sabemos que consumió alcohol esa noche de celebración, pero Paul era el jefe de seguridad del hotel desde hacía varios años. Pues tampoco cuadra. Y, menos aún, que de las muestras tomadas para los análisis –a saber realmente de quién son aunque fueran a nombre de Paul–, resultase una cantidad tal de monóxido de carbono propia de los fallecidos por inhalación de humo, tipo un incendio, pongamos al caso.

El coche en el que viajaban Diana de Gales y Dody Al-Fayed. Gtres

En mi opinión, la “teoría oficial” del accidente fue, en primer lugar, una cortina de humo que puso a los paparazzi en el epicentro, y al mundo mirando hacia ellos, en lugar de darles margen a digerir qué podía estar sucediendo. ¡Qué buena fortuna para el gobierno que el pueblo no piense!”, dijo Adolf Hitler. Y, posteriormente, fallos en la investigación, elaborada a la carrera, que culpa a quien no puede defenderse –aunque la familia de Paul se querelló, pese a que no se ha difundido–.

Porque si la investigación hubiera sido seria, hoy sabríamos con certeza por qué no funcionaban las cámaras de seguridad CCTV esa noche en el recorrido que hizo el Mercedes siniestrado; por qué tardaron 45 minutos en trasladar a la princesa al hospital de la Pitié-Salpêtrière que estaba a 6 kilómetros del lugar del accidente, abriéndoles el camino dos motos policiales; por qué la ambulancia del SAMU que asiste a la princesa viene del hospital Necker que se encontraba a 3 kilómetros de distancia no la lleva a éste, y se salta dos hospitales más cercanos (todos estaban equipados para atender a heridos de esas características); por qué las dos primeras investigaciones obvian la presencia de un vehículo Fiat Uno, de color blanco, que impactó con el Mercedes antes del choque con el pilar del túnel del Alma; por qué no se menciona que el Fiat Uno se dio a la fuga y aparece meses después a las afueras de París, calcinado, con una persona muerta dentro… Y, lo más retorcido de todo ¿Por qué no le practican la autopsia a Diana? En todas las muertes violentas –un accidente de tráfico lo es–, las leyes –también en Francia y Gran Bretaña– obligan a practicar la autopsia al fallecido y, ¿por qué embalsaman el cuerpo de la princesa sin permiso aparente? ¿Quién da la orden para que se embalsame el cuerpo de Diana? A mí vuelve a hervirme la sangre.

Mi conclusión es con seguridad toda una herejía para el establishment británico y me da que no estarán de acuerdo nunca, pero el accidente fue intencionado y, desde luego, no tuvo nada que ver un conductor borracho.

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