Beatriz (37 años) y Eugenia de York (35) viven en una encrucijada incómoda. Su padre, Andrés Mountbatten-Windsor (65), antes duque de York, ha puesto en jaque a la monarquía inglesa.
La crisis que ha desatado su implicación en el 'caso Epstein' -sobre todo después de la imagen del exprícnipe a cuatro patas al lado de una joven que yace en el suelo- se ha descrito ya como la más grave que ha afrontado la casa de Windsor desde la abdicación de Eduardo VIII en 1936.
El hijo preferido de la reina Isabel II no está poniendo en peligro la institución como sí lo hizo el tío de su madre al casarse con Wallis Simpson, una divorciada estadounidense por la que antepuso el amor al deber.
Montaje donde aparece el príncipe Andrés encima de una joven inerme, entre los millones de archivos desclasificados del pederasta Jeffrey Epstein.
Sin embargo, el hecho de que un miembro tan cercano al trono aparezca asociado a delitos tan graves como abuso sexual a menores y trata de mujeres, ha colocado a la Corona en una complicada situación.
También a sus hijas, a las que ha arrastrado al centro del huracán mediático poniendo en riesgo la posición que las princesas han alcanzado dentro de la Familia Real británica y que tanto había costado conseguir.
Cabe recordar que Eugenia tuvo una boda de princesa como la de Harry (41) y Meghan (44), que fue incluso retransmitida por televisión por empeño de su padre. Andrés siempre quiso que sus hijas tuvieran un papel activo dentro de la Corona e incluso que recibieran una asignación.
En la actualidad, ambas desempeñan sus diferentes carreras en empresas privadas. Beatriz en el sector tecnológico y Eugenia en el mundo del arte. Ninguna tiene escolta real, ni recibe dinero de los contribuyentes, pero sí suponen un apoyo público y notorio para el Rey, como lo fueron en su día para Isabel II.
Ahora, con todo lo ocurrido, surge la duda de si seguirán manteniendo ese estatus.
Las princesa Beatriz y Eugenia con Carlos III e Isabel II.
Visitaron Epstein
En los tres millones de archivos que ha desclasificado el Departamento de Justicia de Estados Unidos aparecen las sobrinas de Carlos III (77), mencionadas o fotografiadas, dentro de la correspondencia con el depredador sexual.
Los documentos revelan que Andrés envió en 2011 y 2012 fotografías de sus hijas a Epstein cuando el financiero ya había cumplido condena por delitos sexuales.
No solo Andrés es responsable de la situación en la que se encuentran ahora Beatriz y Eugenia. Sarah Ferguson (66) tampoco ha hecho nada para proteger a sus hijas de este escándalo en mayúsculas.
The Sun publicó hace unos días que la exduquesa de York llevó a ambas a ver al pedófilo Epstein en julio de 2009, menos de una semana después de que este fuera liberado de una cárcel de Florida.
La visita se produjo en la mansión del millonario en Palm Beach. En aquel momento, Beatriz y Eugenia tenían 20 y 19 años, respectivamente.
La prensa británica ha llegado a hablar de "traición" de los exduques de York hacia sus hijas, al implicarlas indirectamente en un caso que nada tiene que ver con ellas.
Sarah Ferguson con sus hijas en Saint Tropez.
El correo más polémico de Sarah Ferguson, datado en 2010, es especialmente hiriente: al escribir a Epstein sobre un viaje a Nueva York, le comenta en tono frívolo que aún no sabe si podrá ir porque “estoy esperando a que Eugenie regrese de un fin de semana de sexo”, una frase que ha sido interpretada como una burla grosera a su propia hija entonces adolescente.
Además, cabe apuntar que en un correo de 2010, firmado como "Sarah", la exduquesa le dice a Epstein: "Eres una leyenda. De verdad que no tengo palabras para describirte, mi amor, mi gratitud por tu generosidad y amabilidad. Estoy a tu servicio. Cásate conmigo".
Correos, fotografías y revelaciones que han provocado la "vergüenza" y el "horror" de Beatriz y Eugenia, como han revelado medios británicos.
Dos hermanas, dos respuestas
La forma en que cada una de las princesas ha reaccionado a esta caída en desgracia de sus padres y a la nueva oleada de revelaciones es totalmente opuesta.
