Gabriel Rufián

Gabriel Rufián Sergio R. Moreno GTRES

Corazón

Gabriel Rufián, 44 años, sobre su infancia: "Mis padres tenían una peletería en Santa Coloma y mi madre me tuvo a los 18"

El portavoz de ERC se sinceró como nunca sobre sus humildes raíces andaluzas.

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Acostumbrados a verle protagonizar tensos debates y repartir dardos desde la tribuna del Congreso de los Diputados, es fácil olvidar que detrás del contundente político hay una historia personal profundamente conmovedora.

Gabriel Rufián ha decidido quitarse la coraza mediática para mostrar su lado más íntimo y humano, revelando los detalles de una infancia marcada por el esfuerzo familiar, la emigración y un arraigo inquebrantable a sus orígenes.

Lejos de los privilegios que muchos podrían imaginar en la élite política, la vida del portavoz de Esquerra Republicana comenzó en el seno de una familia obrera que tuvo que luchar cada día para salir adelante.

Sus padres eran apenas unos adolescentes cuando él llegó al mundo. "Mi madre me tuvo con 18 años y mi padre tenía 19", relató Rufián en La Vanguardia en 2015, recordando cómo sus progenitores se desvivían para que no le faltara de nada en casa.

En el humilde barrio del Fondo, situado en Santa Coloma de Gramanet, la familia regentaba una peletería.

"Cuando cerraron, porque los inmigrantes chinos se hicieron con el sector, se dedicaron a todo tipo de cosas", señaló en la citada entrevista.

El político rememora con profunda admiración cómo sus padres se sacaron el graduado escolar estudiando por las noches, asumiendo trabajos de todo tipo: desde auxiliar administrativa y de enfermería, en el caso de su madre, hasta transportista, comercial o cocinero por parte de su padre.

La infancia de Gabriel Rufián

"Los recuerdo siempre trabajando", confesó, dejando claro que el valor del sacrificio lo aprendió en su propio hogar.

Pero si hay algo que define el carácter de Rufián es el matriarcado andaluz en el que se crió. Hijo y nieto de emigrantes procedentes de La Bobadilla (Jaén) y Turón (Granada), creció rodeado de "mujeres muy fuertes y sufridas".

"Me criaron mis abuelas y recuerdo a vecinas que eran como tías y tías que eran como madres. Me crié en un matriarcado muy propio de mis orígenes andaluces, con mujeres muy fuertes y sufridas", admitía en una conversación.

Su abuelo paterno también dejó una huella imborrable. "Me parezco mucho a él, en el aspecto y en el carácter", confesó Rufián.

Recuerda con nostalgia cómo aquel hombre lo llevaba de pequeño a jugar a las cartas y a hablar de política.

Aquel abuelo, que falleció trágicamente de un infarto mientras bailaba con su abuela en San Valentín, le dejó la mayor lección de su vida: le insistía en que, por encima de ser de izquierdas o de derechas, lo fundamental en la vida es ser decente.

Esa conexión emocional con el sur sigue latiendo con fuerza en su interior.

A pesar de ser una de las caras más visibles del independentismo catalán, Rufián presume de su sangre sureña sin complejos.

"Andalucía es mi vida, la sangre que me corre por las venas", confiesa emocionado.

Para él, los veranos de su infancia están indisolublemente unidos a los viajes al pueblo, a los reencuentros con sus primos y a las expresiones únicas de su abuela, como aquel "afaratar" (estropear) que todavía guarda en su memoria con inmenso cariño.

Gabriel Rufián

Gabriel Rufián Fernando Villar EFE

"Cuando mi madre se junta con sus primas, parece que no hayan salido del cortijo", relata con una sonrisa, asegurando que se siente inmesamente orgulloso de ser "el hijo de tanta diversidad".

Rufián reflexiona sobre cómo España a menudo no sabe valorar esta riqueza cultural y critica los prejuicios que históricamente han perjudicado a los andaluces.

Hoy, aquel niño de Santa Coloma es un hombre de contrastes que aprendió de la gente "de olivo y de tierra" que sus raíces son, en definitiva, su mayor patrimonio.