Alejandro Fernández Pérez (84 años) era padre de tres hijas -Lucía (54), Olga (52) y Mari Cruz (50)- cuando a finales de los años 60 cogió su coche y recorrió las carreteras de las dos Castillas para vender su invento: una máquina cosechadora de remolacha que supuso una revolución en el mundo agrícola. Su diseño le hizo ganar una buena cantidad de dinero y así fue como comenzó a comprar los terrenos donde sembró las viñas para elaborar su tinto Pesquera.

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El éxito le pilló trabajando a una edad adulta. Para entonces ya había sido carpintero y labrador. Muchas vidas en una. Y todas, con la misma sencillez. Alejandro Fernández y su hija Eva Fernández Rivera (44) llegan a la cita con EL ESPAÑOL en un todoterreno que conduce ella. En el asiento de atrás llevan una bolsa de plástico con unas cuantas frutas y una botella de agua "de la poza" de su finca vallisoletana. Junto al tentempié, unos cuantos discos de Julio Iglesias, el cantante preferido y buen amigo del bodeguero. Son los secretos de un hombre que ha superado los 80 años con una salud envidiable. Esos, y no haber fumado un cigarrillo en su vida. 

Padre e hija han conducido durante tres horas desde Pesquera de Duero (Valladolid), la localidad donde se encuentra la primera bodega del grupo y en la que el bodeguero creó su tinto Pesquera que le ha dado fama a nivel internacional. Allí mismo vive toda la familia: Alejandro y su esposa, Esperanza Rivera (79), sus cuatro hijas con sus maridos y sus ocho nietos (tan solo un varón, Alejandro, entre ellos).

Sin embargo, prefieren enseñarnos la última bodega puesta en marcha por el grupo en territorio manchego porque "hay que contar que en La Mancha se están haciendo vinos muy grandes, no debemos tenerle miedo ni a otros vinos españoles ni a los franceses", dice orgulloso el bodeguero, conocido como el "rey del Tempranillo" por la variedad de uva que se repite en todos sus vinos tintos.

Alejandro Fernández y su hija Eva en los viñedos donde elaboran el tinto 'El Vínculo'. Silvia Pérez EL ESPAÑOL

Viste una camisa a rayas de manga corta y un pantalón chino azul marino. Su hija, un pantalón vaquero y camisa blanca de lino. Las alhajas no son cosa de esta familia. No dudan en meterse en la viña para mostrarnos cómo han hecho ya la primera vendimia en verde para seleccionar los mejores racimos. Eva no quita ojo a su padre. En su actitud se aprecia un respeto total por él. Todas las hijas de Alejandro Fernández tienen la misma participación en el Grupo Pesquera. "Son todas muy buenas chicas, todas han estudiado y trabajan en la bodega", explica Fernández. De todas, Eva es la que comparte más tiempo con su padre puesto que es la enóloga de la familia.

Alejandro Fernández con su mujer e hijas. Eva Fernández

La pequeña de las hermanas está llamada a suceder al bodeguero como embajadora del imperio familiar con cuatro bodegas (tres en Castilla y León y una en Castilla-La Mancha) y un hotel. Estudió en la Universidad Rovira i Virgili, en la Escuela de la Vid de Madrid y en el Instituto de Enología de Burdeos (Francia), aunque su mejor escuela fue el día a día junto a su padre. En el año 1993, con solo 20 años, comenzó a trabajar en Pesquera. Y en 1999, con 26 años, se hizo cargo de una cosecha ella sola por primera vez.

Ya con una copa de vino blanco crianza variedad Airén (Alejairén) y un tinto Paraje la Golosa Gran Reserva 2004 sobre la mesa, los dos se sinceran:

- Eva, ¿cómo es trabajar con tu padre?

-(Risas) Ya nos hemos acoplado a trabajar juntos, pero al principio no entendía por qué no me quería enseñar más rápido. Pensaba que había cosas que no me quería contar. Después me di cuenta de que hacen falta muchos años. Que además de lo que puedas estudiar, hay muchas cosas que solo se aprenden con la experiencia. Al final hemos hecho un buen equipo.

- ¿Cómo es Alejandro Fernández como abuelo?

- Muy consentidor. Como padre también lo es. Mi madre siempre ha sido más seria, era la que ponía las normas en casa.

- ¿Es su hijo Alejandro (11) el preferido de su padre?

(Al abuelo se le ilumina la cara y alaba al nieto: ¡es más listo!, dice)

- No es que sea su preferido. Creo que quiere a todos igual, pero después de siete nietas, fue un niño muy esperado. 

- ¿A qué le gusta dedicar su tiempo libre?

- Me encanta estar en casa con mi marido y mis hijos. También nos gusta viajar. Como vivimos en un pueblo, nos gusta mucho salir a la ciudad, tanto en España como al extranjero.

- ¿Qué es lo que más valora de su padre?

- La paciencia que ha tenido conmigo.

- ¿Por dónde pasa el futuro de Bodegas Pesquera?