Según Ana Polo, experta en realeza, "cada una ha adoptado un papel totalmente distinto".
"Sabemos que, por ejemplo, Beatriz es la que más unida está al padre, le ha intentado siempre aconsejar". "Fue ella quien intentó convencerlo de que no diese aquella fatídica entrevista en la BBC".
"Le pidió por activa y por pasiva que por favor no la diese porque consideraba que era echar más leña al fuego y que realmente tendría más que perder que ganar", explica la experta a EL ESPAÑOL.
Beatriz y Eugenia con su padre, Andrés.
El entonces príncipe Andrés desoyó a su hija y accedió a hablar con el programa Newsnight de la televisión pública en un intento de limpiar su imagen, que terminó convirtiéndose en un auténtico desastre.
Durante casi 50 minutos, sus explicaciones sobre Epstein y sobre las acusaciones de Virginia Giuffre (supuesta víctima sexual del príncipe) sonaron poco empáticas, poco creíbles y desconectadas de la gravedad del caso. Aquello fue un punto de no retorno en su caída pública.
Por su parte, Eugenia ha tomado la actitud contraria. Se mantiene lo más alejada posible de su padre. "Sabemos que ha tomado medidas para ello. Ha tomado distancia y está bastante dolida", asegura Polo a este periódico. La prensa británica ha llegado a publicar que ha roto todo tipo de comunicación con su progenitor.
Para el comentarista británico Richard Fitzwilliams, las últimas informaciones sobre Andrés y Sarah Ferguson con respecto a Epstein son "una tragedia para sus hijas, Beatriz y Eugenia, que tienen trabajo, están felizmente casadas, tienen familia y también se dedican a labores benéficas".
"El año pasado aumentaron estas actividades. Sin embargo, la marca “York” es tóxica ya que ambos han sido expuestos como mentirosos", explica en declaraciones exclusivas a EL ESPAÑOL.
Tanto Polo como Fitzwilliams coinciden en que ninguna de las dos hijas de los de York se va a pronunciar al respecto.
"La actitud es la que hubiera tomado su abuela: esperar que la tormenta pase. Van a mantener un silencio prudente y dejar que las investigaciones sigan su curso. No van hacer ningún tipo de declaración. No van a hacer ni entrevistas, ni comunicados ni nada. En esto han aprendido mucho de Isabel II y de los errores del padre. Van a seguir con sus vidas aunque es bastante difícil porque cada vez está saliendo más información", asegura Ana Polo.
Y ahora qué
En Inglaterra hay un debate bastante fuerte sobre qué más medidas se pueden o no adoptar en contra de la familia York. El rey Carlos III ya despojó a su hermano de todos los títulos reales que podía y le ha expulsado de Royal Lodge, la que ha sido su residencia durante más de 20 años.
Las hermanas en una imagen de archivo.
"No es posible anticipar qué ocurrirá después. El Primer Ministro ha dicho que cree que Andrés debería testificar ante el Congreso, pero no se le puede obligar a hacerlo. Queda por ver si los informes sobre una mujer transportada por Epstein para estar con él en Royal Lodge desembocan en una demanda o en una nueva investigación policial", asegura Fitzwilliams.
"Fue bajo el reinado de la reina Isabel cuando renunció a sus funciones como miembro activo de la Familia Real y perdió sus patrocinios. El Rey le ha despojado de sus títulos y honores. En realidad, no puede hacer mucho más. Podría esperar a un exilio voluntario, ya que resulta una vergüenza para la institución", continúa.
En cuanto al futuro que les espera a Beatriz y Eugenia, Ana Polo lo tiene claro: "Carlos III siempre ha sido muy cariñoso con ellas. En un momento dado sí que se pensó en Beatriz para que cogiera más peso en la vida real tras la salida de Harry y Meghan. Pero ahora hay un cordón sanitario estricto. Van a intentar que ellas adopten un perfil muy muy bajo para no empañar más la imagen de la familia".
Ninguna de las hermanas puede escapar del apellido ni de los archivos que, una y otra vez, recuerdan al mundo cómo sus padres se acercaron a Epstein y hasta qué punto las expusieron, sin preguntarles, a la sombra de uno de los mayores escándalos de la realeza contemporánea.
Ahora se encuentran atrapadas en ese triángulo creado entre el pedófilo y sus progenitores.
