Adriana Calvo
Publicada

Los calabacines al horno se han convertido en uno de esos recursos fetiche de la cocina contemporánea: humildes, accesibles y, sin embargo, capaces de jugar en primera división gastronómica con apenas tres o cuatro ingredientes bien elegidos.

En un momento en que se busca cocinar más vegetal sin renunciar al placer, el calabacín horneado resume muy bien la ecuación: producto de temporada, técnica suave y juego de texturas.

A diferencia de otros métodos más agresivos, el horno permite concentrar los jugos del calabacín sin que pierda del todo su frescura. El resultado ideal no es una verdura deshecha y acuosa, sino una pulpa tierna con ligeros bordes dorados y un punto de caramelización natural.

La clave está en tratarlo como lo que es: un ingrediente con mucha agua que exige temperatura suficiente y algo de paciencia. Cortes demasiado finos se secan y se vuelven tristes; cortes algo más gruesos (rodajas de 1 cm, bastones o mitades longitudinales) dan margen a que el interior quede jugoso mientras la superficie se tuesta.

Un truco profesional consiste en hornear en dos fases: primero unos 10 minutos a 200 ºC para que pierda agua y después bajar a 180 ºC, añadiendo hierbas o queso para lograr un dorado uniforme sin que se reblandezca en exceso.

Además, nutricionalmente, el calabacín aporta ligereza y volumen, algo que en gastronomía es oro: permite construir platos visualmente generosos y saciantes sin recurrir siempre a masas o carnes.

Calabacines al horno con burrata

La chef Samantha Vallejo-Nágera ha creado su propia versión de calabacines al horno. La exjurado de MasterChef ha propuesto convertirlos en tartaletas de masa quebrada con miel, queso burrata y piñones. "¡Están para morirse!", asegura. "Como siempre, rápido, sano, ¡y con mucho sabor!", agrega. La receta completa, a continuación.

Ingredientes

  • Calabacines, 3
  • Masa quebrada, 1
  • Miel, un chorrito
  • Parmesano rallado, al gusto
  • Queso burrata, 125 g
  • Piñones, un puñado
  • Sal y cayena, al gusto

Paso 1

Corta los calabacines en rodajas y ponlos en un papel de horno con ayuda de un molde redondo para emular la forma de la tartaleta. Dentro del molde, pon el queso rallado como base y encima unas 5 rodajas de calabacín. Luego retira el molde. Repite esto hasta terminar con todas las rodajas de calabacín.

Paso 2

Añade una pizca de sal con cayena y miel por encima de cada tartaleta. Resérvalas.

Paso 3

Ahora extiende la masa quebrada y con ayuda del mismo molde redondo, recórtala en trozos y cubre las tartaletas con esos trozos. Con ayuda de un tenedor, haz agujeros en la masa para que se cocine bien.

Paso 4

Mete las tartaletas en el horno a 190 grados durante 15 minutos. Mientras, dora los piñones en una sartén.

Paso 5

Cuando las tartaletas estén listas, agrega por encima de cada una un poco de burrata y algunos piñones y listo.

Acompañamientos

Estas tartaletas piden acompañamientos frescos, crujientes y con algo de acidez para equilibrar la crema y la grasa del queso, como una ensalada verde sencilla o tipo caprese, o una guarnición de pollo a la plancha o unos lomos de pescado blanco o salmón a la plancha con un chorrito de limón.

Además de piñones, también puedes agregar unas almendras laminadas tostadas y un hilo de pesto suave para reforzar la capa aromática sin hacer el conjunto más pesado.

Y para beber, un vino blanco seco con buena acidez, tipo Albariño o un verdejo poco maderado. Si prefieres tinto, uno muy ligero y fresco tipo pinot noir suave para no tapar el plato.