Alejandra Osborne, hija mayor del cantante Bertín Osborne y de su primera esposa, Sandra Domecq, ha hablado en varias ocasiones con sinceridad sobre una infancia intensa.
Desde que nació, su vida ha estado marcada por la exposición mediática, los cambios familiares y la pérdida.
Creció junto a sus hermanas menores, Eugenia Osborne y Claudia Osborne, en un entorno muy unido, aunque también atravesaron un duro golpe familiar con la muerte de su hermano mayor, Cristian Osborne, poco después de nacer.
Sin embargo, uno de los episodios que más marcaron su infancia fue el divorcio de sus padres en 1988, cuando tenía alrededor de 10 años. La propia Alejandra ha descrito ese momento con crudeza: "un infierno".
"Teníamos todos los días coches persiguiéndonos, fue horrible", recordó sobre la presión mediática que rodeó a la familia.
En una entrevista en el programa Y ahora Sonsoles, explicó que la separación de Bertín Osborne y Sandra Domecq supuso un punto de inflexión en su vida, ya que durante años apenas convivió con su padre debido a sus compromisos profesionales.
Aun así, con el paso del tiempo su relación se ha fortalecido hasta convertirse en un vínculo cercano y sólido. La propia Alejandra lo resume con naturalidad: "De mi padre he sacado lo disfrutona que soy".
También ha explicado cómo fue esa relación durante su infancia: "Mi padre trabajaba mucho fuera. Vida con mi padre de pequeña no ha habido mucha, pero la ha habido después".
Alejandra Osborne con su padre en una foto de su Instagram.
Y añade con orgullo: "No es difícil ser hija de Bertín Osborne, es muy bonito. Mi padre es un tío buenísimo, un currante… Me siento súper orgullosa de ser su hija".
Con el paso de los años, reconoce que ha podido disfrutar más de él: "He disfrutado más a mi padre de mayor que de pequeña. Claro que tengo recuerdos de mi padre en mi casa viviendo en Jerez, por supuesto".
También conserva recuerdos muy concretos de sus regresos a casa: "Mi padre viajaba mucho, pero cuando volvía me llevaba a restaurantes buenos a los que no había ido nunca".
Si habla de su padre con cariño, la emoción es aún mayor al recordar a su madre: "Mi madre fue mi infancia. Era única. Era muy empática. Una maravilla de mujer".
Y su recuerdo sigue muy presente en su día a día: "Recuerdo a mi madre cada día. Me da mucha pena que no haya conocido a mis niños pero nos dejó cosas muy bonitas. Nos enseñó a ser buenas personas, a dar mucho amor… era muy especial, era una persona increíble".
La juventud de Alejandra cambió definitivamente a los 25 años, cuando su madre falleció en 2004. A partir de ese momento asumió un papel protector con sus hermanas, cerrando de forma abrupta una etapa vital.
