Adriana Calvo
Publicada

Las patatas al horno son uno de esos acompañamientos 'universales' que funcionan igual de bien en una mesa de diario que junto a un asado festivo. Doradas, crujientes por fuera y cremosas por dentro, son además una preparación muy versátil que admite infinitas variaciones de grasa, hierbas y especias.

Para que el resultado sea perfecto, lo ideal es trabajar con patatas de 'carne firme' o ligeramente harinosa, que soporten bien una doble cocción (hervido y horno) sin deshacerse.

En España funcionan especialmente bien variedades de piel roja o patatas de uso polivalente para asar y guisar, que permiten obtener un interior suave y un exterior muy crujiente.

Para un resultado perfecto, hay tres gestos que marcan la diferencia: en primer lugar, cortar las patatas en gajos o trozos grandes para que no se sequen por dentro durante el horneado.

En segundo lugar, darles una precocción breve en agua con sal hasta que la punta del cuchillo entre con cierta resistencia, lo justo para ablandar el exterior.

Y, por último, secarlas muy bien y 'maltratarlas' un poco en el bol o la cazuela (mecerlas, agitarlas) para que las aristas se erosionen y se formen pequeñas superficies irregulares que luego se volverán ultra crujientes en el horno.

Patatas al horno perfectas

Federico (25 años), más conocido como @cookwithfez, es un joven italiano que comparte recetas en redes con sus más de 230.000 seguidores. Entre sus múltiples vídeos incluye uno de patatas al horno a su estilo.

Además de cortar las patatas en trozos grandes, hervirlas en agua y luego cocinarlas en el horno y secarlas bien, el cocinero también recomienda no añadir nunca las especias y el ajo en el horno para que no se quemen y den mal sabor a las patatas.

En su lugar, Federico sugiere dejar que las especias, el ajo y las patatas se mariden en un bol aparte durante unos minutos. Además, propone agregar un poquito de queso rallado antes de introducirlas al horno para mejorar el dorado, y mover la bandeja a mitad de cocción. Todos los detalles de la receta, justo abajo.

Ingredientes

  • Patatas tipo Monalisa o rojas, 1kg
  • Ajo, 2 dientes
  • Romero, 2-3 ramitas
  • Salvia fresca, 6-7 hojas
  • Sal y pimienta, al gusto
  • Queso Parmigiano Reggiano (o un Manchego o Mahón bien curados), 40 g
  • Sal gorda

Paso 1

Pela y corta las patatas en gajos grandes (así no se secan por dentro).

Paso 2

Hierve las patatas en abundante agua y sal durante unos 8-10 minutos o hasta que la punta del cuchillo se clave bien en el interior de la patata.

Paso 3

Escurre las patatas agitándolas varias veces para eliminar lo máximo posible el almidón sobrante.

Paso 4

Una vez secas, ponlas en un bol y agrega el romero, la salvia y los dientes de ajo. Remueve. Cubre el bol con un plato o con papel film y deja que se maride y perfume unos 10-15 minutos (así no hay que poner las hierbas y el ajo en el horno, donde se quemarían y cogerían un sabor desagradable).

Paso 5

Ahora en una bandeja grande de aluminio añade un buen chorro de aceite de oliva virgen extra en la base y coloca encima las patatas bien separadas, no pongas demasiadas.

Paso 6

Añade un poco más de sal, pimienta negra y aceite de oliva y una capa finísima de parmesano rallado o similar para lograr un mayor crujiente y mejorar el dorado.

Paso 7

Hornea las patatas a 180º durante unos 45 minutos. La mitad de tiempo coloca la bandeja en la parte baja del horno y la otra mitad en la parte de arriba, así quedarán crujientes por arriba y por abajo. Y listo.

Aunque no tienen el aura identitaria de la tortilla de patatas o de las patatas bravas, las patatas al horno ocupan un lugar silencioso pero central en la cocina cotidiana: están en los menús escolares, en las cartas de asadores, en los hogares que buscan platos fáciles de compartir.

Representan una idea muy concreta de confort gastronómico: calor, tiempo lento, aroma de hierbas y caramelización suave, todo a partir de un ingrediente humilde que cruzó océanos y cambió la alimentación europea.

Ese equilibrio entre sencillez y capacidad de adaptación explica por qué las patatas al horno siguen vigentes, reinterpretándose sin perder su esencia de guarnición generosa y familiar.