- Lo que ha conseguido mi padre lo consiguen muy pocas personas, así que nos conformamos con mantener lo que tenemos.

El Grupo Pesquera cuenta con cuatro bodegas -Tinto Pesquera (Pesquera de Duero, Valladolid), Condado de Haza (Roa, Burgos), El Vínculo (Campo de Criptana, Ciudad Real) Dehesa la Granja (Vadillo de la Guareña, Zamora)- y un hotel, Pesquera AF Hotel (Peñafiel, Valladolid). Cada año venden 3 millones de botellas de vino en España y el exterior (un 60% de su producción va al extranjero).

Alejandro Fernández y su hija Eva en el jardín de la bodega El Vínculo. Silvia Pérez EL ESPAÑOL

UNA VIDA LIGADA AL CAMPO

Alejandro Fernández ha viajado alrededor de todo el mundo desde los años 70 con una caja de vino debajo del brazo. Europa, Estados Unidos, Rusia o China, el país donde conoció al tenista Rafa Nadal, al que admira y con el que comparte la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo. Alejandro Fernández la recibió de manos de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáez de Santamaría, en el año 2014. Junto a él fueron premiados también el padre Ángel (Mensajeros por la Paz) o Esther Koplowitz

A lo largo de su vida ha conocido a personajes a los que recuerda con cariño, como al crítico de vino estadounidense Robert Parker, con el que ha comido varias veces: "nunca me dejó pagar. Es un hombre muy serio y un gran profesional". Precisamente el experto en vino y autor de la influyente lista Parker declaró en una ocasión: "Usted puede comprar un Château Petrus que cuesta 300 euros o comprar un tinto Pesquera Janus Reserva 1982, con las mismas características, por 12 euros". 

Viñedos de Arenales de San Gregorio (Ciudad Real) de donde se obtiene la uva para el tinto El Vínculo. Silvia Pérez

También al rey Felipe VI ha ofrecido Alejandro Fernández sus vinos. Le conoció cuando era niño junto al ahora rey emérito. Años más tarde, volvió a coincidir con él y con la entonces princesa de Asturias en una feria vinícola de Pekín (China). El príncipe Felipe pasó delante del bodeguero sin darse cuenta de su presencia y la princesa Letizia le llamó: "¡Felipe!, está aquí Alejandro Fernández, ven a saludarle!". Por supuesto, tomaron una copa de tinto Pesquera juntos.

En uno de los viajes a Estados Unidos de Alejandro Fernández hace ya dos décadas, al que llevó como acostumbraba una caja de vino, una de las azafatas le avisó de que no podía viajar por sobrecargo. Abrió una de las botellas y ofreció una copa a quienes se encontraban en la fila de embarque. "Ese es mi mejor eslogan", asegura el bodeguero. Aunque también podría ser "con mis vinos nunca duele la cabeza", una frase que repite habitualmente.

Pero su infancia y juventud transcurrió en su pueblo natal, Pesquera de Duero. Allí fue a la escuela y aprendió a hacer vino en la pequeña bodega de su casa. También allí conoció a su esposa, vecina de la localidad. "Era casi mi vecina, pero nunca me había fijado en ella. Cuando volví de la mili, me la encontré de nuevo en una fiesta de San Antón y me fijé en ella", recuerda. Y desde entonces, siempre han estado juntos.

Alejandro Fernández cumplirá 85 años el próximo 11 de agosto. Silvia Pérez EL ESPAÑOL

El castellano tiene una casa de verano en Cubellas (Barcelona) a donde suele ir por temporadas con su familia. Pero ni allí se toma vacaciones. Casi nunca se ha tomado ni un domingo de descanso. Cuando se va de vacaciones, se lleva consigo vino para vender y cada vez que visita un restaurante, pregunta si tienen Pesquera. El mayor lujo que se ha permitido a lo largo de su vida ha sido comprarse un coche. El primero fue un Seiscientos y con el resto de sus coches ha recorrido 7 millones de kilómetros. Cuando se trata de comer, apuesta por lo seguro: el restaurante madrileño Zalacaín, su preferido. Y en cuanto al vino, se queda con la primera añada de su Pesquera del año 1975, del que ya quedan poquísimas botellas. Alejandro Fernández es un hombre con pocos secretos, pero se siente cómodo, y nos cuenta dos de ellos:

- ¿Qué bebe cuando no bebe vino?

- Cerveza. Bebo un botellín casi todas las tardes

- ¿Se ha emborrachado alguna vez? 

- Tan solo una vez, cuando tenía 15 años. Fui a las fiestas de Valbuena de Duero (a 10 kilómetros de su pueblo) en bicicleta con un amigo. Bebimos vino y solamente comimos unas almendras. Cuando llegó la hora de volver al pueblo, ni siquiera podíamos montar en bicicleta. Tuvimos que cogerla a cuestas. Desde entonces, no he vuelto a emborracharme.

- ¿Cómo le gustaría que le recuerden en el futuro?

- Me gustaría que me recuerden como un hombre trabajador y luchador, que es lo que soy. No he hecho otra cosa en mi vida.