Para el que no ha visto la foto, la descripción es sencilla: en ella aparece un señor de

mediana edad, vestido con una camisa de cuadros de manga corta y con los botones desabrochados hasta la mitad, una gorra colocada en la cabeza dada la vuelta, con un llamativo bañador, barba de tres días y haciendo una barbacoa. A su lado, un pequeño de unos diez años sonríe para la instantánea.

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Podría ser la estampa de cualquier familia en un día de verano. Pero si nos fijamos un poco más, descubrimos que el hombre que está controlando que la carne no se queme en las brasas no es otro que el rey Juan Carlos (82 años) y el niño, Alexander, el hijo de su amante, Corinna Larsen (55). Se trata de otra mina en el camino de Zarzuela que la amiga entrañable del emérito ha lanzado de nuevo en forma de entrevista para la revista Paris Match. Pero en esta ocasión, la ha decorado con esta instantánea tomada durante los tres años de felicidad que la familia Borbón Sayn-Wittgenstein pasaron en la finca de La Angorrilla, situada a 20 kilómetros de la residencia oficial del Jefe del Estado en el Monte de El Pardo.

El emérito y Corinna Larsen en un acto. E.E.

Mientras Juan Carlos continúa en su retiro de Abu Dabi, el que él mismo confesó como el amor de su vida sigue soltando píldoras en forma de venganza. La fotografía demuestra otra cosa que Corinna ha comentado en cada una de sus entrevistas, que la relación del padre de Felipe VI (52) con su hijo Alexander era más que estrecha, lo consideraba casi como suyo, como demuestra el gesto de felicidad del niño y el "regalo" de 65 millones de euros que les hizo para que nunca tuvieran problemas financieros. Al menos, el regalo "por amor" fue la justificación de la alemana en la declaración que hizo al fiscal suizo Bertossa el 19 de diciembre de 2018.

Viendo la estampa de felicidad entre rey emérito y niño, no es extraño en absoluto que la alemana llorara en abril de 2012 cuando se vio obligada a hacer la maleta y abandonar la finca en la que había vivido, de forma intermitente, desde 2008. "Todos sabíamos que estaba en la casita de al lado del embalse. Le llamábamos 'la Vecina'. En viajes diarios de Juan Carlos ida y vuelta hasta allí. Y el hijo se pasaba el día con la moto por el monte", cuenta una persona cercana a Zarzuela.

Juan Carlos I en una imagen de archivo. Gtres

El emérito pasaba allí temporadas, en las que por la foto se puede ver que se relajaba con su segunda familia. "Cuando estaba harto de todo se escapaba. Hemos celebrado allí cenas con amigos en tantas ocasiones. Cuando se instaló ella actuaban como una familia normal. Corinna era la señora de la casa. Hacía y deshacía. En los jardines en verano todo el mundo quería ir a La Angorrilla", asegura un amigo íntimo de Juan Carlos.

En su charla con el medio francés, la alemana cuenta lo "absolutamente encantadora" que fue Letizia (48) cuando la conoció en los premios Laureuos de 2006. También asegura que Felipe estaba "avergonzado" porque conocía la relación que mantenía con su padre. Además, la exprincesa asegura que el emérito le había contado que su

abdicación fue un complot de la reina Sofía (81) con Mariano Rajoy (65).

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