Adriana Calvo
Publicada

Durante generaciones, cocinar garbanzos implicaba necesariamente planificar: remojo nocturno, cocciones largas y una olla burbujeante durante buena parte de la mañana. Esta logística es, para muchos, imposible con los ritmos actuales de trabajo y vida urbana.

Por suerte, el garbanzo en conserva aparece precisamente para resolver esa incompatibilidad: ofrece la legumbre ya cocida, tierna y lista para usar, en un bote que espera paciente en la estantería hasta que el cocinero o cocinera tenga una idea o solo 10 minutos para cenar. Esa inmediatez explica que sean protagonistas de ensaladas rápidas, guisos exprés o hummus improvisados entre semana.

Por otra parte, aunque a menudo se perciben como un producto menos sano que la legumbre seca, en realidad la base del garbanzo de bote es sencilla: garbanzos, agua y sal, a veces con algún antioxidante o conservante. Así pues, bien elaborados, mantienen su fibra, su aporte proteico vegetal y su riqueza en minerales como calcio, magnesio, fósforo o potasio, así como vitaminas del grupo B.

El principal matiz respecto al garbanzo que se cuece en casa no está tanto en la pérdida de nutrientes como en la cantidad de sal del líquido de gobierno y en los posibles aditivos, de ahí la importancia de leer etiquetas y elegir conservas de calidad.

En este sentido, el gran reproche al garbanzo de bote no es nutricional sino organoléptico: ese regusto a conserva que asoma si se vuelcan directamente al plato. Para evitarlo simplemente escurre bien y enjuaga bajo el grifo hasta que el agua salga limpia, eliminando parte de la sal y del almidón superficial.

A partir de ahí, el cocinero tiene la sartén por el mango: un salteado rápido con aceite de oliva y especias, un fondo aromático de sofrito o el abrazo de un buen caldo de cocido terminan de borrar cualquier huella de bote y devolver al garbanzo su sabor hogareño.

Garbanzos con sardinas

El creador de contenido gastronómico Carlos Gómez, conocido en redes como @charlito_cooks, tiene sus propios 'trucos' para reconvertir los garbanzos de bote en todo un manjar.

En un vídeo, Gómez propone una receta muy "completa", "sin encender el fuego" y "sin manchar ninguna cazuela" para llevar a este producto a otro nivel: una ensalada de garbanzos con sardinas en conserva y una salsa especial. Todos los detalles de este plato, justo abajo.

Ingredientes

  • Garbanzos cocidos y escurridos, 1 bote
  • Sardinas en aceite, 2 latas
  • Pimiento rojo, 1/2
  • Cebolleta
  • Queso fresco, 200 g
  • Pepino, 1
  • Piparras, 2
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Vinagre y sal, al gusto

Paso 1

En un bol grande, agrega el pimiento cortado en tiras, la cebolleta picada, el pepino en rodajas, el queso desmenuzado y los garbanzos. Reserva.

Paso 2

Luego, en un recipiente aparte, prepara el aliño con el propio aceite de la lata, otro poco de aceite de oliva virgen extra, vinagre, un par de piparras picadas y sal. Mezcla bien todos los ingredientes.

Paso 3

Ahora, en un plato pon una ración del bol, coloca por encima unas cuantas sardinas enteras al gusto, e incorpora el aliño. Y listo.

El cocinero también sugiere agregar como "toque final" un poco de yema de huevo curada rallada por encima de la ensalada de garbanzos, lo que le aporta un extra de textura y sabor.