Adriana Calvo
Publicada

El pollo es hoy una de las proteínas animales más versátiles y consumidas del mundo, apreciada tanto por su valor gastronómico como por su perfil nutricional.

A nivel culinario se presta especialmente a marinados y adobos, que permiten enriquecer una carne de sabor relativamente neutro y adaptarla a diferentes tradiciones culinarias.

Las cocinas asiáticas, por ejemplo, recurren a combinaciones de soja, jengibre, ajo y especias; las mediterráneas, a hierbas aromáticas, ajo, vino y cítricos; y las latinoamericanas, a chiles, achiote o cítricos como la lima.

En el plano nutricional, la carne de pollo aporta proteínas de alto valor biológico, con los nueve aminoácidos esenciales necesarios para el organismo.

Además, es una carne relativamente baja en grasa y calorías, sobre todo cuando se consume sin piel, y proporciona una cantidad moderada de energía, en torno a 195 kcal por cada 100 gramos de carne, con unos 30 g de proteínas y alrededor de 7-8 g de grasa, dependiendo del corte.

Pollo al limón de Samantha Vallejo-Nágera

El amor por el pollo no sólo está presente en la cocina doméstica, también llega a los corazones de los chefs más profesionales. Es el caso de Samantha Vallejo-Nágera, una gran aficionada a este producto, especialmente cuando se prepara al limón como en la cocina asiática.

En su versión clásica de inspiración china, el pollo se presenta deshuesado y sin piel, cortado en piezas que se rebozan y fríen hasta lograr un contraste entre el exterior crujiente y el interior jugoso.

La salsa suele elaborarse con zumo de limón, azúcar y maicena para espesar (entre otros ingredientes, dependiendo del cocinero), buscando un equilibrio agridulce que envuelve el pollo sin enmascarar su sabor.

Este juego entre textura y contraste gustativo es clave: el rebozado crujiente actúa como soporte de una salsa brillante y ligeramente untuosa, que aporta frescura, acidez y un punto de dulzor. Todos los detalles de la versión de Samantha de esta famosa receta, justo abajo.

Ingredientes

  • Pechuga de pollo, 1
  • Leche (la suficiente para cubrir las pechugas)
  • Salsa de soja (la suficiente para cubrir las pechugas)
  • Huevo, 1
  • Maizena, 1 cucharada sopera y media
  • Aceite de oliva para freír

Para la salsa

  • Zumo de un limón, 40 ml aprox.
  • Limón, 4 rodajas
  • Caldo de pollo, 250-300 ml
  • Maicena, 1 cucharada sopera
  • Azúcar, 2 cucharadas soperas

Paso 1

Corta la pechuga de pollo por la mitad, en todas partes, y marínalas 30 minutos en leche para que queden blanditas. Y luego otros 20 minutos en salsa de soja. Reserva.

Paso 2

En un bol bate el huevo con la maicena y reboza las pechugas en la mezcla.

Paso 3

Luego fríelas en una sartén con aceite a fuego medio y agrega sal al gusto. Resera.

Paso 4

Después, junta en otro bol el zumo de limón, el caldo, la maicena, el azúcar y las rodajas de limón y mezcla bien.

Paso 5

Agrega la mezcla con las rodajas en una sartén honda a fuego medio y cuando hierva y espese la echamos por encima de las pechugas de pollo. Listo.

Acompañamiento

Por lo general, el pollo al limón luce más cuando lo acompañas con guarniciones neutras que 'atrapen' bien la salsa y no compitan con el sabor cítrico.

Las opciones más habituales son arroz blanco (basmati o jazmín), fideos de arroz o de trigo salteados de forma sencilla y verduras al wok (pimiento, zanahoria, col, brotes de soja) para aportar frescor y textura.

También encajan una ensalada muy ligera de hojas verdes y pepino o unos encurtidos suaves para limpiar el paladar.

Si quieres bebida, lo más armonioso suele ser un vino blanco seco y fresco, o bien agua con gas o té verde si prefieres algo sin alcohol.